jueves, 8 de noviembre de 2018

THE DESKED MEMORY

THE DESKED MEMORY

 
 

Editorial Dalya, 2018
THE DESKED MEMORY

 
FOREWORDTo name Juan Rafael Mena Coello is to name La Isla, because he is inseparable from the corner of the Gordo, the araucarias and the House of Culture, where he made his dream of living, of living among books, come true. His image still appears in the patio of that old College of the Moors, during a weary afternoon in May in which silence had to be applied, unloading impatient and audible purges through the room. In that courtyard Juan Mena, as we know him, looked around and then stopped for a moment and look up those walls that shored the sky. In that redoubt it seemed to look for the lost metaphor, hidden among the shreds of verdigris of the brick paving or hooked to the warm whistle of the east. Then he would enter to continue with his work. Perhaps he was not aware that he was beginning a trajectory that was illuminating with correctly measured and accented verses, with a rigorously revised language to choose the right voice that would make him flee from clichés and stereotypes.In the works of Juan Mena we find the inner poet, who has been strengthening his world by defining it, distinguishing it by the exclusively personal.With the word has been communicating the reflections of his communion with loneliness, with isolation where he has been a conversationalist and listener of himself, reflections that are grouped into almost fifty titles.Few trajectories are in La Isla as consolidated as that of Juan Mena. More than fifty years endorse it, initiated with the Novelties by contemporaneity, that generation of young poets born after the civil war and from which it detaches itself to follow the line from which they departed, realism, very appreciable in their work. The language, therefore is not sumptuous but so simple that page by page is showing a photograph that the reader captures to deepen in it, imperceptible and inseparable procedure. In this work the poet resorts to prose, a style that dominates with ease as we know from other previously presented titles, a style that does not favor a departure from the lyric, but quite the opposite.THE REMOVED MEMORY is the past of The Island portrayed in a set of literary stories seen from the illusions of an aspiring poet, witness of some stories inscribed in the postwar period, the time in which he had to grow and train as a citizen in a society subject to conventions. Therefore, both the character and the narrator retrace the memory to meet those times gone so marked. That is why the narrative runs between the first and third person, differentiating the look of the character, Cantigo, as the projection of himself, and the look of the narrator as an observer of the story that is told in each of these stories. Stories narrated with sketches that are supported by short, forceful and plastic descriptions that captivate the reader by the details, while the plot runs through a frequent, daily, real and particular environment, appreciating the fascinating duel that is established between the lyrical and the narrative .It is the result of the effort, the search and the meeting of the path by the lyric that the narrator began in his youth, where the reading that filled his isolation shone, a place where he lived what was later transformed into love for literature, love that the narrator was able to channel, describe and transmit language and symbols that explained his own destiny.The DESIGNED MEMORY combines the conception and reflections of an era that does not color the color of oblivion, because it is still alive for those who were, for the pain of not having them, the dull and latent pain of absence. It is, therefore, a gesture of courage to meet the self that was born enlightened by words, the real and committed self that was facing reality as it grew, when he discovered that writing saved him from frustration, disappointment, the disillusionment, of those specific moments that make up life, that encourage a return to be able to continue forward.To read a book by Juan Mena is to meet with poetics, with the rigor of working it, comparable to the dedication of a goldsmith. It belongs to that group of authors who once known always return, whose books are enjoyed in the hand, appreciating the sour smell of paper when opened. Books that age taking their place on the night table.Adelaida Bordés Benítez
Paragraph for the back cover.THE REMOVED MEMORY is the past of La Isla portrayed in a set of literary stories seen from the illusions of an aspiring poet, Cántigo, witness of some stories inscribed in the postwar period, the time in which he had to grow and train as a citizen in a society subject to convention

martes, 6 de noviembre de 2018

POESÍA CONTRA EL ESTRÉS



Musa griega (Internet)

Hoy que tan en boga está el consumismo y la necesidad de ganar dinero, tener en las manos un libro de versos —versos que tengan ritmo claro, como dijo el francés Banville ”La rime est l’unique harmonie du vers et elle est tout le vers”—. puede ser liberador para un espíritu que quiere olvidarse de rutinas y servidumbres del día día de nuestros tiempos tan angustiados. 


Y cito esta frase porque la gente que no se acerca nunca a la poesía, cuando lo hace, va con la intención de encontrar una poesía “poética”, es decir que llegue al sentimiento o estimule la imaginación y todo ello en verso, no en renglón ramplón, aunque hay poemas escritos en renglones, y no necesariamente en verso clásico, que dan gusto leer porque están bien escritos y no defraudan al lector espontáneo que se avecina a la poesía por curiosidad o azar de paseo por una feria del libro.


Lo importante es que lo escrito posea un ritmo que tranquilice el espíritu de quien lee, un ritmo que puede hacernos olvidar el otro ritmo, totalmente arrítmico que es el ajetreo que hoy zarandea a la sociedad occidental, cuyo único timón por las aguas de la vida es el dinero y su única brújula es la del hedonismo al precio que sea. El arte, pues, da, no sólo serenidad, sino también sentido a la vida, si por sentido de la vida entendemos vivir en paz con una conciencia  que nos aconseja vivir con dignidad y gozo de ser libre de toda esclavitud.

De El lenguaje transfigurador (2009)





LA MEMORIA DESANDADA

 

 Editorial Dalya, 2018 
 

LA MEMORIA DESANDADA

 PRÓLOGO

Nombrar a Juan Rafael Mena Coello es nombrar a  La Isla, porque es inseparable de la esquina del Gordo, de las araucarias y de la Casa de la Cultura, donde hizo realidad su sueño de estar, de vivir entre libros. Su imagen aún sale al patio de aquel antiguo Colegio de los Moros, durante una tarde cansina del mes de mayo en la que había que imponer silencio descargando purgas impacientes y sonoras por la sala. En ese patio Juan Mena, como lo conocemos, miraba alrededor para luego detenerse un momento y subir la vista por aquellas paredes que apuntalaban el cielo. En aquel reducto parecía buscar la metáfora extraviada, escondida entre los jirones de verdín de la solería de ladrillos o enganchada al silbo cálido del levante. Luego entraba para seguir con su trabajo. Tal vez no era consciente de que empezaba una trayectoria que iba iluminando con versos correctamente medidos y acentuados, con un lenguaje rigurosamente revisado para escoger la voz justa que le hiciera huir de clichés y estereotipos.
En las obras de Juan Mena encontramos al poeta interior, el que ha ido afianzando su mundo definiéndolo, distinguiéndolo por lo exclusivamente personal.
Con la palabra ha ido comunicando las reflexiones de su comunión con la soledad, con  el aislamiento donde ha sido conversador y oyente de sí mismo, reflexiones que se agrupan en casi medio centenar de títulos.
Pocas trayectorias hay en La Isla tan consolidadas como la de Juan Mena. Más de cincuenta años la avalan, iniciada con los Novísimos por contemporaneidad, aquella  generación de poetas jóvenes nacidos tras la guerra civil y de los que se desliga para seguir la línea de la que ellos se apartaron, el realismo, muy apreciable en su obra. El lenguaje, por tanto no es suntuoso sino tan sencillo que página a página va mostrando una fotografía que el lector capta para profundizar en ella, procedimiento imperceptible e inseparable. En este trabajo el poeta recurre a la prosa, estilo que domina con soltura como sabemos por otros títulos presentados con anterioridad, estilo que no propicia un alejamiento de la lírica, sino todo lo contrario.
LA MEMORIA DESANDADA es el pasado de La Isla retratado en un conjunto de relatos literarios vistos desde las ilusiones de un aspirante a poeta, testigo de unas historias inscritas en la posguerra, la época en la que le tocó crecer y formarse como ciudadano en una sociedad sujeta a los convencionalismos. Por ello, tanto el personaje como el narrador desandan la memoria para encontrarse con aquellos tiempos idos que tanto lo marcaron. Es por lo que la narración discurre entre la primera y tercera persona, diferenciando la mirada del personaje, Cántigo, como la proyección de sí mismo, y la mirada del narrador como observador de la historia que se cuenta en cada uno de estos relatos. Historias narradas con esbozos que se apoyan en descripciones breves, contundentes y plásticas que cautivan al lector por los detalles, mientras la trama discurre por un ambiente frecuente, cotidiano, real y particular, apreciándose el duelo fascinante que se entabla entre lo lírico y lo narrativo.
Es el resultado del esfuerzo, de la búsqueda y del encuentro del camino por la lírica que el narrador comenzó en su juventud, donde rutilaba la lectura que llenaba su aislamiento, un lugar donde vivía lo que luego se transformó en amor por la literatura, amor que el narrador pudo canalizar, describir y transmitir hecho lenguaje y símbolos que explicaban su propio destino.
En LA MEMORIA DESANDADA se aúnan la concepción y las reflexiones de una época que no la tiñe el color del olvido, porque sigue viva por los que estuvieron, por el dolor de no tenerlos, el dolor sordo y latente de la ausencia. Es, por tanto, un gesto de valentía ir al encuentro del yo que nació alumbrado por las palabras, el yo real y comprometido que fue encarando la realidad a medida que crecía, cuando descubrió que escribir le salvaba de la frustración, del desengaño, de la desilusión, de esos momentos puntuales que conforman la vida, que propician una vuelta atrás para poder seguir hacia delante.
Leer un libro de Juan Mena es encontrarse con la poética, con el rigor al trabajarla, comparable al esmero de un orfebre. Pertenece a ese grupo de autores a los que una vez conocidos siempre se vuelve, cuyos libros se disfrutan en la mano, apreciando el olor agrio del papel al abrirlos. Libros que envejecen ocupando su lugar en la mesa de noche.
Adelaida Bordés Benítez 


Párrafo para la contraportada. 

LA MEMORIA DESANDADA es el pasado de La Isla retratado en un conjunto de relatos literarios vistos desde las ilusiones de un aspirante a poeta, Cántigo, testigo de unas historias inscritas en la posguerra, la época en la que le tocó crecer y formarse como ciudadano en una sociedad sujeta a los convencionalismos. Por ello, tanto el personaje como el narrador desandan la memoria para encontrarse con aquellos tiempos idos que tanto lo marcaron con gentes y lugares que reviven en estas páginas.
Adelaida Bordés Benítez 


Presentación

1.- Las primicias del reino (o el ambiente idóneo para una galvanización conformista).

2.- El mambo (o el lento indicio de apertura a nuevos tiempos).

3.- Echar medios días (o el sobrevivir de una madre soltera que renuncia a lo que pudo ser una historia de amor).

4.- Bien vestido, bien hablado y de buena educación (o la crítica al patrón de individuo en una determinada ciudad).

5.- Una partida de cartas (o la ignorancia de una juventud en el abandono de la educación y la cultura).

6.- La cruz de mayo (o el olvido de las rencillas vecinales por un día de fiesta en el patio).

7.- Agustina del fogón (o el heroísmo inconsciente de la mujer cuando la empuja el amor).

8.- El guateque (o, por contraste, la llamada de la musa en ciernes en medio de una fiesta de amigos).

9.- El fulgor que ciega (o la precaución de no evadirse fuera de la realidad por el ático de la imaginación).

10.- En el bar de junto (o dos maneras de entender las desgracias familiares).

11.- Cántigo la creatura (o la inconsciencia de un talento que se solaza en lo sensorial).

12.- El cierro (o la crítica clasista).

13.- En la barbería del maestro Jezule (o el miedo a hablar de política).

14.- Entre la tierra y el cielo (o entre la utopía y el realismo de sobrevivir).

15.- Nando Islitis (o el chauvinismo localista).

16.- El islote de los libros (o el refugio en la cultura ante un medio hostil).

17.- El cartapacio ingenuo (o el desaliento como falta de imaginación).

18.- Cartitas de amor no recomendables para mandar (o el miedo a hacer el ridículo con la cortesía para comunicar amor).

19.-Quieroynopuedo, una ironía del destino  (o la  deformación mental del pueblo, que mitifica lo mismo que degrada).

20.- El vale de Cáritas (o la jactancia del proteccionismo).

21.- La alberca (o la inocencia en la falta de visión del porvenir).

22.- Instinto, arte, dinero (o los preparativos para la guerra diaria).

23.- Callejón de San Francisco (o la pobreza resignada y agradecida).

24.- Discretísimo cierro (o la religiosidad que dulcifica lo rutinario).

25.- Hambre metafísica (o la desorientación en el mundo de lo trascendente).

26.- Marta y María (o las sorpresas de la Providencia).

27.- La luz cuadriculada sobre el patio (o una luz para   la Transición).

28.- La saga de los Lunares (o el orgullo providencialista de un conservador).



          SINOPSIS DE LA MEMORIA DESANDADA

La memoria desandada es un conjunto de relatos en los que se narra la vida del autor desde su adolescencia a la madurez junto con otros relatos en los que él no es protagonista sino testigo, de manera que en su totalidad, la Isla de San Fernando y sus perfiles de otros tiempos ya idos reaparecen redivivos en la mirada retrospectiva de la memoria.














domingo, 30 de septiembre de 2018

EVASIÓN POR LA POESÍA





Estas líneas no son un alegato para retrotraerse al modernismo ni al romanticismo. Ni tampoco es una invitación para sobrevolar por los mapas de una realidad dura que no permite escapar por la escalera de incendios. Por supuesto, que tampoco es una técnica verbalista para que se maquille la cara de una sociedad que vive en el estrépito de la prisa y el consumismo.

Si nos acercamos al espíritu que alienta a la poesía, nos daremos cuenta de que ninguno de esos anteriores estímulos o presiones, según se mire, juegan un papel importante en el hecho de poetizar la vida.

La verdadera poesía entraña un espíritu que supera experiencias crueles o desagradables. Parece que es una llamada desde ciertas instancias para quien es capaz de semejante aventura, observe y seleccione fragmentos de un panorama social, como si con ello salvase elementos de la vida que merecen ser salvados del naufragio cotidiano de desencantos y sufrimientos.

Naturalmente que la poesía verdadera, la que es como un rostro que sonríe cuando debería llorar, se puede confundir con la poesía que se disfraza de tópicos y modas al día, pero, a la larga, sus lecturas son muy distintas.

Hay en la poesía auténtica una constante de amor a la vida a pesar de sus descalabros. Yo diría que es como un enfermo que nunca llega a morir y se repone echándose de la cama a la calle para cantar la lluvia que cae o el sol que ilumina.


Decíamos que la poesía debe ser clara como un arroyo transparente, y esa claridad se la tiene que dar la autenticidad de quien la escribe.

Podríamos considerar que la poesía es un misterio como decía Federico García Lorca: "Solo el misterio nos hace vivir. Solo el misterio", pero esta afirmación pone al poeta  en una posición muy de espaldas a la realidad con su bagaje de alegría y tristeza, pasado y futuro… El poeta no es descifrador de enigmas, creo yo. Más bien asume la condición humana  como una necesidad de ahondar en su sensibilidad, su capacidad de interpretar el fenómeno humano. A esta ponencia nos ayuda un verso de Armando Buscarini.”Los hombres de alma ruin que nunca sueñan”. Así define este poeta al hombre que es víctima de la alienación de las consignas que la sociedad occidental les impone a los individuos para sobrevivir. La ruindad hay que traducirla, creo, como incapacidad de liberarse de esas cadenas de las que se deshace el poeta que tiene una visión superior de la vida, una voluntad que lo protege de acechanzas de las esclavitudes de la modernidad.
¿Es esto evasión? Recordemos la película de este nombre. Una evasión inteligente. El verdadero poeta oye una música callada que lo distrae del ruido del día a día de la lucha por la vida. Oigamos a Rabindranath Tagore: "La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos". 

Pero es el poeta quien la escucha, como dice  Novalis: “Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos”.






ARTISTAS PEQUEÑOS Y ARTISTAS UNIVERSALES




 

Antonio Machado y Leonor Izquierdo


La costumbre de pensarnos como un yo compacto y definitivo, con el que nos identificamos como cierto y absoluto, nos priva de atender a una evolución de ese mismo yo que está motivada por distintas razones, en primer lugar por la todopoderosa circunstancia. No somos siempre el mismo aunque muchos se lo crean. Estamos sujetos a un fluir de la conciencia como ya observó el filósofo presocrático Heráclito. Ello significa que la mismedad es relativa. También se puede aplicar ese juicio a nuestras obras; en concreto a las obras literarias. No es el mismo poema que escribimos a los veinte que a los cincuenta; sin embargo, la valoración está matizada por la subjetividad de cada cual. A más subjetividad, más creencia en el yo provisional, más apego a uno mismo, más seguridad de que somos el mejor escritor o el mejor artista.
Estas posiciones personales llevan a mirar con desconfianza o menosprecio lo que escriben otros. En el caso de la desconfianza, se llega a la envidia, a la enemistad, al odio, cuando realmente lo que mejor hace cada uno de nosotros se debe a un yo más profundo que subyace debajo del yo superficial, ese yo social que nos impele contra los otros yos. Sólo los grandes artistas y poetas están por encima de ese recelo, de esa obsesión que carcome el estro en la soledad —que debiera ser sagrada— para la creación.
Esta dicotomía de los yos me recuerda aquellos versos de Antonio Machado:

No es el yo fundamental
eso que busca el poeta,
sino el tú esencial.

Proverbios y cantares, XXXVI


Resulta, pues, de esta consideración que lo que mejor hacemos se debe a nuestro yo “divino”, al soplo de Brahma, Dios o El Principio del universo, pongamos por caso, que está dentro de nosotros como enviándonos desde lo oculto esas iluminaciones que nuestro yo personalista reelabora con sus elementos culturales tomados de la civilización en la que nos han educado. Así que todo yo individualista y altanero, orgulloso y único, es velo de maya, es ilusorio y tapona con esa actitud la inspiración de lo universal que le trasmite su fondo, desconocido para él.
Por tanto, la envidia, el odio, el menosprecio, el personalismo intocable no son nada más producto de esa ignorancia, Los yos que están en su trastero de conciencia aprehenden ese soplo de Lo Uno que le viene de sus raíces. Cuando se llega a esta experiencia se admira lo bueno que hacen otros y se aplauden como si fuese suyo porque tales individuos evolucionados intuyen que esos aciertos vienen de lo que no nos “pertenece”; o sea, viene de ese Principio aludido; nosotros somos cauces por donde fluye el agua que no hemos de apropiarnos individualizándola en un estanque con nuestro nombre propio. Sólo el verdadero místico se sabe “instrumento” de ese fluido que pasa por su yo provisional y se hace admirable en el plano de lo conocido.     
Realmente, la envidia y el odio que puedan colisionar entre escritores y artistas se apaciguarían, incluso desaparecerían si se tuviese en cuenta que todo procede de lo Uno y que los individuos son meros canales de manifestación de esa voz que adquiere en cada uno un tono y un volumen de acuerdo con su cultura.
Leamos esta estrofa del poeta malagueño modernista Salvador Rueda (1857-1933), que nos viene muy bien a lo que exponemos aquí:

“Cantad con himno desacorde o tierno.
 Cantad y trabajad en el combate,
¡que es uno solo el orfeón eterno,
aunque en millones de gargantas late!” 
Del poema “Los pájaros que cantan mal”.                 

 

Miguel Hernández, dibujo de Antonio Buero Vallejo

jueves, 27 de septiembre de 2018

SURREALISMO Y FORMALISMO Y POESÍA CREADORA Y POESÍA AUTOMATIZADA



Breton publicó el Manifiesto surrealista en París en el año 1924 y se convirtió, acto seguido en el líder del grupo. El surrealismo surgió del movimiento llamado dadá, que reflejaba tanto en arte como en literatura la protesta nihilista contra todos los aspectos de la cultura occidental. Como el dadaísmo, el surrealismo enfatizaba el papel del inconsciente en la actividad creadora, pero lo utilizaba de una manera mucha más ordenada y seria.

Estos textos están tomados en parte de Internet y en parte comentados por el autor de esta Web.

Poema representativo del surrealismo poético español, entre otros.


Se querían.

Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, Sabedlo.

                                          Vicente Aleixandre


 El surrealismo se caracterizó por interpretación de la realidad desde el sueño, el inconsciente, la magia y la irracionalidad Conjunción de imágenes dispares (reales o irreales), tanto en el tiempo como en el espacio.

- Los objetos y formas sin su significación tradicional (principio de la "desorientación"), el observador queda desorientado.

- Creación de imágenes equívocas de manera que una misma cosa puede ser interpretada de varias maneras (principio de la "discordancia”).

- Da importancia a lo paradójico, lo absurdo, la caducidad, la destrucción y lo misterioso.

- Además de lo onírico, representación de toda clase de simbologías, especialmente eróticas y sexuales. Todo aquello estaba en contra de la moral, la tradición y la cultura burguesa.
Parade (mayo de 1917) afirma que sus autores han conseguido:

una alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las miméticas, que es el heraldo de un arte más amplio aún por venir. (...) Esta nueva alianza (...) ha dado lugar, en Parade a una especie de surrealismo, que considero el punto de partida para toda una serie de manifestaciones del Espíritu Nuevo que se está haciendo sentir hoy y que sin duda atraerá a nuestras mejores mentes. Podemos esperar que provoque cambios profundos en nuestras artes y costumbres a través de la alegría universal, pues es sencillamente natural, después de todo, que éstas lleven el mismo paso que el progreso científico e industrial.


              REGISTROS POÉTICOS. 1) EL SURREALISMO

    El poema surrealista es la creación más difícil y al mismo tiempo la más fácil. Difícil porque conlleva un ejercicio literario donde se funden onirismo y automatismo sin que parezca que son fingidos. Fácil porque lleva a la tentación del disparate, del azar de asociaciones verbales a la aventura: cuanto más irracional, más atrayente.

    Si nos tenemos al primer acuñamiento de “surrealismo”, hemos de remontarnos a Apollinaire. Oigámoslo:”Un alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las miméticas (...) ha dado lugar (...) a una especie de surrealismo”.

   Como se ve Apollinaire habla de una fusión de las artes, como una especie de sinestesia entre dos artes. El nombre de surrealismo (de sûr y realisme, es decir, sobre la realidad) implica un espíritu nuevo que sobrevuela por encima de la tradición y los feudos académicos definitorios de los textos redichos.

  Para entender este fenómeno tal  como lo conocemos hoy hemos de avanzar hasta Bréton y su teoría, sin olvidar la aparición del dadaísmo, con su teoría nihilista de arrasar todo lo que se pensaba hasta entonces como arte. Si se anulaba la realidad y la racionalidad, había que recurrir a lo contrario, e indagar en lo irracional y su congénere el sueño. De ahí que lo onírico entre en juego como un factor decisivo, pero, ser fiel a la sueño, se ha de aceptar el automatismo de la escritura que narra lo que revela el sueño. Así, pues, el surrealismo, lejos de estar sobre la realidad, se hundía en la raíces de esa realidad cuando el poeta descendía al subconsciente y desde él enviaba al papel una fusión de elementos —imágenes y símbolos— que había que desentrañar como un mensaje poco menos que críptico por lo que tiene de revelador de lo esencial humano todavía en estado embrionario.

   Pero, tanto lo onírico como la escritura automática, se prestaban a un falseamiento del texto.

   El autor de estas líneas no va a imitar a aquellos poetas que representaron ese movimiento literario, y para huir de cualquier caída en lo disparatado y/o amanerado, pactará con la realidad, pero metamorfoseándola por medio del lenguaje, que la disloca con la ayuda de la gran estrella retórica de todas las vanguardias: la metáfora, desde el futurismo al ultraísmo. 



                                 TEMPESTAD METAFÓRICA



        Desde el regazo de los oleajes,

desde esta playa, asilo de mareas,

desde donde la espuma se desflora,

desde una duna efímera de arena

miro los dinosaurios de los bores,

desde este andén de elásticas maretas

miro la tempestad subirse al cielo,

miro que se estremece su vidriera,

miro sables de fuegos estridentes,

la infinitud es yunque de centellas,

las batallas de aguajes explosivos,

el mar es un acuario que revienta,

los correajes sádicos del viento...
                       ¡ Miro un cuadro de Turner que se quema!



                      Ganador del certamen LETRAS COMO ESPADAS,

               “DESDE LA ORILLA", EDITADO EN 2017





2) EL FORMALISMO

Según Potebnia no hay arte, y en particular poesía, sin imagen. La poesía al ser un pensamiento por imágenes permite cierta economía de fuerzas mentales.
Potebnia decía que la relación entre la imagen y lo que ésta explica puede ser:
a- imagen constante para un sujeto variable
b- imagen más simple que lo que explica
Shklovski plantea que las imágenes son prácticamente invariable, que 
lo que se modifican son los procedimientos con los que se analizan las mismas.


El objeto puede ser:
a- percibido como poético y creado como prosaico
b- percibido como prosaico y creado como poético.
Se denominará objeto poético a aquel que ha sido creado con el fin de tener un percepción estética.
Según Shklovski, Potebnia pensaba que poesía = imagen, porque no distinguía dos tipos de imágenes, la práctica y la poética.
La ley de economía del esfuerzo puede aplicarse en la lengua sólo cuando se refiere a la lengua cotidiana. 

El automatismo genera que los objetos dejen de ser percibidos y para evitarlo es que se utiliza el proceso de singularización. Tolstoi, por ejemplo, para no caer en el automatismo lo que hacía era describir los hechos como si fueran vistos por primera vez (técnica utilizada en “Guerra y Paz” con las batallas).

En la lengua poética tanto
los componente lexicales,
la disposición de las palabras
y el carácter fónico

son elementos que se utilizan para no caer en la automatización. Según Aristóteles la lengua poética debe tener un carácter extraño y sorprendente.
 
A su vez el ritmo prosaico es un factor automatizante a diferencia del ritmo poético (el cual consiste en ritmo prosaico transgredido).




Playa de Camposoto (San Fernando)





¿UNA POESÍA PURA?


La poesía pura está en el lenguaje no en el tema ni en la arbitrariedad rupturista del ritmo. Remito al lector a los tres artículos publicados con este tema en la web Arena y Cal, revista literaria digital divulgativa.



Insistamos: Poesía pura es desautomatización del lenguaje; o sea, crear, sorprender, no repetir.  No está en el tema, ya sea deleite o emoción, ya sea paisajes o recuerdos, sino que es forma, capacidad de continuar generacionalmente los esquemas literarios por medio de las variedades expresivas. Pero este anhelo de innovar en la expresión tiene un peligro: el disparate o la imagen irracional, recursos fáciles que están al alcance de los que no pueden crear imágenes sorprendentes que convenzan al lector.





Ahora bien, no es la imagen el caballo de batalla del poema. Ya Shklovski rectificó la tesis de Potebnia, que consideraba la imagen como prioritaria en el verso. Él oponía a la imagen o, quizás junto a la imagen, la desautomatización; es decir, liberar el lenguaje de lastres, de repeticiones trasnochadas que se quieren justificar con el interés del tema, pensando por ello que descubren el Mediterráneo de los recuerdos, del sentimiento o de la idea. Con esto tal vez coincida con Mallarmé: “Pinta, no la cosa, sino el efecto que produce”.





A partir de Jakobson se habla de la metapoética como objetivo inmediato del lenguaje literario en poesía, que ya sería un verdadero lenguaje poético, un idiolecto de un poeta afortunado que dé con la clave de un registro creador que deje obsoleto el lenguaje  empleado hasta ahora para escribir poesía, una poesía endeudada con la del pasado a juzgar por su falta de frescura, o bien la obsesión de la modernidad, como si el versolibrismo antirrítmico y la imaginería seudoonírica fuesen un logro a tener en cuenta.

Hemos de considerar por ello que las tentativas de renovación poética, lejos de cualquier despropósito aventurista, está en el lenguaje poético, la capacidad de liberarse del pasado sin abominar de él, sino transformándolo haciendo un uso convincente de su herencia. Como he dicho en otras ocasiones, cito al músico veneciano Antonio Vivaldi: “Reformar y sorprender”.



 De El lenguaje transfigurador (2009)

 ¿QUÉ POESÍA?

                              



Salina de San Fernando (Cádiz)

Autor desconocido


Una poesía que se precie de moderna tiene que tener en cuenta, más por obligación que por cortesía, el esfuerzo de los vanguardistas, que despegaron el quehacer poético de la poesía redicha y falta de emoción literaria y, por supuesto, fácil en su redacción, aunque el autor la presente como una muestra de “comunicación”, ingenua en su intensión de descubrir un mediterráneo de nuevas ideas.

Una poesía moderna, repito, no puede recordar modelos del pasado, como no sea para homenajear a poetas auténticos, verdaderos “auctores”, es decir, que añadieron un nuevo rumbo a la poesía y la sacaron del “culto” al significado de la confesión intimista, la descripción neorromántica, de la “profundidad filosófica” y de los “valores humanos”.

Una poesía moderna reúne unas condiciones que conjugan tradición y vanguardia. No es una poesía que ignora el pasado como si naciera de la pretensión de un ex nihilo aventurero.

Todos los poetas deberían leer un opúsculo tan interesante como escalofriante con respecto a la función de la poesía en la modernidad. Se trata de En nuestro mundo, de Eugenio Montale. Leamos un fragmento del mencionado libro:

“¿Por qué no pintan ya los pintores la figura humana y el paisaje en el que vive el hombre? Porque tras el hombre y tras su real hábitat se halla siempre escondida la insidia de la palabra. Una obra de arte que se pueda explicar, traducir en términos de lenguaje, pertenece aún al viejo mundo, que se hacía la ilusión de explicar, de justificar, de comprender: es una obra que no se mueve, que nace vieja”.

Después de leer y reflexionar este texto, guardé muchos poemas que confiaban en su buena voluntad de comunicar ideas, sentimientos, recuerdos, esperanzas y sugerencias especulativas; incluso otros con talante virtuosista que se amparaban en su funambulismo métrico.

A esto he de añadir las lecturas de Jakobson y Shklovski. Del primero aprendí que la literaturidad incluye el ritmo. Una poesía que no tiene respeto al ritmo, al esquema métrico, es una poesía que usurpa el espacio de la narrativa. Se puede hacer poesía en prosa, pero lo que es realmente poesía tiene su habitación propia, su mobiliario genuino y nunca ha de recurrir a ninguna de sus hermanas para apropiarse de sus rasgos definitorios. El ritmo es imprescindible, es el carruaje donde va la musa a su destino literario, que no es el de otra que ha de bajarse en una estación distinta.

Con Shklovski tuve conciencia del valor del lenguaje, de la funcionalidad de la palabra. Valerse del significado para expresar, para exponer, para comunicar vivencias había sido lo que la tradición literaria había determinado siempre con un más o menos carácter cartesiano. Pero llegó el momento en que el lenguaje se ponía oxidado de tanto uso repetitivo.

Urgía remozarlo con nuevas combinaciones auxiliadas con figuras que ya habían exaltado el futurismo y el ultraísmo, como la metáfora, y anteriormente, la sinestesia, que enalteciera el simbolismo francés, además con verso de Baudelaire.

En esta encrucijada de la creación, me acordé de Oscar Wilde: “El placer superior en literatura es realizar lo que no existe”. Sin embargo, hemos de asumir la casi imposibilidad de crear lo que no existe y hay que asumir el pacto entre le tema del significado y las novedades del significante, que ya había previsto el formalista ruso autor de El arte como artificio.

Teniendo en cuenta, pues, esta tregua a la inquietud creadora, aposté por una poesía en la que “todo permanece”, es decir, como decía Antonio Machado, utilizando palabras de Teresa de Jesús, la santa carmelitana, una poesía inmersa en las “mesmas aguas de la vida”. No creo que haya otros rumbos, si nos olvidamos de las incursiones en los predios lúdicos de las vanguardias.


CONCLUSIÓN

Creo que la poesía tiene que fiarse de las esencias. El poeta es y será siempre considerado por los lectores de a pie como un médium de vivencias profundas y como claves del sentir -y del intuir- humano. (Recuérdense aquellos versos de García Lorca: "Sólo el misterio nos hace vivir / sólo el misterio").

Ése es el río principal que va a la desembocadura de la posteridad; otra cosa es que a ese río vayan a parar pequeños afluentes de otras posiciones poéticas en las que estén implicados las vanguardias, el realismo, el neorromanticismo, el esteticismo, los temas de los Novísimos y la búsqueda de los Postnovísmos. Lo importante y concluyente es, por una parte, la autenticidad. Escuchemos a Nietzsche:

"De todo cuanto se ha escrito, yo sólo valoro aquello que alguien ha escrito con su sangre. Escribe con sangre y te darás cuenta de que la sangre es espíritu".

Escuchemos ahora al escritor colombiano José María Vargas Vila: “...en el poeta todo se magnifica, especialmente: el Dolor; todo Gran Poeta, es un Gran Dolor; y eso, porque sólo el Dolor nos hace grandes". Se refiere a Rubén Darío en la biografía que le dedica.

Gómez de la Serna: "El deber de lo nuevo es el principal deber de todo artista creador" .

Y por otra, presentar esa autenticidad se ha de revestir con un lenguaje ambicioso capaz de rozar el idiolecto enamorado de la función poética:

Pero, como la poesía es también arte, tenemos obligatoriamente que oír lo que dice Plutarco:

”La pintura es una poesía muda y la poesía es una pintura parlante”.

En resumen, creo honestamente que la poesía es un arte y una revelación al mismo tiempo, y esto lo digo a despecho de las vanguardias, que consideraban el arte como un juego intrascendente. Vale la fórmula, pero no pasa de ser solamente un introito a la poesía verdadera, la que le gana la batalla al tiempo y se lee después de que hayan muerto los críticos que un día enaltecieron o menospreciaron al poeta de la poesía que estamos avistando en una lontananza de futuribles literarios.