miércoles, 29 de abril de 2015

ARTÍCULOS LITERARIOS: DE LA CUNA DE LA EXPERIENCIA LITERARIA A LA ARAUCARIA

  

Esquina del Gordo (San Fernando, Cádiz)




        
  Número de la Revista SISSI  
  

   EL FLECHAZO LITERARIO





El flechazo literario es muy similar al amoroso. Las primeras lecturas son decisivas para el resto de nuestra vida, pero esta asimilación implica también un rechazo de otros textos. 

 A decir verdad, el primer poema que yo leí fue en una revista juvenil que se publicaba entonces: SISSI, editada por Editorial Bruguera, una especie de magacín femenino en cuyo interior venía un poema de autor consagrado. Conservo todavía muchos ejemplares de esta colección, que tuvo su apogeo en el paso de los años cincuenta a los sesenta.

A esto añado que, a comienzos de esa década, un vecino del barrio, Manolo Zaldívar, entusiasta lector de Blasco Ibáñez y García Lorca, me prestó obras de estos dos autores. Del primero La araña negra y del segundo el que era entonces único tomo de sus obras completas. Acostumbrado yo a mis clásicos, románticos y modernistas, Poeta en Nueva York me desagradó porque su estilo surrealista y su verso libre se distanciaban mucho de los ritmos conservadores que a mí me seguían deleitando, a pesar de su anacronismo. Mi musa se encerraba en su círculo de poemas fuertemente temáticos tanto en la idea como en el lenguaje, y gran parte de la poesía del poeta granadino me era extraña por su genialidad renovadora, ya que yo estaba como en un palacio encantado con mis poetas modernistas, románticos y clásicos, en este orden de preferencia.
 

 


Tardé un poco en reconsiderar mi rechazo y valorar el poema contemporáneo como se merecía. 

Una tarde, a la vuelta de un paseo, vi en el escaparate de la Librería Bozano Poesía última, que incluía a los poetas Eladio Cabañero, Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez y Carlos Sahagún. Fue un emocionado descubrimiento, a pesar de mis reticencias al principio. Las voces de Claudio Rodríguez y Carlos Sahagún me reconciliaron con "lo moderno", con la poesía más reciente. Hallé un puente entre ellos y la Segunda antología poética de Juan Ramón, los Sonetos del toro de Rafael Morales y los Sonetos de la bahía de José Luis Cano, libros que me prestó Antonio González Muñoz, profesor de Literatura  en la Academia O`Dogherty de San Fernando,  a quien yo visitaba frecuentemente en su casa, en la calle Velázquez, y que me recibía en su taller de escritura y preparación de sus clases, ofreciéndome asiento al lado de unos estantes de libros  que me tenían todo el tiempo como esclavizada la mirada curiosa, incubándome deseos de algún día poseer yo también  unos estantes similares.


Con la lectura empedernida de estos dos últimos autores, la sombra del soneto me acompañó para siempre como un juego al que me ha sido imposible renunciar.

Sin embargo, el modernismo del onubense universal fue para mí decisivo también. En la primera época de Juan Ramón y en los primeros libros de Rafael Alberti aprendí a valorar la poesía sencilla. A partir de ahí, mi entorno con sus matices pintorescos, los patios, las huertas, los callejones hortelanos y los esteros de mi tierra entraron en mis páginas con el mismo honor que la poesía amorosa que yo le escribía —y le enviaba a modo de carta— a R. F., una muchacha que pasaba a diario por la puerta de mi casa, además de la poesía del sentimiento religioso, vinculado o no con la devoción carmelitana del convento vecino.



La voz de Claudio Rodríguez, sobre todo, como un aire de mañana fresca y soleada, entraba por la portezuela  del alma, todavía retrospectiva y empecinada en sus clásicos a ultranza, con su lenguaje de otros tiempos, como si la veteranía fuese un prestigio que se me impusiera por sí misma, nostálgico siempre de las primeras lecturas con sabor a Garcilaso, Lope de Vega, Barahona de Soto, Espronceda, Bécquer, Amado Nervo, Rubén Darío, y muchos poetas del siglo XIX, tales como Julián del Casal, Gutiérrez Nájera, Francisco A. de Icaza, Julio Herrera José Asunción Silva, Manuel Paso, Fabio Fiallo, Julio Flórez, Manuel M. Flores... Los he citado sin orden cronológico y tal como han ido apareciendo en mi memoria.


He hablado de mis fuentes primerísimas.


Al poco tiempo, otros afluentes aumentaron el río de mi aprendizaje: José Luis Tejada, Fernando Quiñones, Manuel Avezuela, Manuel Mantero, Antonio y Carlos Murciano, Julio Mariscal, Ignacio Rivera, José Ramón Medina, hasta fundir estos metales iniciales en la opinión, para mí muy valiosa entonces, por sugerencia de Pilar Paz, de José Manuel García Gómez, en su casa de la calle Cervantes, en Cádiz, en 1966, a quien hice después de ésta una o dos visitas más. A Pilar Paz le había yo llevado antes poemas ya serios en su factura, que me devolvería más tarde con unas  notas de comentario que guardo aún, amén de mi gratitud por cómo me recibió en su gaditana casa de la calle Brasil, número 8, cerca de la playa, una tarde septiembre de 1963, y en ese encuentro abundaron esos agradecidos consejos y la famosa antología de
Poesía española contemporánea de Gerardo Diego, que me prestó.


De todos ellos me quedaron resabios que he intentado poner al día continuamente. Una de estas reliquias estilísticas ha sido la preocupación del poema como un ejercicio que empieza y acaba, con un desarrollo temático. Esto fue barrido, ya lo sabemos, por las vanguardias, pero como del Gerardo Diego creacionista yo conservaba involuntariamente unas impresiones de inevitable sensación estética, tenía presente a menudo la obligación de atender el empuje de esas brisas renovadoras en mis navegaciones literarias. 



Mi aislamiento fue tan positivo como negativo. Positivamente porque las musas ponían a prueba mi autodidactismo, la forja de un oficio que me proporcionó una buena conciencia de mí mismo como forjador del poema —aunque yo no le diera, en el fondo, importancia a lo que hacía y lo consideraba nada más que un entretenimiento—; negativamente porque no renové a tiempo mi lenguaje y sobre él pesaban unas influencias verdaderamente lastrantes. Muchos años después, con la asignatura de Crítica literaria ante mí, en la carrera de Hispánicas, me sentí afortunado al entrar de lleno en las vanguardias, sobre todo, en el ultraísmo de Cansinos-Assens y el formalismo de Vixtor Shklovski, hitos de exigencia en la trayectoria del lenguaje literario; en concreto, el idiolecto poético, tema al que he dedicado muchos artículos editados en la Web de Arena y Cal y en cuadernos impresos.


Pero, volviendo a la idea preliminar del artículo de que las primeras lecturas marcan en gran modo el desarrollo del estilo de un aficionado a escribir, se perfila como una verdad indiscutible el flechazo dado en la diana del alma literaria todavía virgen, como un alba que quiere amanecer y no sabemos hasta dónde llegará su estallido de resplandores.



 






   
Boletín "ISLA", donde el autor escribió sus primeros sonetos en septiembre de 1962


 


"Juramento de los Diputados en la Iglesia Mayor de la Real Isla de León", obra de Casado de Alisal, que flanquea la Presidencia del Hemiciclo en el Congreso.










sábado, 25 de abril de 2015

ARTÍCULOS LITERARIOS: LA SOLEDAD DE LOS (MUCHOS) POETAS EN ESPAÑA


 
 G.A. Bécquer (1836-1870) 



LA SOLEDAD DE LOS (MUCHOS) POETAS EN ESPAÑA

               
Acabo de ver un partido de fútbol en televisión. Ayer vi una corrida de toros. Me maravilla observar cómo los espectadores de cualquier espectáculo público se meten de lleno en el devenir de lo que contemplan y valoran según sus respectivos criterios. Lo que se desarrolla ante sus ojos les apasiona. Discuten, en algunos momentos se acaloran, pero ello demuestra su interés, su entrega a las incitaciones que se ofrecen al gusto de cuantos se hacen sensibles a lo que se ve. Los jugadores y los toreros alcanzan en su valoraciones una determinada puntuación. Los periódicos hablan de los que destacan. En suma, lo que vale no es discutido sino aceptado.

Los toreros que valen son contratados para otras corridas. Los futbolistas que sobresalen son fichados por equipos de superior categoría y poder económico. No cabe engaños ni contubernio en lo que se refiere a la valía de unos y otros.
 

Ahora, pasemos a la poesía. Los poetas están solos cuando escriben y cuando preparan trabajos para los certámenes. En los certámenes y en las oficinas de las editoriales no hay un numeroso público lector que decida acerca de la calidad de las obras. La estimativa depende de menos de media docena de señores y señoras que deliberan para premiar a uno y rechazar a los restantes.
 
Cuando se da a conocer el fallo, siempre hay reticencias acerca de por qué se ha concedido el premio. Son descontentos, algunos recalcitrantes, que no aceptan la realidad de los hechos, a pesar de la indudablemente buenísima voluntad de quienes organizan y quienes deciden. Incluso algunos de esos descontentos indagan y descubren, en algunos ocasiones, que ese libro premiado en cuestión ya ha sido premiado en otro concurso, o bien algunos poemas ya están editados en otros libros premiados del autor galardonado.

Pero el engaño ya está consumado para disgusto de quienes fallaron y los que montaron el acto de entrega de premios, conscientes de que hacen un buen servicio a la cultura, y ello es un mazazo para muchos poetas y poetisas que no tienen otros medios de publicación que el premio de turno.¿Cómo renunciar a los certámenes si a ellos les deben tantos poetas y narradores su dedicación a la literatura? ¿Cómo no agradecer esas convocatorias que mantienen vivo el espíritu de la creación literaria?

 Volvamos a lo que ocurre a veces con el trabajo premiado que se publica y decepciona, o bien levanta sospecha en los poquísimos lectores de poesía. Ocurre que los hay que están a la persecución. Son los más aviesos, que investigan fraudes que, descubiertos, disgustan, y con razón, a los convocadores del certamen en el que caiga la lluvia de críticas desagradables. (Remito al lector interesado a un artículo del poeta Pedro J. de la Peña titulado: “La poesía española, bajo sospecha”, que está en internet.)

En muchos casos, el fraude pasa de largo y el autor que sale airoso de la purga, suma un premio más a su lista fascinante. además, pasado cierto tiempo lo comenta con disimulado regocijo en su tertulia.

Los poetas, cuanto más auténticos y menos serviles a los diseños de ciertos concursos, sin nombradía de nominado ni currículos seductores, lo tienen muy mal y están condenados a que se aburran y dejen de escribir. Hoy cabe el consuelo de una web o un blogspot. Se me objetará con lo de que los buenos salen adelante, pero no siempre es así.

Es un aspecto nada más de la soledad de muchos poetas y escritores en España. No podemos, para este menester, olvidarnos de Mariano José de Larra. Escribir en España todavía mueve al llanto clandestino y deprimente de muchos poetas.

Para muchos, antes que poeta o narrador en España, nacer buen torero, buen futbolista o buen cantante. Ante el público como juez, lo que vale, vale; incluso la medianía tiene su público fiel.

Y esto se dice más de ciento cincuenta años después de que Larra llorara con esa frase desgraciada y vergonzante, expresada en un país que es, según estadísticas, de los menos lectores de la Unión Europea. Lo dicho: La soledad de los Robinsones de las Letras.


                                              
Alejandro Sawa (1862-1909)                                        

                                                 Armando Buscarini  (1904-1940)


  Editado en la Web Arena y cal y en un cuaderno de artículos literarios.









ARTÍCULOS LITERARIOS. POETAS GADITANOS QUE CONOCÍ...





 Playa de la Victoria (Cádiz)

En este apartado figuran poetas nacidos en Cádiz, o bien residentes habituales en esta ciudad, ya fallecidos. Hay entradas en Internet donde se puede conocer a estos autores. Lo que me lleva a elaborar esta página es el recuerdo de cómo los conocí, sin que ello suponga una información mayor que la que se puede obtener de ellos en otras fuentes. Es una evocación afectiva más que cultural, aunque este intento mío no conlleve  necesariamente una somerísima muestra de su actividad poética. Si se me olvida alguno, agradecería que me diese su nombre quien lo haya conocido. Gracias.



 Adela Medina Cuesta (1885-1983)



Conocí a Adelita, Gitanilla del Carmelo, un día de julio en que el fuego del verano de 1969 se enconaba con la plaza del Mentidero de Cádiz, donde ella vivía. El sol le cogió querencia a su balcón y detrás de él, Adelita me nombraba Caballero de la Orden del Clavel, entregándome un clavel de papel muy bien confeccionado por ella misma y una estampa de la gaditana  Virgen del Carmen con una dedicatoria. Sé que escribía poesías y bordaba enseres para las Vírgenes de su tierra, en especial para la Virgen del Desamparo.


Maro Afrán (Manuel Rogelio Aparicio Franco) (1911?-1995)

Conocí a Maro Afrán en la tienda de mi madre. Maro Afrán era un una especie de seudónimo de su nombre voluntariamente deformado que él utilizaba para escribir. 

No sé cuáles habían sido sus circunstancias en otras épocas de su vida. A la tienda de mi madre llevaba, en un cesto grande, sobres de tisana para la venta al por menor. Era una de las maneras de buscarse la vida. Nos caíamos bien y conversábamos sobre ilusiones literarias, él sobre novelas y yo sobre poesía. Ya era un hombre que rondaba los setenta años y yo la mitad de su edad. Me dijo que iba a dar un viaje por toda España y que iría a Madrid a presentar sus novelas a un editor. Después de que mi madre cerrase la tienda, deje de verlo y no supe más de él.  


Miguel Martínez del Cerro (1912-1971)


Conocí a Miguel Martínez del Cerro (don Miguel) a principios de 1969 en lo que hoy es la sede del rectorado de la Universidad de Cádiz en la calle Ancha. Fue una tarde en la que se celebraba una de las tertulias de Educación y Descanso, dirigidas por José Segura López. Don Miguel, otra persona más que no recuerdo ahora, y yo, formamos el jurado del certamen ese día. El primer premio fue otorgado a Ignacio Rivera Podestá por una décima que encantó al catedrático de Literatura, y también al otro miembro del jurado y a mí. 


José María Álvarez Galván (1923-2010)

Conocí a José María Álvarez Galván en la Tertulia Río Arillo de Letras y Artes, que se reunía en la calle San Nicolás de San Fernando, en concreto, en la Cafetería Napoleón, allá por los finales de los años 90, posiblemente en el 96 ó 97 y vino como autor invitado, seguramente, por el narrador y director de Arena  y Cal Alfonso Estudillo Calderón, que era a la sazón presidente de la Tertulia. Esa tarde leyó poemas suyos, y muy especialmente sonetos, que era, por lo visto, su estrofa favorita.


Ignacio Rivera Podestá (1929-2010)


Conocí a Ignacio Rivera en el casino de doña Nuncia de San Fernando, situado en la Alameda Moreno de Guerra, durante la segunda Tertulia de Educación y Descanso, en 1966. Hice amistad con él y quedó en enviarme alguna revista de poesía de las muchas que recibía, demás de las suyas, “Torre Tavira” y “Arrecife”. Al poco tiempo de conocernos me envió una revista de Murcia llamada “Contraluz”. En ella venían unas bases de un certamen de poesía en Barcelona, bajo el nombre de Premios Carabela. Envié un poemario y quedó finalista, en octubre de 1967. El libro apareció a primeros de 1968. Colaboré en varias ocasiones en "Torre Tavira". Supe de su fallecimiento, casualmente, por internet. Llamé a su sobrino Juan José y le di el pésame, además de hacerle unos comentarios acerca de la amistad que me unía a Ignacio. Me dijo que él se hizo cargo de la biblioteca de su tío, que era espléndida en libros y revistas de poesía. Yo lo visité varias veces en su domicilio de la calle General Luque, a vueltas de la calle San Francisco, tal vez la más céntrica de Cádiz, junto a Columela.


Número de TORRE TAVIRA



Juan Antonio Sánchez Anes (1929-1997)


Conocí a Juan Antonio Sánchez Anes en una Tertulia de Educación y Descanso en Cádiz, en la que leyó unos “Sonetos a Suilka”, posiblemente en 1967, en la misma sede que hoy lo ocupa el rectorado de la Universidad. Recuerdo que llevaba un traje blanco, que junto con su cabello pelirrojo le daban pinta de inglés o nórdico. Falleció en 1997. Manuel Pérez-Casaux y yo estuvimos en el tanatorio  de Nuestra Señora del Rosario y le dimos el pésame a sus dos hijos y a su esposa, que falleció poco tiempo después. 



Manuel Arjonilla Terrero (1930-2006)


Conocí a Manuel Arjonilla en una Tertulia de Educación y Descanso sobre 1967. Recuerdo que me habló de un tal Manuel Pérez Casaux, que tenía familia en La Isla y que era sobrino del famoso violoncelista Casaux.  






Alameda Apodaca


José Manuel García Gómez (1930-1994)


Conocí a José Manuel García Gómez en su casa de la calle Cervantes, en mayo de 1966. Yo sabía de su existencia y saber poético por medio de Diario de Cádiz, pues por aquella época en dicho Diario figuraba los domingos una página central dedicada a un poeta, casi siempre de la generación del 27 y también de los de la generación del cincuenta.
Yo le llevé una cuidada libreta de poemas manuscritos y él se lo quedó durante unos meses para leerlos y darme su opinión posteriormente. Para ser exacto, también supe de él por la poeta Pilar Paz Pasamar que me dijo una tarde que fui a visitarla en su gaditana casa de la calle Brasil, en septiembre de 1963, que era algo así como una eminencia en poesía. El poeta barbateño Paco Malia Varo dijo de él en una de las tertulias de Pepe Segura que era “un erudito de la poesía químicamente pura”. Así que su nombre no se me olvidó y, como he dicho arriba, tres años después de visitar a Pilar Paz, fui a entregarle aquellos poemas escritos a mano con tinta de corazón. Dirigió la revista de poesía "Caleta", en la que colaboré. En 1970 fundó en Cádiz el Colegio Argantonio.



Número de "CALETA"

Fernando Quiñones Chozas (1930-1998)


Conocí a Fernando Quiñones en 1972, un día de la semana de los Alcances,  Festival de Cine Documental en Cádiz. Creo que fue la tarde que se proyectó la película Carros de fuego. No hace falta decir que estos Alcances tenían el empuje básico del escritor chiclanero-gaditano. Años antes yo había leído de él su libro editado en Adonais Cercanía de la gracia, que me prestó Antonio González Muñoz, profesor amigo, por cuya generosidad leí varios libros de poesía a comienzos de los años sesenta. 
 
Aunque nacido en Chiclana, Fernando era tan gaditano como chiclanero, tan sencillo como simpático y ocurrente.



Leonardo Rosa Hita (1932-1993)


Conocí a Leonardo Rosa la misma tarde en que conocí a Ignacio Rivera, buen amigo suyo, en el casino de doña Nuncia de San Fernando. Seguí su trayectoria poética por publicaciones que me enviaba Ignacio en las que él colaboraba a menudo, además de la edición de su cuaderno Jardines de la sangre.



Diego Sánchez del Real  (1932-2014)


Conocí a Diego Sánchez del Real en un acto del Ateneo gaditano, del que era miembro activo, en la década de los ochenta. Diego era jiennense, fundador en su tierra natal de la revista “El Olivo”, también colección de libros, así como creó la revista de poesía "Vientos".



Rafael Soto Vergés (1936-2004)


No conocí personalmente a Rafael Soto Vergés. Noticias de él me llegaban por boca de Ignacio Rivera, que lo conoció y le publicaba de vez en cuando en su revista “Torre Tavira” poemas, en unión de otros poetas. Supe también de él  por medio del poeta arcense Antonio Hernández,  que me contó un día en Cádiz que había fallecido su esposa, todavía joven, y que Rafael estaba hondamente abatido por el triste acontecimiento.


Antonio Rodríguez Lorca (1940-2010)

Conocí a Antonio Rodríguez Lorca en la playa de la Victoria, una tarde en que Manuel Pérez Casaux y yo coincidimos en una de las visitas al mar gaditano allá por los años noventa. Era granadino pero afincado, por su destino militar, en Cádiz,  donde falleció. Manuel y él se conocían, y este conocimiento fue el motivo de que se parase con nosotros y conversáramos unos minutos aquella tarde de verano, posiblemente del año 94 ó 95.  Nos invitó a publicar en la revista literaria “Tántalo”, que él dirigía, y en la que me editó poemas en varias ocasiones.





Número de TÁNTALO


Rafael de Cózar Sievert   (1951-2014)

Conocí, antes que a él, a su madre, Concha Sievert, que frecuentaba las Tertulias de Educación y Descanso (1966-1974 ó 75). Recuerdo que era pintora y lo mismo que yo y otros tantos invitados e invitadas formábamos ese grupo de fieles concurrentes  a esas Tertulias que Pepe Segura dirigía. Conchita me habló un día de su hijo Rafael, que residía en Sevilla, donde estudiaba. Supe después que Rafael estaba vinculado a la revista poética "Marejada", órgano literario del Grupo del mismo nombre (1971), que conducía en Cádiz Jesús Fernández Palacios junto con José Ramón Ripoll y posiblemente otros que no llegué a conocer.

 

                      Balneario La Palma, en la playa de La Caleta



 



jueves, 23 de abril de 2015

ARTÍCULOS LITERARIOS: TRADICIÓN E INNOVACIÓN

TRADICIÓN E INNOVACIÓN



Hace unos años conocí en una celebración literaria a un poeta convencido de que escribir en verso libre era hacer poesía moderna; o sea, que toda la poesía escrita en versos ortodoxos era una poesía pasadita y anticuada. Realmente, me dio cierta lástima de sus declaraciones y tuve que decirle que un tal Miguel Hernández había escrito versos clásicos con una modernidad increíble y que el verso clásico —endecasílabos, alejandrinos, octosílabos…—  era un reto para cualquier poeta que se preciase de moderno; que la “palabra en el tiempo” de Antonio Machado no era innovar fuera de los márgenes lingüísticos de la poesía sino podar el árbol de la tradición pero sin talarlo ni cortarle las ramas; que otros tantos poetas maduros, incluso jóvenes, demostraban conocer el oficio y luego lo rompían, como dice el tópico; sin embargo, no se alejaban de la fuente en la que han bebido los mejores poetas de nuestra lengua: Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Alberti, Lorca, entre otros que escribieron en las dos modalidades: métrica y versolibrista.  

A pesar de que le cité una frase de Goethe, como es: “Lo importante no es hacer cosas nuevas sino hacerlas como si nunca nadie las hubiera hecho antes”, el poeta versolibrista y autor de imágenes irracionales (según la teoría de Carlos Bousoño), no entendía bien mis intenciones.

Pero esta novedad no está por supuesto, en la forma, que ya conocemos en todas sus variantes métricas, sino en el lenguaje; está, pues, en crear como dice el estilista ruso Vixtor Shkovski, un texto que llame la atención por su capacidad de sorprender. Sólo en el idiolecto poético de un autor es donde se innova, y todo lo que no tenga frescura en la combinación de las palabras, escriba lo que se escriba, es un intento que no pasa de eso mismo.

El poeta, por unos instantes parecía escuchar; después me di cuenta de que mis razones les resbalaban indiferencia abajo. Como él hay muchos que escriben convencidos de que la poesía moderna está de espalda a la escrita incluso hace setenta años atrás y que cada poeta es hoy un  genio innovador ya que escribe como le da la gana. Para romper su indiferencia le dije que buscase en internet de su lujoso móvil un poema de ese tal Miguel Hernández que se titula “Eterna sombra”, porque ese poema reúne lo clásico y lo más innovador en el lenguaje poético, tradicional y surrealista a la vez, que no perdiera de vista a ese modelo, que debiera ser paradigma de todo  poeta que desee ser innovador.

Sin haber conocido al estilista ruso Vixtor Shklovski, el poeta oriolano había intuido, como genio auténtico que fue, su teoría resumida en que la literalidad residía en la dosis de extrañeza que era capaz de despertar un escritor en nosotros; es decir: del reconocimiento como algo ya leído y sin sorpresa, a la visión de un texto que emociona por lo que tiene de novedoso, sin renunciar a lo clásico. Le afirmé que no estaba en contra del verso libre (yo también los he escrito) ni de la palabra en libertad como dijo Apollinaire, sino de que esos recursos se abanderaran como únicos referentes de la poesía moderna.

Mi interlocutor no manifestó su acuerdo pero se quedó pensando en lo que le dije…¿Aceptaría el reto como buen caballero en el torneo de la verdadera innovación o se quedaría apoltronado en su tienda de fáciles, abigarrados y pintorescos cachivaches poéticos?

Sin embargo, reconozcamos la libertad para crear como dijo Antonio Machado: “Verso libre, verso libre…/ Líbrate, mejor del verso/cuando te esclavice”. En efecto, hay un verso libre creador que necesita toda la iniciativa que sea para crear nuevas formas de expresión, lejos del buen tuntún y de la pata a la llana.

martes, 21 de abril de 2015

ARTÍCULOS LITERARIOS: TALLER DE NARRATIVA

TRABAJOS PARA LA "TERTULIA RÍO ARILLO DE LETRAS Y ARTES".
  

FUNDADA EN 1995 EN SAN FERNANDO (CÁDIZ), POR MANUEL PÉREZ-CASAUX MARTÍNEZ  Y JUAN RAFAEL MENA.
ENERO DE 1995

Asociada a la revista literaria de divulgación cultural "ARENA Y CAL", su primer número se presentó, por esa misma fecha, en el Salón Bolero de San Fernando, a cuyo acto acudió gran concurrencia de amantes de las Letras de la ciudad y también de Cádiz y, a partir de entonces, la Tertulia comenzó a tener su reunión semanal como una cita que se prolonga felizmente hasta hoy mismo.


SAN FERNANDO (CÁDIZ)





Escudo de la Tertulia Río Arillo diseñado por M.P-C.


DECÁLOGO DE LA NARRACIÓN


No empieces a escribir sin tener una idea clara de lo que vas a desarrollar.

No pienses en quienes te van a leer. Hazlo pensando en tus personajes. Reúnete con ellos como si fueran tus mejores amigos.

        Economiza bien las palabras. No añadas adjetivos ni adornes la frase para que parezca más bella. Ten cuidado con la comparación y la metáfora. Que no se vea que quieres apabullar.

      Distribuye tu tema en las páginas necesarias. No amplíes el texto para engordar lo que narras.

        Que cada personaje hable según su nivel cultural.

       Distingue bien entre el narrador y los personajes. Que ellos no se sientan  neutralizados por el que narra. A veces, el narrador no es más que el presentador discreto de lo que acontece en lo narrado.

Dale una emoción creciente a lo que escribes hasta su clímax final.

No te des por satisfecho/a con lo que escribes. No te admires a ti por lo que haces.

        Una vez que lo acabes, critícatelo como si fuese de otro. Analízalo y, si cabe, aprende si lo consideras que te ha salido bien.

        La narración debe convertirse en un arte, que consiste en manejar los recursos hasta que tema y forma estén bien acoplados.



Redactado por Manuel Pérez-Casaux Martínez y Juan Rafael Mena. Editado en al Revista "PLéYADE", voz literaria y artística de la TERTULIA RÍO ARILLO



     
TALLER DE NARRACIÓN (III)


Es un tema de mucho atractivo en la Estilística el uso del lenguaje literario. Quien conozca sus recursos y haga un empleo de él adecuado a sus intenciones de llamar la atención del lector, encontrará en las figuras literarias elementos importantes para esa finalidad.



Por eso existen los estilos.



1. Estilo verbal o dinámico cuyos elementos gramaticales imprimen rapidez en la narración (sea verso o prosa) debido al uso frecuente de verbos. Con ello se procura darle al texto movimiento y sucesión de situaciones. Con el verbo, el sujeto expresa la acción. Con los nombres o sustantivos, denota la observación o contemplación de las cosas y con el adjetivo reproduce los matices de dimensiones, color, etc, de los nombres.  Aquí señalamos los verbos.





Acude, corre, vuela,
traspasa la alta sierra, ocupa el llano,
no perdones la espuela,
no des paz a la mano,
menea fulminando el hierro insano.

........................................

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?



                                        Fray L. de León



¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.



                                     S. Juan de la C.



2. Estilo nominal o contemplativo, en el que predominan los nombres y los adjetivos sobre los verbos para dar impresión de quietud en la observación de la naturaleza o de los hechos. Señalamos los adjetivos.


Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios, nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,
......................................
la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.



                                   S. Juan de la C.



DOS TEXTOS EN PROSA






1.- Estilo contemplativo. La casa está animada. Viven en ella. La habitan un señor pálido, delgado, con una barba gris, una señora y una niña. Tiene el pelo flotante y de oro la niña. Las hierbas que salían de los arriates sobre los caminejos han sido cortadas. Sobre las mesas de la casa se ven redondos y esponjados ramos de rosas: rosas blancas, rosas bermejas, rosas amarillas. Cuando sopla el aire, se ven en los balcones abiertos cómo unas blancas, nítidas cortinas salen hacia fuera formando como la vela abombada de un barco. Todo es sencillo y bello en la casa. Ahora en las paredes, desnudas antes, se ven unas anchas fotografías que representan catedrales, ciudades, bosques, jardines. […]


                                           Azorín: “Una lucecita roja”, en Castilla.




2. Estilo rápido. Predomina la acción con mayoría de verbos sobre los nombres y adjetivos. El autor le da más importancia a la acción que a la descripción.



Escuché atentamente; nada se oía. ¡El silencio, el silencio por todas partes! Sobrecogido, delirante, supliqué a los árboles que suspiraban en la noche que me acompañaran con suspiros; supliqué al viento que murmurase entre el follaje, y a la lluvia que resonara en las hojas secas del camino; e imploré de las cosas y de los hombres que no me abandonasen, y pedí a la luna que rompiera su negro manto de ébano y acariciara mis ojos, mis pobres ojos, turbios por la angustia de la muerte, con su mirada argentada y casta.

Y  los árboles, y la luna, y la lluvia, y el viento permanecieron sordos. Y el reloj sombrío que mide indiferente las horas tristes se había parado para siempre.



                                                                            Pío Baroja: El reloj






TALLER DE NARRATIVA (II) 



Veamos las diferencias.





TEXTO HUMANÍSTICO



Una nación es una masa humana organizada,estructurada por una minoría de individuos selectos. Cualquiera que sea nuestro Credo político, nos es forzoso reconocer esta verdad, que se refiere a un estrato de la realidad histórica mucho más profundo que aquél donde se agitan los problemas políticos. La forma jurídica que adopte una sociedad nacional podrá ser todo lo democrática y aun comunista que quepa imaginar; no obstante, su constitución viva, transjurídica, consistirá siempre en la acción dinámica de una minoría sobre una masa. Se trata de una ineludible ley natural que representa en la biología de las sociedades un papel semejante al de la ley de las densidades en física. Cuando en un líquido se arrojan cuerpos sólidos de diferente densidad, acaban éstos siempre por quedar situados a la altura que a su densidad corresponde. Del mismo modo en toda agrupación humana se produce espontáneamente una articulación de sus miembros según la diferente densidad vital que poseen. Eso se advierte ya en la forma más simple de la sociedad, en la conversación. Cuando seis hombres se reúnen para conversar, la masa indiferenciada de interlocutores que al principio son, queda poco después articulada en dos partes, una de las cuales dirige en la conversación a la otra, influye en ella, regala más que recibe.



  José Ortega y Gasset: España invertebrada




TEXTO LITERARIO:



Tomé el autobús a las dos. Hacía mucho calor. Comí en el restaurante Celeste, como de costumbre. Todos se condolieron mucho de mí, y Celeste me dijo: “Madre hay una sola.” Cuando partí, me acompañaron hasta la puerta. Me sentía un poco aturdido, pues fue necesario que subiera hasta la habitación de Manuel para pedirle prestados una corbata negra y un brazal. Él perdió a su tío hace unos meses.

Corrí para alcanzar el autobús. Me sentí adormecido sin duda por la prisa y la carrera, añadidas a los barquinazos, al olor a gasolina y a la reverberación del camino y del cielo.

                                            Albert Camus: El extranjero.





En el  texto humanístico hay, o se pretende que haya, objetividad. Nada tiene tintes de imaginación ni evocación. Sus adjetivos no comportan colorido ni movimientos que denoten la presencia de seres creados para protagonizar una historia. El texto se inclina hacia la sociología.




En el texto literario se relata una acción. Hay personajes presentes o mencionados. La adjetivación es concreta y referente a individuos. Domina la connotación, por oposición al anterior, en que campea la denotación, como en el texto científico, debido a su carácter expositivo.



Predomina en el primer texto la función representativa y en el segundo la función expresiva.



Sería conveniente que quien pudiera, reflexionase sobre los dos textos para añadir nuevos rasgos que se puedan observar.

Este trabajo fue expuesto en la Tertulia para distracción y formación de sus componentes.