miércoles, 26 de septiembre de 2018

ESCRIBIR CON EL LENGUAJE DE OTROS POETAS




 

                                      


A cierta edad y con una larga y enjundiosa experiencia de lecturas poéticas, uno se asombra de muchos poetas (el autor de este artículo se incluye en ellos sin retrotrae su mirada al pasado), que escriben con un lenguaje heredado del pasado literario.

Pensar que hay poetas y escritores que han sido galardonados con premios capitales y lo que han dicho en sus obras no nos cause la menor emoción, puesto que ya lo han dicho otros autores generaciones atrás, es como para repetir la frase de Mariano José de Larra pero extendiéndola a todo el mapa de habla castellana.

En efecto, leer poesía o prosa próxima al poema y no hallar un esfuerzo por desmarcar el lenguaje de lo previsible, de lo que se escribe con automatismo, es llorar. Creer que lo que decimos es muy importante porque nos lo parece a nosotros sin que haya un atisbo de respeto a la función poética, es doloroso, literariamente hablando, porque la poesía es algo más que comunicar ideas y sentimientos; la poesía es arte de la palabra ante todo.

Es moneda de curso legal que se ignore a los que han luchado por conseguir un texto poético desvinculado de adjetivos desgastados y tópicos grises ya. Si los que ignoran ese reto de autosuperación han logrado premios literarios suculentos, ¿para qué esforzarse en extraer de las minas del sistema de la lengua nuevos filones estilísticos? Ellos y ellas tienen la crítica literaria a sus pies. El esfuerzo queda relegado a los que necesitan ser reconocidos en los premios de ancho velamen, los injustamente arrinconados a la penumbra de la indiferencia. La injusticia literaria ha estado siempre presente en un país como el nuestro donde no hay demanda de lectores de poesía ni de obras que consideramos de intenciones creadoras más allá de la narrativa al uso.

Escribir poesía con visos de creatividad y dentro de las exigencias de un ritmo flexible pero  con la mirada puesta en la tradición, es llorar. Hay una política de consagrados que no trasponen unas líneas de medianía —no mediocridad— y en esa frontera se adormecen con libros idénticos y sin respiro de nuevos horizontes.

Son pocos los que, como quería el formalista ruso Vixtor Shklovski, escriben un texto que sorprenda, que indague en nuevas formas de expresión poética sin caer en surrealismo trasnochado como balanceándose para colmo de seudogenialidad  en un versolibrismo que se expone como el descubrimiento del Mediterráneo.

¿Cuánto saldrá una nueva generación de poetas que ponga la tradición literaria al día pero sin deudas de imágenes con el pasado?




lunes, 24 de septiembre de 2018

DIFERENCIAS ENTRE LA POESÍA AMOROSA, LA POESÍA ERÓTICA Y LA POESÍA PORNOGRÁFICA




A menudo se suele confundir la poesía erótica con la poesía amorosa y la poesía erótica con la poesía pornográfica.

En una época de libertad en la escritura, como es la nuestra, el anhelo de llamar la atención compulsa a más de uno a invadir el papel expresando deseos amorosos que trasponen los límites necesarios para que el talento señale dónde acaba un amor y dónde empieza el otro.

Como ejemplo de poesía amorosa tenemos a mano muchísimos ejemplos sacados de nuestra literatura, llamémosla oficial. Cualquier soneto amoroso de nuestros clásicos, de factura petrarquista, podría servir de modelo para nuestras valoraciones.

He aquí un sonetos de Góngora en el que describe a una dama con todos los elogios magnificadores posibles. 


De pura honestidad templo sagrado,
Cuyo bello cimiento y gentil muro
De blanco nácar y alabastro duro
Fue por divina mano fabricado;

Pequeña puerta de coral preciado,
Claras lumbreras de mirar seguro,
Que a la esmeralda fina el verde puro
Habéis para viriles usurpado;

Soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
Al claro sol, en cuanto en torno gira,
Ornan de luz, coronan de belleza;

Ídolo bello, a quien humilde adoro,
Oye piadoso al que por ti suspira,
Tus himnos canta, y tus virtudes reza.

                                               1582


Este grado amoroso se mantiene en un nivel aristocrático en que se exalta la nobleza física de la dama sin que el sentimiento de admiración pase a un plano donde se aprecie un indicio de otro atractivo.

 Veamos otro texto en el que sigue imperando el amor honesto, a pesar de que la manifestación amorosa va más allá de lo físico. Es el célebre soneto XXIII de Garcilaso de la Vega. Realmente no hay nada de erótico a primera vista, pero si indagamos en su función conativa —por diferencia a la función representativa-expresiva del soneto de Góngora—, nos daremos cuenta de cómo el poeta aconseja a la joven a que goce de su juventud con todo lo que significa el famoso Carpe diem.

En este soneto no hay expresión amorosa sino de admiración por lo físico y el entusiasmo que suscita la presencia de la joven. Hay un mensaje erótico insinuado con toda la galantería posible sin incurrir en una sensación aislada dentro de esos sentimientos apacibles de donde brota el incentivo de aprovechar el tiempo que le brinda alegría y enamoramiento. Erotismo, a mi ver, contenido pero saliendo de los límites de la prudencia de la época no obstante. La imagen de la rosa puede tener varias lecturas visto desde hoy, rompiendo el encorsetamiento de la atmósfera cortesana. Se exalta la belleza física para ser gozada, no sólo admirada como en Góngora.


En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.


Veamos ahora este soneto atribuido a Francisco de Quevedo, que no necesita comentario. En él dominan dos funciones: la representativa y la conativa al final, dentro de las funciones del lenguaje. Hay que destacar tres metáforas: la del brasero, la del cirio y el tizón, que le dan cierta categoría al soneto y que ”ennoblecen” sus intenciones pornográficas.

Estaba una fregona por enero
metida hasta los muslos en el río,
lavando paños con tal donaire y brío
que mil necios traía al retortero.

Un cierto conde, alegre y placentero,
le preguntó por gracia si hacía frío.
Respondió la fregona: "Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero".

El conde, que era astuto y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda como pavo,
que le encendiese un cirio que traía.

Y dijo entonces la fregona al conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
- Pues sople este tizón Vueseñoría.



EL POETA CANTA LA BELLEZA Y EL DRAMA DE LOS CAMPOS QUE SE QUEDAN SOLOS







Amo, oh campo, tus densos batallones de árboles,
y el vello de la hierba que es tu menudo césped,
pentagramas de surcos donde escriben las lluvias
preñez de los barbechos en tu embarazo agreste.
Mal ceño de la tierra, sed con lengua amarilla,
te pone la sequía o el pedrisco otras veces:
boca seca es el campo, cielo no solidario,
que te clava en tu carne aguijones de nieve.
Vives como montando guardia junto a los gallos,
junto al amanecer de claridad imberbe.
Que van quedando menos, que los jóvenes huyen
de este celo ancestral, en silencio lo temes.
Porque las nubes son las ubres de la tierra
y el agua que despeñan desde arriba es su leche.
Bendita cuando cae, aunque sea metralla
de cuarzos blancos, voces que gritan transparentes.
Sementeras encintas, la tierra se alboroza
lo mismo que se pueblan de vida las mujeres
cuando como los campos, cremalleras de surcos,
se ennoblece el terrón de su sangre en los vientres.
Labrador de metal, buey que tartamudea,
tractor, siervo de gleba, torreta de las mieses,
guillotina de herbajos, favor a brazos viejos
que cuando arrasa el tiempo se van volviendo endebles.
Pero la vida apremia y el vivir, imparable,
hace que el campesino tanto entienda de verdes,
y que arranque y que lave, que agaville y que ensile
y que sea del campo, a su manera, orfebre.
Partos de vegetales, alcancía que estalla,
tesoros exhumados, naturaleza riente,
la cosecha es la danza inmóvil con que baila
el campesino, música callada sus trebejes.
Las bestias son la escolta de su agraz señorío
en el feudo cerrado por distancias inertes.
El sudor y la lágrima se emparentan y guardan
un álbum de memoria que olvidaran adrede.
Campesino, testigo de un álbum de estaciones
que va pasando páginas con logros y reveses,
es el que menos júbilo compensador recuenta
y es el que más sudores y horas al sol invierte.
Todos en la ciudad realzan sus trofeos,
hartazgos de despensas, sin que nadie se acuerde
que el labriego partea los frutos a la tierra
y es el que más la ama y quien mejor la entiende.
Perdona, oh campo, a aquellos que pueblan la calzada:
no saben que la tierra es arca que se muere.
Que, al menos, estas manos del labrador te mimen
y su briega amorosa sea voz que te consuele.

Universo de Poeta
ISBN: 978-84-945808-5-7
Deposito legal: M-35534-2016

domingo, 23 de septiembre de 2018

DOS POEMAS DE MUJERES






 




MUJER SOLA

Mi pensamiento —en temerario vuelo—
ardiente osaba demandar al cielo
objeto a mis amores...

              G. G. de Avellaneda


Cercana a los cincuenta, en la adusta aduana
donde la menopausia me aguarda en su dintel,
soltera y solitaria en mi isla de fotos y rutinas,
me miro en el espejo, molesto confidente,
y veo que no soy la que hace algún tiempo,
los ociosos del bar le clavaban piropos
                               [procaces o atrevidos
en la diana íntima de su hambre callada
de amor, aunque mi andar un reto parecía
desde una exuberancia de jardín femenino.

Más de una vez rozaron por mi oído las alas
sibilinas de obscenas o turbias sugerencias,
y supe en soledades, tal si fuera un destierro,
el dolor de no ser amada como quise,
como se merecía la mujer que yo era:
imagen de los tiempos, sensata y algo esquiva,
pero siempre anhelante de viriles asedios,
soñadora del hombre que me deshojaría
cercándome con frases de emoción y ternura
y abriendo delicado mi expectante amapola.

Pero el príncipe aquel se quedó en su castillo
y no vino a buscar a su dama, acosada
por requiebros equívocos en esquinas arteras…

¡Ojalá por un día me hubiese abandonado
de su mano monótona y senil la cordura
y dejar que pusiera la pasión en mi boca
hambre de desvarío y el sabor instantáneo
de sus mieles fugaces y tener, además
de esa experiencia humana con ribetes de dicha,
vástago y compañía, aunque madre soltera! 


             De Poemas premiados (2014)


SEPARADA Y CON HIJOS, LEJANOS EMIGRANTES…

Separada y con hijos, lejanos emigrantes,
la cancerosa empieza a pisar los sesenta,
a veces sonriendo, tregua tan compasiva
que la ciencia regala a la carne paciente.

Se mira en los retratos que endulzan el pasado,
a donde va a beber dulzuras de nostalgia
(siempre el ayer triunfa sobre el agrio presente
y es rico de recuerdos, manirroto en suspiros).

Fiel amadora fue de tan ingrato esposo
que la dejó entre pliegues de manidas costumbres.
Y ella no tiene ahora más amor que el teléfono
por donde entra en su oído un hilo de consuelo,
que agradece una lágrima que los hijos no ven.

De LA NOCHE ES EL ENSAYO DE UNA  AUSENCIA (2014)

TAMBIÉN APARECIDOS EN ENCUENTRO POETAS DE AHORA (2016)


LA TERTULIA RÍO ARILLO DE LETRAS Y ARTES




Algunos miembros de la Tertulia reunidos en el chalé de la compañera María Jesús Rodríguez Barberá, junio de 2015


 
Fue a principios de diciembre de 1994 cuando en el estudio de Manuel Pérez-Casaux, tomándonos un descafeinado que nos puso Manoli, su esposa, se me ocurrió la idea de sugerirle a Manolo la fundación de una tertulia semanal, sueño que veníamos acariciando, balbuceando en los paseos y en las conversaciones devanadas en la terraza de La Mallorquina.
La reacción de Manolo fue automática: “¡Ya! Mañana mismo me pongo a redactar los estatutos”.
Entre la deliberación de capítulo y capítulo, imaginábamos cuál sería el escudo que pusiese un frontispicio a esa academia de café que soñábamos levantar con las palabras. A los pocos días, ya madurados y finalizados los capítulos del estatuto, Manolo me mostró el escudo que más adelante identificaría a la tertulia. 
 
                    
                    
 
Es una cita de Tibulo la que reza en el escudo, escogida por Manolo y cuyo texto completo dice: “Quem referent Musae, vivet, dum robora tellus,/dum caelum stellas,/ dum vehet amnis aquas” (Elegías, I, ix, 65-66: ‘Ese a quien cantan las musas vivirá, mientras la tierra tenga árboles, y el cielo estrellas; mientras el río conduzca sus aguas’.
Con la convocatoria de más de una decena de escritores y escritoras de la ciudad se fundó la tertulia el 23 de enero de 1995, celebrándose este fausto literario en la Sala Bolero, como preámbulo de la reunión semanal, los lunes, en la Cafetería Napoleón. Desde 1995 hasta el 2000 se llegarán a contar como asistentes, aunque muchos de ellos fueron efímeros, 48 contertulios, de los cuales, de manera estable, permanecerían alrededor de un promedio de doce a catorce como asistentes, aunque el número teórico, como hasta ahora, ha oscilado en torno a los veintidós. El día elegido para la continuidad fue el jueves desde hace catorce años. Su primer coordinador fue el escritor Alfonso Estudillo Calderón, creador y redactor de la revista literaria “Arena y Cal”, publicada desde 1995 hasta el 2002 en papel y luego ha continuado en edición digital. En ella escribieron algunos miembros de la tertulia, de la que más adelante, su coordinador fue Manuel Pérez-Casaux y actualmente es Juan R. Mena. 
 
En sus comienzos, en la programación del mes figuraba como “Grupo Río Arillo de Letras y Artes”; más adelante, la denominación de “Tertulia Río Arillo de Letras y Artes” pasó de lo conversacional a lo oficial y así lo llevan en su membrete las sucesivas programaciones hasta hoy.
Varios han sido los locales de reunión que ha tenido la Tertulia desde su fundación. En primer lugar, en la Cafetería Napoleón en la calle San Nicolás, 4,  hasta la actual Lua Café-Copas y Cervecería, en la calle San Diego, 10, esquina a Las Cortes. pasando, entre otras más efímeras, por la Cafetería y Pastelería La Chiclanera, en la calle Real, 101, donde la permanencia ha sido la más duradera de todas, si bien no hemos de olvidar estancias en La Mallorquina, en la que también el Grupo ha celebrado cenas y almuerzos en determinadas fechas con la participación de los contertulios y familiares de éstos.
Miembros de la tertulia han conseguido premios literarios que son consignados en la Revista PLéYADE, órgano de publicación del grupo con trabajos en prosa y verso; asimismo, han sido presentados libros por parte de sus componentes en determinadas ocasiones. 
 
 
También hay que reseñar la participación de sus miembros en programas literarios en Radio La Isla. 
 
Aquí traemos desde el corazón a la página un recuerdo entrañable para los compañeros desaparecidos, que compartieron con nosotros tantos momentos de nuestras actividades dentro de la tertulia.
Una programación rige la marcha del interés cultural y es, sin embargo, flexible para dar cabida a todos los contertulios que deseen intervenir. Por poner un ejemplo, citemos la más reciente:

  

 

Modelo de cita de programación

                 


Tertulia Río Arillo de Letras y Artes
 fundada en enero de 1995
 CURSO   2014-2015
 MES DE ENERO


Jueves    8. Tertulia para contactos: exposición de temas para el nuevo año, así como conversar sobre la celebración de los veinte años de fundación de la Tertulia Río Arillo de Letras y Artes.
Jueves   15: Mi lectura o mi libro de reciente lectura. Un comentario después de leer un párrafo que haya gustado
Jueves   22:de Lectura trabajos personales.
Jueves 29: La tarde de Carmen Navarrete. Volveremos a este apartado. Media hora, aproximadamente, estará dedicada a que un componente de la Tertulia lea sus trabajos: cuentos o parte de una novela o de un ensayo o poemas intercalando comentarios, si lo precisa.
  Los miembros de la tertulia han considerado siempre esta reunión como un encuentro de gentes que tienen deseos coordinados en seguir el precepto clásico horaciano de “prodere et delectare”, traducido libremente como un aprendizaje que gusta, similar al “Dulce et utile”, además de establecer la amistad como hoguera en torno a la que se entiende y se estiman los que se acercan a su calor humano y considerándose bien acogida toda persona que quiera formar parte de la camaradería del grupo.
 
 
 
 
Algunos miembros de la Tertulia en reunión
 

ESCRITORES GADITANOS QUE CONOCÍ




 Playa de la Victoria (Cádiz)

En este apartado figuran poetas nacidos en Cádiz, o bien residentes habituales en esta ciudad, ya fallecidos. Hay entradas en Internet donde se puede conocer a estos autores. Lo que me lleva a elaborar esta página es el recuerdo de cómo los conocí, sin que ello suponga una información mayor que la que se puede obtener de ellos en otras fuentes. Es una evocación afectiva más que cultural, aunque este intento mío no conlleve  necesariamente una somerísima muestra de su actividad poética. Si se me olvida alguno, agradecería que me diese su nombre quien lo haya conocido. Gracias.



 Adela Medina Cuesta (1885-1983)



Conocí a Adelita, Gitanilla del Carmelo, un día de julio en que el fuego del verano de 1969 se enconaba con la plaza del Mentidero de Cádiz, donde ella vivía. El sol le cogió querencia a su balcón y detrás de él, Adelita me nombraba Caballero de la Orden del Clavel, entregándome un clavel de papel muy bien confeccionado por ella misma y una estampa de la gaditana  Virgen del Carmen con una dedicatoria. Sé que escribía poesías y bordaba enseres para las Vírgenes de su tierra, en especial para la Virgen del Desamparo.


Maro Afrán (Manuel Rogelio Aparicio Franco) (1911?-1995)

Conocí a Maro Afrán en la tienda de mi madre. Maro Afrán era una especie de seudónimo de su nombre voluntariamente deformado que él utilizaba para escribir. 

No sé cuáles habían sido sus circunstancias en otras épocas de su vida. A la tienda de mi madre llevaba, en un cesto grande, sobres de tisana para la venta al por menor. Era una de las maneras de buscarse la vida. Nos caíamos bien y conversábamos sobre ilusiones literarias, él sobre novelas y yo sobre poesía. Ya era un hombre que rondaba los setenta años y yo la mitad de su edad. Me dijo que iba a dar un viaje por toda España y que iría a Madrid a presentar sus novelas a un editor. Después de que mi madre cerrase la tienda, deje de verlo y no supe más de él.  


Miguel Martínez del Cerro (1912-1971)


Conocí a Miguel Martínez del Cerro (don Miguel) a principios de 1969 en lo que hoy es la sede del rectorado de la Universidad de Cádiz en la calle Ancha. Fue una tarde en la que se celebraba una de las tertulias de Educación y Descanso, dirigidas por José Segura López. Don Miguel, otra persona más que no recuerdo ahora, y yo, formamos el jurado del certamen ese día. El primer premio fue otorgado a Ignacio Rivera Podestá por una décima que encantó al catedrático de Literatura, y también al otro miembro del jurado y a mí. 


José María Álvarez Galván (1923-2010)

Conocí a José María Álvarez Galván en la Tertulia Río Arillo de Letras y Artes, que se reunía en la calle San Nicolás de San Fernando, en concreto, en la Cafetería Napoleón, allá por los finales de los años 90, posiblemente en el 96 ó 97 y vino como autor invitado, seguramente, por el narrador y director de Arena  y Cal Alfonso Estudillo Calderón, que era a la sazón presidente de la Tertulia. Esa tarde leyó poemas suyos, y muy especialmente sonetos, que era, por lo visto, su estrofa favorita.


Ignacio Rivera Podestá (1929-2010)


Conocí a Ignacio Rivera en el casino de doña Nuncia de San Fernando, situado en la Alameda Moreno de Guerra, durante la segunda Tertulia de Educación y Descanso, en 1966. Hice amistad con él y quedó en enviarme alguna revista de poesía de las muchas que recibía, demás de las suyas, “Torre Tavira” y “Arrecife”. Al poco tiempo de conocernos me envió una revista de Murcia llamada “Contraluz”. En ella venían unas bases de un certamen de poesía en Barcelona, bajo el nombre de Premios Carabela. Envié un poemario y quedó finalista, en octubre de 1967. El libro apareció a primeros de 1968. Colaboré en varias ocasiones en "Torre Tavira". Supe de su fallecimiento, casualmente, por internet. Llamé a su sobrino Juan José y le di el pésame, además de hacerle unos comentarios acerca de la amistad que me unía a Ignacio. Me dijo que él se hizo cargo de la biblioteca de su tío, que era espléndida en libros y revistas de poesía. Yo lo visité varias veces en su domicilio de la calle General Luque, a vueltas de la calle San Francisco, tal vez la más céntrica de Cádiz, junto a Columela.




Juan Antonio Sánchez Anes (1929-1997)


Conocí a Juan Antonio Sánchez Anes en una Tertulia de Educación y Descanso en Cádiz, en la que leyó unos “Sonetos a Suilka”, posiblemente en 1967, en la misma sede que hoy lo ocupa el rectorado de la Universidad. Recuerdo que llevaba un traje blanco, que junto con su cabello pelirrojo le daban pinta de inglés o nórdico. Falleció en 1997. Manuel Pérez-Casaux y yo estuvimos en el tanatorio  de Nuestra Señora del Rosario y le dimos el pésame a sus dos hijos y a su esposa, que falleció poco tiempo después. 



Manuel Arjonilla Terrero (1930-2006)


Conocí a Manuel Arjonilla en una Tertulia de Educación y Descanso sobre 1967. Recuerdo que me habló de un tal Manuel Pérez Casaux, que tenía familia en La Isla y que era sobrino del famoso violoncelista Casaux.  



José Manuel García Gómez (1930-1994)


Conocí a José Manuel García Gómez en su casa de la calle Cervantes, en mayo de 1966. Yo sabía de su existencia y saber poético por medio de Diario de Cádiz, pues por aquella época en dicho Diario figuraba los domingos una página central dedicada a un poeta, casi siempre de la generación del 27 y también de los de la generación del cincuenta.
Yo le llevé una cuidada libreta de poemas manuscritos y él se lo quedó durante unos meses para leerlos y darme su opinión posteriormente. Para ser exacto, también supe de él por la poeta Pilar Paz Pasamar que me dijo una tarde que fui a visitarla en su gaditana casa de la calle Brasil, en septiembre de 1963, que era algo así como una eminencia en poesía. El poeta barbateño Paco Malia Varo dijo de él en una de las tertulias de Pepe Segura que era “un erudito de la poesía químicamente pura”. Así que su nombre no se me olvidó y, como he dicho arriba, tres años después de visitar a Pilar Paz, fui a entregarle aquellos poemas escritos a mano con tinta de corazón. Dirigió la revista de poesía "Caleta", en la que colaboré. En 1970 fundó en Cádiz el Colegio Argantonio.



 


Fernando Quiñones Chozas (1930-1998)


Conocí a Fernando Quiñones en 1972, un día de la semana de los Alcances,  Festival de Cine Documental en Cádiz. Creo que fue la tarde que se proyectó la película Carros de fuego. No hace falta decir que estos Alcances tenían el empuje básico del escritor chiclanero-gaditano. Años antes yo había leído de él su libro editado en Adonais Cercanía de la gracia, que me prestó Antonio González Muñoz, profesor amigo, por cuya generosidad leí varios libros de poesía a comienzos de los años sesenta. 
 
Aunque nacido en Chiclana, Fernando era tan gaditano como chiclanero, tan sencillo como simpático y ocurrente.



Leonardo Rosa Hita (1932-1993)


Conocí a Leonardo Rosa la misma tarde en que conocí a Ignacio Rivera, buen amigo suyo, en el casino de doña Nuncia de San Fernando. Seguí su trayectoria poética por publicaciones que me enviaba Ignacio en las que él colaboraba a menudo, además de la edición de su cuaderno Jardines de la sangre.



Diego Sánchez del Real  (1932-2014)

Conocí a Diego Sánchez del Real en un acto del Ateneo gaditano, del que era miembro activo, en la década de los ochenta. Diego era jiennense, fundador en su tierra natal de la revista “El Olivo”, también colección de libros, así como creó la revista de poesía "Vientos".



Rafael Soto Vergés (1936-2004)


No conocí personalmente a Rafael Soto Vergés. Noticias de él me llegaban por boca de Ignacio Rivera, que lo conoció y le publicaba de vez en cuando en su revista “Torre Tavira” poemas, en unión de otros poetas. Supe también de él  por medio del poeta arcense Antonio Hernández,  que me contó un día en Cádiz que había fallecido su esposa, todavía joven, y que Rafael estaba hondamente abatido por el triste acontecimiento.


Antonio Rodríguez Lorca (1940-2010)

Conocí a Antonio Rodríguez Lorca en la playa de la Victoria, una tarde en que Manuel Pérez Casaux y yo coincidimos en una de las visitas al mar gaditano allá por los años noventa. Era granadino pero afincado, por su destino militar, en Cádiz,  donde falleció. Manuel y él se conocían, y este conocimiento fue el motivo de que se parase con nosotros y conversáramos unos minutos aquella tarde de verano, posiblemente del año 94 ó 95.  Nos invitó a publicar en la revista literaria “Tántalo”, que él dirigía, y en la que me editó poemas en varias ocasiones.





Rafael de Cózar Sievert   (1951-2014)

Conocí, antes que a él, a su madre, Concha Sievert, que frecuentaba las Tertulias de Educación y Descanso (1966-1974 ó 75). Recuerdo que era pintora y lo mismo que yo y otros tantos invitados e invitadas formábamos ese grupo de fieles concurrentes  a esas Tertulias que Pepe Segura dirigía. Conchita me habló un día de su hijo Rafael, que residía en Sevilla, donde estudiaba. Supe después que Rafael estaba vinculado a la revista poética "Marejada", órgano literario del Grupo del mismo nombre (1971), que conducía en Cádiz Jesús Fernández Palacios junto con José Ramón Ripoll y posiblemente otros que no llegué a conocer.

Una tarde llegué, por fin, a conocerlo en la presentación de un libro en la Diputación de Cádiz. Entablamos una breve pero simpática conversación después de que yo le dijera que lo conocía por referencia de su madre, Concha Sievert, en una de las Tertulias de Educación y Descanso en las que coincidíamos.





 



sábado, 22 de septiembre de 2018

¿PARA QUÉ LA ENSEÑANZA DE LA LITERATURA?






Casa de la Cultura y Biblioteca Municipal de San Fernando (Calle Gravina)




En los objetivos de la enseñanza de la Lengua y la Literatura que se ha de exponer en la memoria exigida en las oposiciones, hay que ser muy precavido y tener la perspicacia de considerar la Lengua como la asignatura básica, incluso para aprender  y enseñar la Matemática, considerada hoy junto a la Física y Químira y las Ciencias Naturales, como disciplinas fundamentales para la cultura contemporánea con orientación científica. 

La Lengua, incluso entendida como habla, basada por supuesto en la norma, es el medio de que disponemos para el entendimiento las personas, sólo así somos personas con todos los derechos jurídicos que ello comporta y, además, personas hablantes, aunque esto parezca una redundancia.

Ahora bien, lo que le interesa al autor de este artículo es ponderar de cara a los alumnos la importancia que tiene la Lengua en todos los niveles: hablada, escrita en los usos sociales y recreada en la Literatura. Sin la Lengua no nos podemos mover, pero no podemos restringir el empleo de la Lengua a las necesidades de cada día, de cada momento para relacionarnos; además, de esta instrumentalización práctica, la Lengua tiene capacidad de traducir nuestra imaginación, de darle voz a nuestras fantasías, de modo que esos contenidos de conciencia se quedan escritos como actas preciosas de nuestra intimidad; ése es, pues, el uso más querido de la Lengua, el que recoge nuestros sentimientos y, precisamente por esta confidencialidad, la escritura alcanza un grado de nobleza que incumbe a todos porque ¿quién no ha escrito alguna vez en su vida un bosquejo de su interioridad como para retenerlo en el papel con el fin de que le sirva de recuerdo en un inevitable deleite de sentirse protagonista de unas vivencias intransferibles? 

Por ello, la Lengua ha de ser enseñada en esos tres niveles: el educativo, el conversacional e instrumental y el creativo.

Dice Anacarsis, filósofo escita que vivió en el siglo VI a. C: "La lengua es lo mejor y lo peor que tiene el hombre". Eso significa que la Lengua tiene una responsabilidad incuestionable. Se educa al alumno en el valor de la Lengua. En las declaraciones que nos pueden comprometer así como en el uso descuidado y también como en la recreación de nuestros pensamientos en el papel, el hablante y el escritor ponen su corazón o bien lo ocultan con la palabra, que no se oculta esta opción manipulada de la Lengua.

Para el alumno la enseñanza de la Lengua es capital y el amor a ella lo conduce a la Literatura, que lo mismo amplía los horizontes del conocimiento que lo deleita con su lectura. La Literatura es la historia de los sentimientos del hombre durante los siglos. Querer ignorarla es renunciar a la propia identidad como ser humano. Toda la Literatura romántica o de ficción, filosófica o humanística, publicitaria o periodística enriquecen al ciudadano y la renuncia a ella es condenarse al empobrecimiento mental y a la marginación social en el orden de las relaciones entre ciudadanos de una misma comunidad lingüística.


La Lengua tiene sus límites como los tiene el pensamiento, aunque está claro que la riqueza del pensamiento va más allá de las posibilidades del lenguaje; aun así, oigamos la frase  siguiente de Ludwig Wittgenstein : "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”. 

Sigo creyendo que hay ideas que la Lengua no podría expresar, como  aquel “un no sé qué que quedan balbuciendo” de San Juan de la Cruz, como impotencia o limitación de la Lengua, al revés de lo que dice el filósofo alemán (aunque él dice su lenguaje) y que se queda en lo inefable,  pero ya es bastante de agradecer el servicio que nos prestan las palabras.