domingo, 10 de mayo de 2015

HISTORIAS DE GENTE DE A PIE (RELATOS) y TESTIGO DE LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE










TESTIGO DE LA VIDA, EL AMOR Y LA MUERTE (PENSAMIENTOS)

JUAN RAFAEL MENA


EDITORIAL PUNTO ROJO



SINOPSIS



Se trata de un conjunto de 1500 pensamientos, no homogéneo temáticamente, en los que el autor expone su visión de la experiencia de cada día en una ajustada síntesis alternando los matices en una improvisada variedad como corresponde al ritmo de los sucesos diarios.   




La vida es una fábula y el viejo es su moraleja.



La sabiduría es un tapiz tejido con hilos de oro que se expone públicamente y, por desgracia, sin miedo a que lo roben.

 

No hay felicidad segura cuando depende de más de uno. 



RESEÑA DE MANUEL RUIZ MOTA 




Me llega el último libro Testigo de la vida, el amor y la muerte del poeta y escritor Juan Rafael Mena, que contiene una serie de pensamientos sustentados en la propia experiencia cotidiana del autor. Un idóneo libro de cabecera, y, a la vez, especie de epítome para aquellos que, por ligereza o ignorancia, suelen conformar sus criterios y actos sólo con su propio yo. Libro recomendable también para los que, en virtud de las nuevas tecnologías, lanzan por millones mensajes huecos al espacio.



El millar y medio de puntos de reflexión, en los que  se cita la esperanza, la soledad, el don de la pobreza, la fatalidad, las obsesiones y el absurdo, ofrece a todo lector  amplio campo para que el discernimiento proyecte un rayo de luz sobre el horizonte de nuestras convencionales percepciones, propensas siempre a confundir ideas con ocurrencias.



Obra, en fin,  profunda y generosamente trabajada, orientada a una introspección capaz de rasgar las veladuras que enturbian nuestra actitud intelectual, afectada siempre de pereza mental y personalismo. En tiempos de cegueras colectivas, la lectura de este libro puede peraltar nuestra visión de las cosas y evitar que (pensamiento 1221) nos “ausentemos de la realidad”.



 MANUEL RUIZ MOTA




VISTA DE SAN fERNANDO DESDE EL PUENTE DE ZUAZO, AÑOS CINCUENTA




 RESEÑA DE ANTONIO BOCANEGRA 




Que un poeta —con una producción más que amplia y de acendrada técnica e inspiración como Juan Mena— haya realizado esta incursión en el terreno de la prosa y  más concretamente del aforismo no es una anomalía. No hace sino sumarse a ese selecto grupo de poetas y prosistas que lo han cultivado desde Hipócrates —Quevedo, Gracián o Machado, entre los nuestros; Nietzsche, Borges, Pessoa o Wilde, entre los foráneos—, por citar a los más conspicuos dentro del género. Un género, dicho sea de paso, que gracias a Twitter o al llamado microblogging goza en la actualidad de un cierto auge renovador, aunque, en nuestra modesta opinión, de escaso valor y recorrido. 

Aforismo —del griego “aphorizein” (definir)— se distingue del adagio, el apotegma  y otras modalidades epigramáticas por ser la plasmación de un pensamiento fruto de la experiencia. Sentencia breve y doctrinal, por un lado, y mirada incisiva y subjetiva, por otro, y acerca o relacionada con el entorno que rodea al autor. El mismo Mena define el término con precisión e ingenio en uno de esos 1500 aforismos que componen el libro: "El aforismo, ayudándose de la bordadora llamada metáfora, convierte un simple tejido en un pañuelo con hilazas de oro" (402). 

Testigo de la vida, el amor y la muerte, (Punto Rojo Libros, S.L, 1915), título de la obra, entronca con las distintas corrientes del aforismo moderno, expresión de un pensamiento abierto bajo el punto de vista semántico pero, a la vez, cerrado en su fin y en su mensaje. No está esta obra divida por materias y no lo está por decisión del propio autor. Podría estarlo pero el asunto es menor. El escritor ha ido plasmando por escrito —colijo— unas ideas que han ido surgiendo en el devenir existencial del autor a lo largo de los años y al albur de una lectura sosegada, una experiencia, una introspección, una vivencia positiva o negativa que ha suscitado en él ese flash o chispazo intelectual que incide en temas muy variados y diversos: políticos, sociales, morales, religiosos, humanos (el sexo, el amor y la muerte), etc. Hay aquí un derroche de lo que la crítica y metodología inglesas denominan wit, que en su primera acepción se define como “Habilidad natural para percibir y entender, i.e. inteligencia”. 

"El perfume de las flores de ciertas pasiones aturden sin dejarnos ver el cieno desde donde se alzan sus tallos" (565), por citar uno escogido al azar, como muestra de la hondura e inspiración poética en que se incardinan estos pensamientos. Profundidad intelectual y visión filosófica también en muchos otros: "Sexo y dinero: dos caballos que tiran del carro de la vida, pero van tan bien enjaezados que lo disimulan" (432); "La naturaleza nos da el amor en bruto y la imaginación la alquimia que lo refina" (569); "La ignorancia es humilde a veces; la necedad siempre es arrogante" (716). El autor de esta breve reseña se siente incómodo en la elección de estas citas porque, y de ello estoy seguro, no son éstas de un modo exclusivo las que cabría denominar como “antológicas”, lo son muchas. Son sólo muestras de lo que el lector puede hallar en esta obra, obra que está dotada de un alto grado de intelectualidad y rigor, fáciles de percibir. Juan Mena, poeta por encima de todo y por el favor de las Musas, se toma un respiro —parada y fonda coyuntural— y nos deja un material muy válido y logrado para la meditación y la reflexión, como ha hecho con otras entregas prosísticas (Cf. El reino que estaba en mí (Ed. de la Tertulia Río Arillo, San Fdo., 2006) o El lenguaje transfigurador (Idem, 2009). Como poeta de cuerpo entero, nuestro poeta isleño, seguirá sorprendiéndonos con nuevas entregas poéticas, no me cabe la menor duda, él, que por la extensión y carácter de su obra seguirá siendo para cuantos escribimos poesía lo que hasta ahora, el modelo a seguir e imitar. 

Antonio Bocanegra  




Club de Letras_____________________________
Libro: Testigo de la vida. El amor y la muerte
Autor: Juan Rafael Mena
Editorial: Punto Rojo
Lugar de edición y año: Sevilla, 2015.


Por José Antonio Hernández Guerrero




La lectura sosegada de las diferentes obras de Juan Rafael Mena nos descubre que, en el fondo de las exquisitas melodías de sus versos, late un modelo personal de vida humana. Como ya puso de manifiesto Aristóteles, los valores estéticos se apoyan –se han de apoyar- en unos sólidos cimientos éticos o, en otras palabras, en una concepción acorde con la dignidad de la vida humana. Si analizamos en profundidad el potente virtuosismo de las imágenes de este poeta isleño, podremos comprobar cómo se alimentan de unos valores que, en última instancia, constituyen los ingredientes indispensables del bienestar individual, familiar y social.
En este último libro titulado El amor y la muerte, en el que el poeta reúne un conjunto de 1500 pensamientos y que, por lo tanto, posee unos contenidos explícitamente teóricos, éticos y ascéticos, se pone de manifiesto la intensidad poética –la belleza siempre renovada- con la que Juan Rafael Mena nos explica y trata de persuadirnos de la necesidad y de la obligación de cultivar las virtudes para alcanzar una elevada calidad de vida verdaderamente humana: Toda la historia escrita del hombre es un penoso ensayo para fijar unas verdades y unos valores que la riada impulsiva de cada generación arrasa en su precipitada sed de vivir, como un Sísifo, condenado a subir y bajar la escalera del Tiempo (23).
Gracias a su extraordinaria habilidad para dotar a las ideas de cuerpos, para proporcionarles volúmenes, formas y colores, mediante el uso de la imagen visual y el empleo del lenguaje plástico, Juan Rafael Mena logra que el ornato alcance un singular poder persuasivo capaz de convertirse en un instrumento decisivo paraanimarnos a vivir y a luchar: Vivir es siempre luchar, pero luchar no es siempre vencer, y vencer no es siempre sobrevivir (41). Frente a los escritores y a los lectores que no se atreven a navegar, a nadar ni, mucho menos, a bucear en los libros ni en la vida, sino que se conforman con practicar el surfing, ese deporte marítimo que consiste en deslizarse por encima del mar sorteando las crestas de las olas, Juan Rafael Mena nos impulsa amablemente para que, templando las pasiones, nos hundamos en esa realidad cotidiana, desconocida y fascinante de la introspección y para que nos elevemos aplicando la imaginación durante la contemplación desinteresada del paisaje, del trabajo riguroso, del paseo relajante, de la conversación familiar y amiga, y estrechando los vínculos de la solidaridad fraternal. Ésta es la fórmula más eficiente para evitar el hundimiento mortal: Se salva uno de la vida con un trozo de fantasía que queda a flote después de todos nuestros fracasos (8).
Como es natural, el núcleo central de estas recomendaciones está situado en el amor que, alimentado por la fe, es una fuente abundante e intensa que se constituye en el factor primario –en la mística- de la vida cotidiana y en el motor de todas las tareas en las que sentimos que el reloj se detiene y se borran esos límites que tanto nos bloquean e inquietan: Quien no ama ni cree en nadie es como el que no tiene puerta a la que llamar cuando llega la noche y empieza a llover (1).
Por eso el poeta nos advierte que, si queremos evitar el peligro de convertirnos en tecnócratas infantilizados con los brazos llenos de juguetes -si pretendemos evitar la deshumanización de los seres humanos y de su mundo humano-, hemos de realizar un esfuerzo por construir, vivificar y conservar los nexos -precarios y frágiles- que mantenemos con el resto de los seres vivos y con las cosas inanimadas; hemos de enriquecer la calidad de nuestra curiosidad, hemos de ampliar el horizonte de nuestra atención y hemos de estrechar los lazos de nuestras relaciones humanas. Por todo esto, querido amigo Juan, permíteme que te muestre mi gratitud porque también estoy convencido de que El alma noble y agradecida mira siempre atrás, como si desde el ayer, el beneficio recibido estuviese todavía gritando: “¡Gracias!” (34).





HISTORIAS DE GENTE DE A PIE

EDITORIAL DALYA



CONTRAPORTADA



 En una época en que la violencia de género está desgraciadamente actual,  Historias de gente de a pie reúne unas vidas situadas en distintos estratos de la realidad, en su mayoría mujeres, protagonistas a la búsqueda de su  identidad entre los pliegues de unos avatares comunes, como son el amor y la vida.


Necesitadas estas heroínas anónimas de un viento a favor de la esperanza pero aguantando el encrespamiento de las olas del infortunio, transitan con un carisma de humanidad por las páginas de este libro, y así, Carmen Mariana, Doña Florita, Liberada, Penélope López, Pepa la de los camarones, Maruja y la madre del niño tonto en la sillita, entre otras. y varios personajes masculinos, niños y hombres atrapados en las redes del deseo, forman un entramado de diversos hilos suministrados por las todopoderosas circunstancias, sin más ambición que seguir viviendo en una batalladora monotonía.



Se cuenta, pues, el discurrir cotidiano de gente de variada idiosincrasia dentro de una narrativa realista nunca exenta de un lenguaje cuidado que puede lindar,  según el contexto, con deslumbrantes fibras poéticas.



Además de la realidad que se comenta, también tiene cabida en estos relatos la imaginación  aventurando otros planos fuera de los ya conocidos en los que la idea del más allá puede sorprender al lector.

   

BREVÍSIMA SINOPSIS DE CADA RELATO DE HISTORIAS DE GENTE DE A PIE


1.HISTORIA DE NADIE
La vida de un mariscador que se enorgullece de lo que tan sólo le da para sobrevivir.

2. YUNQUE DE SINSABORES
Las desdichas de una viuda que vive en las Callejuelas y que busca en la iglesia un consuelo para sobrellevar sus sinsabores.

3. EL NIÑO DE ORO
Una mujer que cuida sus macetas en la terraza donde monologa con su hijo, un niño retrasado mental profundo que está al sol en una sillita.

4. BASTIÓN DE RESISTENCIA
La mujer de un comandante que en la Transición ve cómo sus ideales franquistas se desmoronan pero no se resigna sino que vive de nostalgias.

5. HEROÍNA DE BARRIO
Las tentaciones de un cura en un almacén de Cáritas de barrio que se siente atraído por una feligresa treintañera, guapa todavía, que acude frecuentemente al almacén para aliviar sus necesidades.

6. DOÑA FLORITA LA SOLTERA
Una mujer agraciada de cuerpo y de más de cuarenta años, aburrida y de misa diaria, acaba casándose para sorpresa suya con un ex sacerdote conocido.

7. LA PROVIDENCIA DE DON TEÓFILO
La esposa de un funcionario del ayuntamiento acaba convencida de que el mismo individuo ha de ser su propia providencia en este mundo para el que la astucia y la diplomacia lo son todo.

8. YO Y EL OTRO
Un político que alberga temores por sus hijos y su mujer, conoce en un barrio de precariedades a un jovencita que le hará olvidarse de sus obsesiones.

9. EL PERSEGUIDOR
Un fotógrafo descubre un rostro de jovencita muy parecido al de su hija fallecida. La joven se siente perseguida hasta que el fotógrafo consigue hacerle una foto.

10. LA CRISIS
Un carmelita se seculariza y se coloca para subvenir a las necesidades de su familia, dado que ésta no tiene para sobrevivir con dignidad.

11. POBRUNO O EL DINERO DE NUNCA ACABAR
Un padre sufre porque teme que sus hijos no podrán estudiar en la universidad. Se arriesga a probar fortuna en varias opciones de loterías y enferma hasta que fallece, pero un día en olvidados cajones aparece un boleto que…

12. PURRI BOTERA O EL AZAR SONRIENTE
Un joven se casa con una joven atraído por sus estímulos carnales y, frente a unos amigos que hicieron su matrimonio desde el amor, él se sorprende que su casamiento resulte, a la larga, más duradero y feliz que los de los de ellos.

13. ALICIA Y EL EXTRAÑO SOLITARIO DEL BLOQUE
Una joven soltera que se enamora de un vecino de bloque y se siente tentada a ilusionarse pero un día llega a saber que ese vecino es un sacerdote.

14. LA VIDA DOBLE DE LIBERADA, MÁRTIR Y...
Una mujer madura enviuda y para olvidar el entorno se muda a Cádiz con la idea de formar parte de un grupo de solteras y viudas que la tienen por lo contrario de lo que fue: Una esposa desgraciada.

         15. EL INEFABLE ENCANTO DE LAS MARCHAS...
Un empleado de banca se siente atraído por una joven que está de prueba pero el recuerdo de sus pequeños hijos que aprenden música en la casa-hermandad de una cofradía  en una banda le hace reflexionar sobre su separación matrimonial

16. TÚMULO DE CIENO
Un joven poeta, en un café-bar que a da la ribera de un caño, ve cómo los restos de un candray le inspiran versos metafóricos.

17. EL BESAPIÉ
Un funcionario de la diputación soltero y tímido no se atreve a declararse a una compañera, que urde un ardid para atraerlo incluso en un medio sagrado.

18. EL NIÑO Y LA OLA O PARÁBOLA DE LA INOCENCIA PERDIDA
Un niño que vive junto al mar se ilusiona con una ola. Un día despierta de ese sueño considerando aquella aventura imaginaria como un paso de la infancia a la juventud.


19. EL TREN QUE PASA SIEMPRE DE LARGO
Una madre soltera aguarda todas las tardes el tren que ha de traerle a su hijo del cuartel, pero quienes la ven comentan que está trastornada y aún no ha asumido que su hijo falleció en unas maniobras militares.


20. SOLTERÓN EN APUROS

Un solterón cincuentañero necesita un rato de amor y acude, acompañado de un antiguo amigo, a un prostíbulo.


21. PEQUEÑO ANFITRIÓN DEL MAR
Dos niños, en la terraza de un piso que da al mar, ven en un gran espejo apaisado cómo los buques navegan por él.

22. IGUALDAD, NUNCA
Una joven de extracción pobre estudia y por un azar conoce a un magistrado que le ayuda a seguir estudiando y acaba enamorándose de ella, con el temor de que la madre de él no la acepta como esposa de su hijo.


23. MARUJA, DIAMANTE EN BRUTO
Una madre soltera, limpiadora de un colegio, se relaciona con un bedel separado. Fallecido éste, en el tanatorio, frente a la familia de él que no la quiere, reflexiona sobre su propia vida.

24. APARECIDO Y DESAPERCIBIDO
Recién fallecido, un difunto retorna a su casa y contempla cómo sus familiares lloran pero él sabe no por qué hasta que ve su propia esquela en el periódico.


25. EL DESAPARECIDO
Un pescador se ahoga y es buscado por la policía de salvamento sin que sea hallado, mientras tanto su espíritu ve cómo todo el mundo en torno al puerto pesquero se preocupa por él, además de la familia que llora su ausencia.

26. EL NÁUFRAGO
Un joven universitario perece en una tormenta de mar y en su tránsito a la otra vida tiene conciencia de un mundo nuevo que lo sorprende y sugestiona.

27. JUBILACIÓN INFINITA
Un profesor que ha llenado su vida de valores humanos e intelectuales que le sirven, según su fe, de equipaje para vivir en el más allá, monologa tras su muerte.



















































PROGRAMA DE RADIO LA ISLA POR RAMÓN LUQUE   
Y

PRESENTACIÓN EN EL CENTRO DE CONGRESOS 
DE LA REAL ISLA DE LEÓN, 31, ENERO, 2017, MARTES




Siempre que hemos hablado de narrar, antes del boom de los novelistas hispanoamericanos, entendíamos por novela, esto es, por narración un estilo literario que se incardinaba en la tradición realista, objetiva y escueta, y en seguida se nos venía a la memoria el realismo que arrancaba de Pío Baroja —si ponemos a un lado las raíces del siglo XIX con Galdós, Clarín y Pardo Bazán— y continuaba en Camilo José Cela, Carmen Laforet, Sánchez Ferlosio, Martín Santos y otros autores que ya conocemos. Precisamente será Luis Martín Santos el autor que introduzca con Tiempo de silencio nuevos hallazgos en los procedimientos narrativos.

El estallido de aquella otra narrativa que introduce lo real maravilloso, como ya es tópico en los manuales de Literatura, y que cambia, en cierto modo, el nombre de narrar o novelar por el de fabular, obliga al ejercicio de contar historias a tener en cuenta un factor que hasta entonces pudiera parecer novedoso pero que si indagamos en la historia de la narrativa española entre los dos siglos, o sea el XIX y el XX, nos encontramos con un antecedente que no se ha de pasar desapercibido, y es el de las novelas de Ramón María del Valle-Inclán, y por si fuera poco otro antecedente lo tenemos en Gabriel Miró, si bien es cierto que estos rasgos no son más que indicios.
Quiere  decir esto que el fermento de la imaginación como recurso para sacar la narración del realismo obsesionado por el tema sin contar con el halo poético, está ya presente en esos autores que hemos nombrado: Valle-Inclán y Miró.
Es evidente que el ejercicio literario de narrar, contando con el matiz de la fabulación, no ha de invadir los predios de la poesía, pero tampoco debe estar exento de un ligero toque poético, si el autor ha querido darle un cierto color a su narración y no permitir que un estilo grisáceo se adueñe de lo que cuenta en la novela o en el relato. Y en nuestro Luis Berenguer tenemos ese ejemplo de novela que va más allá de la narración que imponía el tremendismo de la posguerra como encorsetada en parámetros de un objetivismo a ras de tierra.  Es decir, Berenguer le da vitalidad y color a sus personajes y al contexto situacional, y es que después de Cortázar y García Márquez la narrativa, sin exaltar los rasgos de técnica revolucionaria, no tiene más remedio que contar con la imaginación.

Sin embargo,  también es cierto que no todas las historias que se cuentan han de hacer un guiño próximo al amago poético. Yo creo en los géneros y en la autoridad que imponen las técnicas literarias cuando están logrados en los autores que son modelos de admiración. Distingo, por supuesto, la poesía de la narrativa, pero tampoco se puede hacer una separación que no pueda reconciliar las dos formas de escribir. En seguida se nos viene a la memoria obras como la de Platero y yo, y que no falta en  una tertulia cuando se lleva a debate esta diferencia entre prosa y verso. Esta cuestión nos podría llevar largo rato para dilucidarla.

Decía el filósofo Aristóteles que el verdadero poeta es el que emplea la metáfora. Se  clasifica la metáfora como un tropo, un  recurso, que permite la descripción de algo mediante una semejanza por analogía, o sea por su parecido con lo real. Posiblemente los poetas de la poesía social y los de la generación de los años cincuenta no estén de acuerdo, pero los llamados Novísimos, es decir, la generación que surge en los años setenta sí la reivindicaría en gran parte. No olvidemos que el Grupo cordobés Cántico también le daba un papel importante a las imágenes, imágenes que nunca se adueñaron de los textos sino que simplemente tenían un papel subordinado a la totalidad del poema.

Y menciono la metáfora como también mencionaría el símil y la adjetivación que da color a lo que se escribe. Ahora bien, la novela y el relato no son poesía sino que son procedimientos que se proponen darnos a conocer la realidad, la apariencia y el fondo de la condición humana; otra cosa es que algún relato  o párrafo de novela tenga por derecho propio en razón del personaje o de la situación que se describe, un matiz que rompa la grisura de un texto. Y es que, a pesar de ese imperativo de la realidad sobre la fantasía poética, la lengua no renuncia a ciertas galanuras que están en razón de la actitud que adopte el escritor ante la realidad que describe. Decía el novelista francés Stendhal —al que llamaba Ortega y Gasset el archinarrador ante el Altísimo— que la novela era un espejo que se pasea a lo ancho de un camino. Realidad que no excluye ciertos tintes fugaces de imaginación.  

Y eso es lo que acontece en Historias de gente de a pie, relatos en los que se nota una diferencia entre esas dos maneras de tratar la prosa narrativa: o bien con un sobrio realismo o bien con un barniz de poesía en determinados momentos en que el carácter del personaje o el contexto lo requieren. Eso es lo que la preceptiva clásica llama el decoro.

A modo de conclusión, todo lo dicho anteriormente ha sido un acercamiento a este libro de relatos del que a mí no me toca hablar sino a su presentador, pero que es mi deber poner en antecedentes al lector de por qué se emplea en un relato más o realismo o más imaginación.




CUESTIONARIO DE RAMÓN LUQUE SÁNCHEZ EN RADIO LA ISLA

P.- ¿De qué trata este libro titulado Historias de gente de a pie?

R.- Es un conjunto de veintisiete relatos en los que la presencia femenina es mayoritaria, en una época en la que el maltrato está desgraciadamente de actualidad.

P.- ¿Reflejan estos relatos ese infortunio que acaece hoy día a muchas mujeres?

R.- Hemos de considerar el maltrato, no solamente físico, sino también moral, incluso procediendo ese maltrato moral del destino de cada una o cada uno de nosotros. Cada relato quiere ser, de manera más o menos velada, el perfil de un carácter.

P.- ¿Hay también, por lo visto, historias de hombres maltratados por la vida?

R.- También. Sin embargo, en el conjunto de los relatos hay un equilibrio entre vidas desgraciadas y vidas más o menos afortunadas, como casi de carambola.

P.- ¿A qué se refiere esta probable buena suerte de algunos personajes?

R.-Se debe a la siempre todopoderosa circunstancia, que aquí tiene un papel de juego de tirada de dados del destino.

P.- Entonces, ¿los relatos ahondan en la condición humana?

R.- Así es. Nos adentramos en las vidas de las mujeres y los hombres llegando a tocar el fondo de sus vidas como si se tocaran unas llagas. Por ello, el autor va desde el estilo realista y escueto a otros niveles de expresión en los que se roza el lenguaje poético para endulzar un poco las tragedias que viven algunas mujeres y algunos hombres como si fueran parámetros de los altibajos de la vida. También hay dos relatos de niños en los que se lamenta la pérdida de la inocencia.

P.- ¿Está el libro en la línea de la narrativa actual?

R.- La narrativa actual no es la que  marcan  unos cuantos escritores afamados. En verdad, la narrativa es como la poesía: es actual todo lo que llega a un público medianamente cualificado en la lectura. Tanto la narración sobria como la imaginativa tienen sus lectores. En novela y relato lo importante, a mi juicio, es que lo que se dice sea lo que ya expresó el novelista Henri Beyle Stendhal, de quien Ortega y Gasset decía que era el archinarrador ante el Altísimo: “Una novela es un espejo que se pasea a lo ancho de un camino”. Es decir, es la vida misma, que cada autor escribe con sus propios recursos literarios adecuándolos al decoro, como dice la preceptiva clásica; o sea, según los personajes y las situaciones descritas. De ahí que la narrativa actual es la que queda, la que los lectores reclaman, pasado el tiempo de su publicación, no la que imponen la moda y los críticos. 




Realismo isleño con matices poéticos
  
por Alejandro Díaz Pinto

31 enero, 2017

El escritor Juan Rafael Mena presentó su último libro en el Centro de Congresos.

Historias corrientes, protagonizadas por gente de a pie y con ese toque de lirismo que solo los mejores poetas son capaces de dar a un texto narrativo. Así se presenta, a grandes rasgos, el último libro del filólogo Juan Mena, académico de San Romualdo y tertuliano de Río Arillo, que este martes comparecía en el Centro de Congresos arropado por un público deseoso de leer sus relatos, muchos de ellos contextualizados en San Fernando.

No es, sin embargo, algo que determine los 27 cuentos que integran Historias de gente de a pie, ya que como puntualizó el presentador, José Carlos Fernández Moreno, “son circunstancias susceptibles de extrapolarse a cualquier ámbito del panorama social actual”. Eso sí, muchas de ellas transcurren en La Isla y pueden distinguirse sus calles, patios, iglesias… e incluso personales típicos como los mariscadores o los devotos de la Virgen del Carmen. “Estampas en las que el lector se inserta”, definió la literatura de su compañero Mena.

Uno de los pilares fuertes, quizá el principal de esta obra editada por Dalya, es la presencia femenina a lo largo de los relatos. “Mujeres a la búsqueda de su identidad, entre los pliegues de unos avatares comunes como el amor o la vida”. Su sensibilidad, dulzura y sacrificio son determinantes en la vertiente social de la obra. Formalmente, en cambio, se trata de historias totalmente independientes entre sí que, aunque escritas en prosa “no abandonan el lirismo propio del poeta”.

El propio Mena la define como una obra puramente realista que no cae en el denominado ‘realismo mágico’ ni en la fantasía, pero donde la imaginación es un factor importante. “He querido ser fiel a la realidad de unos personajes que no tienen por qué entender de poesía ni poseer ese gusto por lo estético”, sin embargo -aclara- “tampoco se puede hacer una separación irreconciliable entre la prosa y el tono poético”.

Nacido en San Fernando en 1943, Juan Rafael Mena es licenciado en Filología Hispánica y siempre se dedicó a la docencia en distintos Institutos de Educación Secundaria de la provincia hasta su último destino en el Isla de León. Trabajó varios años en la Biblioteca Pública Municipal y ha participado en diversas publicaciones como la revista Erythia, el semanario Mirador de San Fernando o el diario San Fernando Información. Eso sin citar la amplísima bibliografía que firma con decenas de títulos, el último de los cuales -hasta la publicación del presente libro- fue Testigo de la vida, el amor y la muerte, presentado hace poco más de un año.





'Historias de gente de a pie' o el dominio narrativo de un gran poeta


ANTONIO  ATIENZA



ANDALUCÍA INFORMACIÓN 1 FEBRERO  2017



Historias de gente de a pie de Editorial Dalya es el nuevo libro de Juan Rafael  Mena Coello presentado en el Centro de Congresos Cortes de la Real Isla de León este martes y todo un acontecimiento estando escrito por uno de los escritores más sólidos de San Fernando. Y de ahí para adelante en cualquier dirección.


“Se trata de un total de veintisiete relatos, veintisiete historias inconexas, cada una vive por sí misma y no existe una norma que obligue al lector a encadenar ningún hilo argumental que limite el regusto de paladear la exquisita literatura de cada cuento sin que la mente deba ir reteniendo aquellos eslabones que, de otra manera, conformarían la cadena de la totalidad del libro. Relato en estado puro y literatura de muchos quilates”, dijo el presentador del libro, José Carlos Fernández Moreno.

“El autor ha titulado el primer relato del libro como Historia de nadie. De un mariscador se trata. Aquí no sabemos si Juan escribe o trata de pintar. Como un cuadro pone ante nuestros ojos, nuestra mente, la figura de ese trabajador del fango y las relentás que él convierte en protagonista”, siguió diciendo el presentador.

Tras leer algunos párrafos de ese relato de bienvenida, José Carlos Fernández concluyó que Juan Mena “dibuja así la explotación de un trabajador que ha ante puesto su libertad a todo condicionamiento laboral, aunque ésta, su libertad, termine bregando con las espesuras que lo atrapan en el fango”.

Como no podía ser menos en este autor, premiado en varios concursos literarios sobre igualdad de género,  Juan Mena ofrece en este libro “un trato, podemos decir, especial a la mujer, en todos sus aspectos”.
“La gran mayoría de los relatos o están protagonizados por mujeres o bien éstas cobran un papel muy destacado. Me consta la admiración que nuestro autor profesa al sexo femenino en todas las variantes de sus sensibilidades, dulzuras y, tantas veces, sacrificios”, dijo Fernández.

Para el presentador del libro, hay mucha lírica en el armazón narrativo de estos relatos. “En su medida justa, con tacto y tino. Con frecuencia nos encontramos con poetas que cuando se adentran en los predios de la narrativa se escoran a la oda cayendo en un resultado final que adquiere la entidad de amalgama poco afortunada para el gusto del lector que se encuentra predispuesto para tener ante sus ojos una novela o un relato corto y, ni mucho menos, un amago de poemario con alardes barrocos repleto de adornos y artificios”.
“Juan Mena es un excelente poeta y un excelente narrador, experto en combinar ambas facetas de su arte con tantísima habilidad que nos ofrece un libro delicioso con una linea elegante de sencillez y buen gusto, un libro que yo recomiendo. Y lo hago, el recomendarlo, con impoluta honradez y sinceridad. Todas aquellas personas que lo adquieran recordarán estas palabras mías y. me agradecerán la recomendación”.

José Carlos Fernández, en su línea de poner el dedo en la llaga caiga quien caiga, se refirió a la actualidad de la literatura diciendo que la actual producción y oferta, “digamos, literaria, navega por un espeso mar de los Sargazos de las letras”.
Historia de gente de a pie" aparece en el horizonte sobre las aguas limpias y transparentes de la calidad, del trabajo cuidado y bien hecho por un verdadero escritor, condición que, ajena a lo facilón que muchos creen, no se adquiere hasta que lo que queda expresado en letra impresa consigue conmover, emocionar, hacer revivir, sorprender, meditar, comparar, relacionar, abstraerse, en definitiva y alcanzar lo que en teatro se llama traspasar la cuarta pared y en literatura, podríamos denominar, atrapar, es decir, penetrar hasta el último resquicio del alma del lector.

Y después de eso, no quedaba más que decir, salvo las explicaciones del autor quien se refirió al respeto debido a los géneros, manifestando que lo experimental es permisible siempre que quienes lo hagan lo consagren y lo nuevo sea digno de crédito en sus obras.
Juan Mena agradeció la presencia de todos los que estaban en el acto -uno más de cada martes de la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Letras y Artes de la que Mena es vocal de Letras, “con lo que me doy por satisfecho”, aunque lo mejor es leer esta obra que ya está en la calle y viene a sumarse a aquellos libros que en poco tiempo serán de culto.
San Fernando: 'Historias de gente de a pie' o el dominio narrativo de un gran poeta.




Desde mi cierro



Pedro G. Tuero


Una Isla literaria

Son dos libros, los de Carmen Orcero y Juan Mena, que demuestran lo que La Isla es

06 Febrero, 2017 - 02:09h 

Y style="text-transform:uppercase">a se acabó la semana. Una pasada semana en la que el miércoles colocó el siguiente número en mi particular calendario. Un año y un nuevo mes más para vivir y disfrutar. Sobre todo de mis nietos y de ese entorno de su realidad; no de la otra realidad, que no me gusta. Porque desde este cierro mío, en el que llevo asomado ya tantos años, sigo percibiendo tantas cosas de esta Isla nuestra que ni me embelesan ni me enamoran. Un iniciado año más en el que parece ser tendremos museos; una nueva Carrera Oficial; un fantasma llamado tranvía; ese necesario apeadero en el Arillo; mucho Camarón, y hasta una triste y definitiva despedida como la de las hermanas Capuchinas.
Pero además, mi querido lector, la pasada ha sido una semana que ha colocado a nuestra Isla en un primer rango o la protagonista de unos nuevos libros. Y destaco el que fue presentado en ese primoroso museo taurino "Paquiro" de nuestra ciudad hermana; siendo la Fundación "Fernando Quiñones" la entidad cultural que auspició dicho acto. Se trata de una novela denominada Un titular para un crimen de la autora isleña Carmen Orcero, que ya hace la tercera en su haber literario. Una ciudad de San Fernando que vive un tranquilo verano del año 1881. Una población que disfruta plácidamente esos días que transcurren entre la Velada del Carmen, el casino y los baños de mar. Ocurriendo un desagradable suceso que se encargó de despertar a la ciudad de su letargo: una joven aparece flotando en la caldera de un molino de mareas…
Y fue el otro libro el que se presentó en un acto en el Centro de Congresos, respaldado por nuestra Academia de San Romualdo, titulado Historias de gente de a pie, cuyo autor es Juan R. Mena, mi poeta de La Isla. Un Mena y su nueva obra que José C. Fernández Moreno tuvo la agradable responsabilidad de presentar con una bonita y trabajada exposición. Un libro en prosa que pudiera sorprender a aquel quien no conozca suficientemente a su autor. Porque Juan Mena, considerado como un gran poeta, también en la prosa ha destacado de manera muy significativa durante su importante trayectoria literaria, que no es poca. Una persona a la que quiero y admiro, y la que tanto me ha enseñado. Y decía Juan en ese acto, o yo así lo entendí, que la verdadera literatura no debe distinguir de una manera tajante entre prosa y poesía. Porque esa disquisición o debate es la historia literaria la que se ha encargado y casi obligado a asumir. Ya fue nuestro admirado poeta Juan R. Jiménez con su popularísimo Platero, quien hizo poner en duda esa diferencia tan radical entre la poesía propiamente dicha y una prosa llamada poética que rompe tal concepto mal aprendido.
En fin, dos libros que ponen a La Isla en evidencia con una verdadera demostración de lo que realmente es. Una Isla que sabe envolver o abarcar esas dudas de un periodista al titular su crónica o a esa gente de a pie de los que estoy segurísimo que muchos nacieron en esas "callejuelas" tan cercanas a mi amigo Juan.
Y ahora a leerlos, mi impaciente lector







RAFAEL DUARTE

Gallineras, poesía y lágrimas






El orden de los factores altera el recuerdo. O yo qué sé. Juan Mena me manda un relato sobre mí y mi inefable Enrique Montiel cuando íbamos a Gallineras. El libro se llama Historias de gente de a pie, y de pronto, ese cuento, rompedor de las reglas del cuento y la poesía, con respecto a la carajotería actual, a mí me emociona, -no por el co protagonismo- sino por la riqueza léxica y metafórica del relato. Me traslada al entonces. Al momento-instante en que el poeta fuera mi instructor y amigo y paseáramos por el muelle viejo, aquel que pintó Pepiño con sus limos colgantes atestiguado por cuadros, alguno inefable como en la escalera de acceso a la casa de mi estimado Juan García Cubillana.
Te llega el olor de ribera, el viejo tubo pasamanos donde el óxido imitaba relieves ostioneros, donde el agua al pasar, vieja corriente constante, aloma en láminas el color que la lleva, casi ola de proa sin tajamar en la fugitiva violencia ya escorada.
Tomábamos café de puchero en el viejo 15, perdido hoy, cuando era pequeño y limitaba con las piezas de estero, que, mirándolas, me convertían en realidad esa mar del día de la marea escorada, que subía hasta el patio de la casa de Luis Berenguer, con su dedicatoria de Marea. Y los viejos barcos, barcazas, candrayes, sentían la lepra del salitre acartonando el maderamen, dando color Güela a tanto buque muerto. Maderas casi blancas con vetas roídas como los cielos de levante, como las escalas de la compuerta, donde la sal ya viva es el salitre, el yodo blanco que hace olor tanta escarcha.
Era y fue gallineras ese camino del agua, la acera de la corriente, el callejón del aire, donde el eco del mar pasaba rápido como los correlimos por el fango, y veo a Juan Mena, Enrique Montiel, Luis Berenguer, Antonio Murciano, José Luis Núñez, José María Hurtado, Antonio Sanz Reyes, José Antonio Escuín, Miguel Ríos Jiménez, tanta gente que tomó Gallineras como un paraíso demodé del descanso y el ocio, de la tertulia y el sol -cuando las tertulias no funcionaban a degüello- del escaramujo y el salado, cuando la Isla era pura literatura hablada, que decía Juan Mena, las metáforas puras en rosario, la inspiración, el vuelo, las estachas batiendo con su combés el agua. El cuartel de la Guardia Civil, donde José Acosta Martínez naciera casi detrás, en la huerta del Carabinero. La del Lolo. La del Pilo. La cercana arboleda del cerro. La huerta de los Barrena…
De pronto me comunican el fallecimiento de Miguel Ríos Jiménez, ex compañero de la Academia y del trabajo, fue ex secretario del Excmo. Ayuntamiento, amigo cabal de los que te defendían contra cualquier dislate "democrático". Fiel, leal, defensor de las letras y de las artes… Ojalá descanse como se merece en el fuero interno de mi corazón, que se une a tantos libros e ideas y afectos que compartimos. Yo sé que me quería de verdad.
La tristeza es esa piedra mojada que se mete en el ojo. Recuerdo a Miguel Ríos cuando vino de Priego, y que ya no quedamos casi ninguno de aquel recibimiento en Gallineras. ¿Escuín y yo?... La muerte toma cebos en el alma para poder matarnos del nosotros. Cubillana y yo en el entierro. Y me entero que ha muerto José Luis, hermano de mi amigo Manolo Baturone. Ah. La muerte, prostituta irredenta del cariño. He llorado esta tarde.
La albéntola, el esparavel, el verachaero, el cómitre, el sotapatrón, cerramontón, el espumero, toda esa Gallineras, posiblemente del latín Galliana, camino, vía, es la que vuelve con el relato de Mena, el viejo telurismo de los años, las huertas rodeándola, surtiendo de colores y palabras aquel trozo de Isla, madre de un léxico técnico o terminológico, como decía Coseriu… sigo con Mena, fuerza creativa. Esplendor. Emoción. No palabras de más, sino precisas, que aquí queda la tierra.




 DIARIO DE CÁDIZ, 22 de febrero de 2017

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