martes, 27 de abril de 2021

HEGESIAS O LOS SONETOS TRÁGICOS

 

 

 SINOPSIS

 

El nombre de Hegesias no es más que la entrada a una cosmovisión en la que se impone el realismo sin dejar oculto ningún rincón de la conciencia de los seres humanos, expresado en un registro dirigido a un amplio destinatario.  Este análisis de la vida íntima  en los muchos aspectos de su condición pone a prueba nuestro criterio cuando hay que escuchar la voz honda de la experiencia, que considera, en ocasiones, el amor como un conflicto más que una satisfacción. Hegesias fue un filósofo de Cirene (300 a. C.) convencido de que la vida no es un don de desear y que la muerte es la mejor respuesta a sus muchas preguntas.

La lucha entre el pesimismo y una batalladora y positiva  voluntad va manteniendo un forcejeo a lo largo de los 122 sonetos de que se compone este poemario. 

 

 

TE DA MIEDO MIRAR AL INFINITO…

 

Te da miedo mirar al infinito,

pues tanta soledad te aturde y ciega.

Ni siquiera, minúsculo, te llega

un eco frío de tu largo grito.

 

 La duda te ha segado mito a mito

y la razón a darte luz te niega.

¿Ir por la vida con el alma ciega

como si todo ya estuviera escrito?

 

 Quieres que exista un orden en el cielo,

Tú le pondrías lumbre a tu desvelo

tras la verdad a tientas, siempre en pos.

 

 

 Te pesa el universo y te anonada

y te pregunta, voz de encrucijada,

si el Carpe diem o creer en Dios.

 

 

LUCHA INTERIOR DE ESPOSA ATORMENTADA

 

Yo, una mujer, he de callar mi historia

y aparentar mi amor con mi marido.

Hacerle ver que el único que ha habido

es él en mi amorosa trayectoria.

 

 

Pero otro amor me ronda la memoria

y tengo que aparcarlo en el olvido.

Pensar, qué triste, que lo más querido

es para mí una oculta escapatoria.

 Tardes de playa y parque en que gozamos

cuando a besos y abrazos nos amamos,

para siempre olvidar como si nada.

 

A Dios pedirle que olvidarlo pueda.

Que con hijos y esposo, qué me queda

sino pasar por una esposa honrada.

 

 

 


 

domingo, 18 de abril de 2021

LOS PROYECTOS Y LA FELICIDAD

 Hay quienes se pasan la vida diseñando proyectos para unos logros tanto a corto como a largo plazo; cuida sus relaciones con los demás individuos que los rodean y con los que cuenta para posibles realizaciones. Ello crea un poco de angustia y obsesión por los temores que conllevan ese periplo de navegación por las circunstancias de su entorno de influencias. Es obvio que traslado estos planteamientos a la equívoca vida de la Literatura.


Hay escritores y poetas que se pasan la vida intentando afinar la diana de sus anhelos buscando ese blanco que les garantice el éxito. Vivir para ellos y ellas significa triunfar, ser muy tenido en cuenta en críticas y reconocimientos que mantengan encendida la llama de su desvelo celebrador. Y me pregunto, ¿merece la pena estar en guardia en el torreón de nuestras ilusiones para conseguir que te tengan en cuenta en una antología de amplia tirada donde están los elegidos, o bien en una historia de la literatura que dogmatizan unos señores o señoras que no son, por supuesto, omniscientes?

No se puede vivir, y con esto pongo en alerta a los jóvenes y menos jóvenes que empiezan su navegación por las a veces tormentosas aguas de la gloria de la bella escritura.

¿Escribir para ser víctima de lo que se ha escrito porque no lo tienen en cuenta no siquiera los amigos contertulios, ni en esa misma tertulia en la que están compañeros y compañeras aludiendo a otras obras y nunca se acuerdan de la tuya? Eso no merece, repito, la pena. Hay que aprender a reír, como dice Nietzsche en su Zaratustra. “¡Hombres superiores, aprended a reír!”.

Recordemos que Bécquer buscaba en una rima suya la gloria y acababa preguntándose que dónde estaba la gloria, esa gloria de figurar en conversaciones tertulianas y en antología s de antólogos que van de eruditos y, al final, se constriñen a su capricho o a las iniciativas consultadas de otros.

Lo importante de la vida, jóvenes que buscáis los laureles públicos, es ser feliz sin que esa felicidad dependa de los superenterados y no nos ponga en la cuerda de presos de la, en ocasiones, maligna voluntad de los otros.



Se puede ser feliz escribiendo —ya que estamos en esta palestra de la literatura nacional o provinciana—, un relato o un poema que figure en un blog en el que te recreas como la madre en su hijo y solamente con esa contemplación para andar por casa debes sentirte feliz, llenar tu alma de una dicha moderada y permanente, pues nadie la puede modificar ni segar con su mala hoz literaria. ¿Qué vas a llevarte al más allá? Lo que te enriquece y sacas del filón de tus posibilidades, de tu libre individualidad, nunca, procúralo, influida por los que hoy son amigos y mañana no lo serán.



Acuérdate del sabio pensamiento, yo diría que aforismo, de un gran poeta inglés que se reía de ese brillo del nombre propio en los frontispicios de la acrópolis arbitraria de la fama. Ese poeta buscaba la felicidad no precisamente en las tertulias ni en las antologías ni en las exposiciones de la Feria del Libro de su pueblo. Lord Byron escribió lo siguiente:

“La diferencia entre la gloria real y la ficticia consiste en sobrevivir en la historia o en una historia”.

El escritor y poeta ambiciona sobrevivir en la historia, claro que con mayúscula, pero ha de conformarse con vivir en una historia, la historia suya de cada día en la que él se ha defendido con uñas y dientes su libertad, su sencilla satisfacción, y es la que yo le sugiero aquí. Lo demás, como dice Hamlet, es silencio. Silencio, sí, porque hay escritores y poetas que buscan la felicidad en placeres perniciosos como alcoholismo tabaco, droga, ya que no lo obtienen en sus proyectos.
Vuelvo a la frase del filósofo alemán y a la otra del poeta inglés. Ahora lo demás es saber ser feliz sin que nuestra felicidad dependa de la bondad de otros o del azar que entreteje el lienzo bello y feo de la vida. ¡Ánimo, remadores de la galera de la felicidad!

martes, 6 de abril de 2021

OTRA VEZ A VUELTAS CON LA POESÍA PURA

      

Ya en otra entrada de este blog tocamos en su día el tema de la poesía pura y llegamos a la conclusión de que ésta no se definía por los temas más o menos alejados de la lírica común en cuanto a vivencias cotidianas con un trasfondo social.

 

Recuérdese la batalla literaria entre los poetas puros y los impuros. Juan Ramón contra Neruda, por ejemplo, tomándolos por cabeza de grupos. “Índice” contra “Caballo verde para la poesía”, aunque medien unos años de existencia entre una y otra.

 

A mi parecer la poesía pura no está en el tema sino en el lenguaje. El registro poético se ha ido imponiendo a partir de lo que Jakobson llamó “la función poética”. Para quienes lo han perseguido uno es el lenguaje de la narrativa y otro es el de la poesía. Que ambas estructuras como procedimientos de expresión literaria son primas hermanas, no cabe duda; pero que intentan distanciarse, distinguirse, diferenciarse, también.

La conciencia poética de que no se puede seguir repitiendo la forma con sus frases hechas se va imponiendo y hoy raro es el que escribe que no intente “transgredir” la lógica de la expresión con un amago surrealista, una tentativa  espontánea de deconstrucción del lenguaje continuista.

 

Si lo vemos detenidamente, en nada se distingue el lenguaje de Garcilaso del de otros poetas de siglos siguientes. La blanca nieve,la colorada rosa, la furia del mar en movimiento, los labios como rubíes, la cabellera de oro, en fin, todos los lugares comunes son ya en gente que escribe tópicos respetables pero en progresivo desuso.

 

Incluso dentro de la poesía de la generación del 27 antecesora de la del 36, tampoco vemos muchas diferencias. Como no sean un Federico García Lorca y un Miguel Hernández, los anhelos de emancipación lingüística en otros poetas co-generacionales son escasos y por ello las imágenes son también, en cierto modo, deudoras del pasado, aunque suavemente mitigadas.

Algunos poemas de Juan Ramón Jiménez de La estación total tienen conciencia de esa necesidad de cambio de registro, si bien el poeta onubense ya  tuvo una intuición a partir de Diario de un poeta recién casado, libro con el que empieza una nueva fase de su poesía, la intelectual, lejos de la fase sensitiva, en la que aún emplea una fraseología modernista, como sabemos.

 

A modo de conclusión, insisto en que desfigurar el lenguaje que se emplea en los versos y sorprendiendo al lector es como entraríamos en una nueva época de la poesía convenciendo con ello a los creen que la novedad poética está en el verso libre y en el lenguaje desgastado y falto de sugerencias o en la expresión delirante.

 

Realmente, si lo miramos despacio, la poesía, hasta esta toma de conciencia creativa, ha estado siempre obsesionada con el tema. Y a la gente, ¿qué le importaban, por mucho que lo intentaran los poetas de los cincuenta y sesenta, los valores humanos y la denuncia contra la política de la dictadura en el texto poético? Poetas como Dámaso Alonso —Hijos de la ira—, Blas de Otero, Celaya (“La poesía es un arma cargada de futuro”), Caballero Bonald, Ángel González, Valente, Biedma, Mantero…, y otros  muchos más de los años cincuenta y sesenta gastaron sus municiones  en una guerra que ni les iba ni les  venía a los lectores. En fin, protestas y denuncias que no contribuían al registro poético y que, sin embargo, a los poetas Novísimos, de espaldas a aquellas preocupaciones temáticas, les vinieron muy bien para sacudir la poesía de esos buenos deseos y tejer como en un lienzo nuevas aventuras expresivas, al menos como un intento de entusiasta exploración.

 

Escribir teniendo en cuenta  qué clase de pureza se ha de alcanzar, fuera de los temas sutiles de quienes creen que la poesía pura es delicadeza de “Stil nuovo”, sería entonces transportar al lector, sacarlo de la vulgaridad de los hechos cotidianos y  montarlo en las alas ficticias del vuelo hacia un mundo que no existe tal vez, pero, sin duda, es gratificante de imaginar.

 

Ya dijo Goethe que todo está dicho pero lo que haya de ser escrito ha de hacerse con un nuevo lenguaje. O se viola la semántica o se sigue haciendo lo mismo: poesía continuista aunque se premie y se alabe por el tema, sobre el cual

ya citamos la frase del poeta francés Leconte de Lisle:”Solamente hay poesía en el deseo de lo imposible y en el dolor de lo irreparable”). Por lo tanto, escribir sería igual a crear. Y eso, comprendámoslo, no es nada fácil.