domingo, 31 de diciembre de 2023

MEMORIA QUE ACOMPAÑA

 

 

 

 

Tarde quieta de otoño

en  la ciudad pequeña.

Plazuela recogida

con su alma desierta.

Campanadas pausadas

con recodo de iglesia.

 

Se va hacia el mar la tarde

en caravana lenta

de rojos y amarillos

que esquivan la tristeza

de los ojos sombríos

de una noche que acecha.

 

Aquí mis veinte años

la esperaban a ella.

No importa donde esté.

 

Todo aquí la recuerda.

Si cierro la mirada,

como si aquí estuviera,

todo está como entonces:

La memoria consuela.

 

SPECULUM. CLUB DE LETRAS, NÚMERO 49  

 

CALAS DONDE MEDITA EL MAR (2022)

sábado, 16 de diciembre de 2023

CRÍTICA A EROTHYA O SONETOS DEL AMOR POR DENTRO

 

  

Speculum
Libro: Erothia
Autor: Juan Rafael Mena 
Editorial: dalva
Lugar de edición y año: San Fernando (Cádiz), 2019
Por Ramón Luque Sánchez


Después de una larga e intensa trayectoria poética, Juan Rafael Mena Coello nos sorprende con este libro, Erothia, que rompe con todo lo que había publicado hasta ahora. El poemario hay que situarlo en ese deseo de

progreso y evolución que caracteriza la obra de su autor. En este caso,

vuelve al soneto, que domina con maestría, pero aborda un nuevo tema, el de la poesía erótica. Es un viaje a través de los grandes temas del erotismo, unas veces utiliza referencias populares, como cuando hablar de los cuernos y el deseo carnal, o la esposa insatisfecha que busca un consuelo fuera de la cama matrimonial, y otras se adentra en una poesía culta, cercana a lo

mítico. Lo picaresco, propio de nuestro Siglo de Oro, y la burla simpática

conviven con el tono moralizante y la reflexión sosegada, propia del hombre

sabio y discreto que es su autor. El abordar un tema que se presta al

escándalo, algún malintencionado puede verlo así, no quiere decir que el

poeta recurra a lo soez o pornográfico, todo lo contrario, toca los grandes

temas del erotismo, pero lo hace siempre con sumo tacto, casi con liviandad, con respeto pero también con gracia y hermosura. Sugiere más que muestra, susurra más que pregona. Los poemas abordan estos temas desde la sutilidad, desde un desenfreno muy frenado.


El lector no encontrará en el libro nada que suene a vulgar. Sí se puede ver

un cierto desafío, ya lo es el atreverse a escribir sobre estos temas, pero es

que la literatura y el arte deben tener un componente que provoque, que

remueva las conciencias, que, en definitiva, nos haga reflexionar. Juan

Rafael Mena lo consigue con este libro.


Erothia está compuesto por 75 sonetos, destacan por la búsqueda de un

vocabulario novedoso, solo así se consigue que los temas que trata suenen a actualidad, y esto sin dejar a un lado esas fuentes clásicas de la que parte el autor. Desde luego, no se trata de un libro de sonetos eróticos para

complacencia del público, sino que, como señala el propio autor en la

sinopsis de la obra, hay un análisis de almas atormentadas por experiencias

íntimas no confesables, a las que se les da un tratamiento literario dentro de un contexto de estoicismo hispánico que se inicia en la Baja Edad Media.

Pretende que este libro sea un espejo en el que podamos observar nuestras

apetencias y debilidades, para que podamos reflexionar y ver la materia de la que está hecha el alma, así como nuestros sueños y deseos.

Leer el libro es una gozada. Ingenio, atrevimiento, descaro, comedimiento,

parsimonia, pasión, genialidad, sensualidad, intuición… Lo banal y lo

profundo, lo instintivo y lo meditado, lo etéreo y lo consistente… Todo esto

y mucho más encontraremos entre las páginas de Erothia, un libro que ha

nacido para desvelarnos nuestras debilidades y hacernos pensar, un libro que expone el drama de aquellos que viven su sexualidad en la clandestinidad, por salirse de lo que algunos biempensantes consideran convencional. Una de las características de la poesía de Juan es que es fruto, esencialmente, de su intelecto y del estudio. En este caso observo algo más, por entre estos versos, vamos a ver a Juan, lo que la vida le ha enseñado, lo que le ha prohibido, lo que él ha imaginado. Sin duda estamos ante un gran libro, en él encontraremos expuestos esos deseos recónditos que todos, da igual que seamos hombres o mujeres, hemos sentido alguna vez.

 

Como conclusión, solo resta decir que el libro rebosa sabiduría por los

cuatro costados, aunque sería más apropiado decir por todos sus versos.

Nuestro querido poeta es, sin dudarlo, una persona con un enorme bagaje

cultural; pero no solo acumula conocimientos, la grandeza de Juan es que

atesora sabiduría, algo muy distinto, consiste en un saber estar y decir, en un saber callar, en unas reflexiones profundas, producto de las lecturas, pero también de sus vivencias. Y hablar aquí de vivencias es hablar, sobre todo, de vivencias imaginativas, de lo que muchas veces vemos y oímos y de las conclusiones a las que llegamos. Y todo esto lo vuelca Juan en Erothia, que se convierte en un muestrario de las pasiones humanas, y de todo lo que nos roba el sueño. Consigue así el autor convertir este bello libro de sonetos en una lección de vida, en una lección de conocimientos que se pueden aplicar a nuestra propia vida. Seguro que las personas que lo lean van a aprender mucho de la condición humana con su lectura.



 

Final del formulario


TRADICIÓN Y MODERNIDAD

 


Muchos y muchas que escriben no saben que están influidos por los textos traducidos de poemas ingleses y norteamericanos ( o de cualquiera otra lengua). Y no lo digo por el contenido sino por la forma de presentar el poema. La gente joven, que se suele en su mayoría dejarse arrebatar por las novedades, más aún si carece de formación básica de elementos de la escritura, escribe acordándose de esos poemas sin rima y sin ritmo. No es que éstos sean imprecindibles para escribir poesía, pero el ritmo es incuestionable para darle arquitectura al poema. Lo contrario no deja de ser prosa deshilachada que evidencia la  ignorancia del que escribe, o también manifestar sus ínfulas de genialidad. Y es que desde la famosa libertad del romanticismo todo el mundo quiere innovar y soñar con ser un genio rompedor; pero sabemos que la poesía es un conjunto de forma y fondo, aunque estas condiciones suenen a preceptiva tradicional. Logradísimos poemas contemporáneos están escritos con riguroso metro demostando una actitud respetuosa con el pasado literario, de donde procedemos los que hoy escribimos. Me acuerdo de poetas como Miguel Hernández, que fundió el ritmo ortodoxo con algunos versos libres pero dándoles a todos ellos un aire de homogeneidad. Véanse las odas  dedicadas a Vicente Aleixandre y a Pablo Neruda. Es lo auténticamente moderno: fundir tradición y moderdidad. Y es que escribir con las reglas de la tradición no significa no salir del clasicismo a ultranza, sino darle flexibilidad al poema. Otra cosa es, repito, la ignorancia reiterada y, a veces voluntaria que le da la espalda al acervo de los siglos que nos puede enseñar y beneficiar en nuestro quehacer poético. El mismo Vicente Aleixandre escribió su poema “Se querían” en buenos versos alejandrinos a pesar de que casi todo su obra está en clave versolibrista, y es que la generación del 27 se enriquece hendiéndose entre las aguas de la usanza clásica y las  de las vanguardias, como sabemos. Lo admirable es fundir el pasado literario con ciertas innovaciones que no contradigan esa fluencia que nos llegan de los magisterios canónicos, sino que la hermoseen, lo cual denota por parte de quienes escriben tres cosas: gratitud al pasado, conocimiento y habilidad.

Como habrá notado el lector, lo que me parece aceptable y satisfactorio, al menos para mí, es que se vea en lo que se escribe una huella de nuestros clásicos; ellos, que nos deleitaron y enseñaron. Vaya, como un brindis, por la memoria magistral que sirve de faro en el revuelto mar de las innovaciones.

 

 

sábado, 9 de diciembre de 2023

AMOR PARA LA HISTORIA DE UNA CULPA

 Llegará un día en que nuestros recuerdos serán nuestra riqueza.

                                           Paul Geraldy


Como a hurtadillas roza el pasado mis sienes,
me viene sigiloso con sus pies de gacela
y lo mismo que un bosque desdobla sus ramajes,
él toda la espesura de recuerdos despliega.
 

Se me dobla la cinta de mis años ajados
y aparece en su envés tu adolescencia esbelta,
destello que adelgaza el rubor de un suspiro
inasible y etérea como tu silueta.



Mis ojos, dos donceles que sus redes te tiran
para cazar un sueño que nace en tus ojeras.
Empezó a aquella tarde abrírsele una historia
que en su prólogo tuvo rumor de discoteca.

Paseos por esquinas de todas las penumbras
y ensayo tembloroso de caricia inexperta.
Mis manos le pusieron asedio a tu cintura
y tus senos se hincharon igual que una marea.

En el último cine hizo fortuna un beso,
llave para panales de nuestras dos abejas.
Los cafés empaparon con su aroma palabras
que en tu alquimia de afectos se volvieron poema.
Insomne nuestra luna, apadrinó las noches
descalzas por la orilla de una mar agosteña,
con su nana de vidrio cómplice de los cuerpos,
con nuestras despaciosas voces calenturientas.
Arañaba con brillos el panel infinito
del ocio milenario un palpitar de estrellas,
como si se alegraran de nuestra consonancia,
como si con mirarlas las tuviésemos cerca.


El pueblo era un manojo de luces a lo lejos
y toda la distancia como un ardid de nieblas.
Manos, labios y frases susurradas se echaron
sobre tu fresco cuerpo como una madreselva.
El tiempo se detuvo como barco encallado
y a gusto en un islote de roces por madréporas.


Todos los miramientos se nos fueron a pique,
se ahogaron en abrazos todas las advertencias.
Volvimos como prófugos de una isla de almíbar.
Tal vez nos perseguía nuestra propia extrañeza,
asombro de que puedan volcar unos instantes
en un festín de risas amenazas tan serias.

Conjura de quimeras y la pasión urgente,
tenazas que en la edad más furtiva se estrechan.
Nos quedó un garabato tenaz en la memoria,
rúbrica de emoción que tortura y deleita.



Cabalgaron los años sobre nuestras canicies
y dejaron el polvo juvenil de las sendas
en los ojos que un día vieron tan cara a cara
una felicidad como grabada en piedra.


Dicha que tiene ahora pátina de pesares,
color de sinsabores y entristecidas hebras,
pero que todavía es capaz de ponerle
migajas de consuelo al perfil de una pena.
Capítulo de culpas hoy zozobra en mi ira.
Jirones de nostalgia en el alma me cuelgan.

Fui yo quien, torpe, hice de aquel edén volátil,
después de sus cenizas, la sombra de una anécdota.
Pero, aunque me asfixiaran las raíces que crecen
y por el muro ciego de mi olvido me trepan,
jamás las cortaré... Que es ese ayer contigo,
de lo que fui, la única reliquia que me queda.



De LETRAS CON ARTE ( SIEMPRE POESÍA, 1915)