BLOG DE LAS ARAUCARIAS PERDIDAS. Juan Rafael Mena (1943). Es jubilado de la Enseñanza Media y ha editado libros de poesía, novelas, relatos, artículos literarios y libros de pensamientos. Su musa literaria se recrea igual en las formas clásicas que en los registros neovanguardistas, y por la influencia de estos mismos recursos empareja en ocasiones sus novelas y relatos con la función poética.
jueves, 29 de octubre de 2020
2 DE NOVIEMRE: DÍA DE DIFUNTOS
martes, 27 de octubre de 2020
EL EXTRAÑAMIENTO EN EL ARTE COMO ARTIFICIO
Por su percepción el lenguaje verbal halla unos tesoros metafóricos, rítmicos y léxicos que antes no se habían manifestado, pero que estaban en su depósito de sistema como lengua; sólo que ésta esperaba a quien se hiciese sensible a sus sugerencias. Para llegar a este nivel de actualización ha sido necesario un largo trayecto de experiencia lingüística. Un verdadero poeta-creador no se contenta con un lenguaje heredado. Nunca será deudor de un pretérito, aunque sea inmediato, que ha desgastado todo el caudal de nombres, adjetivos y verbos que emplearon otros que no se cuestionaron si había que refrescarlos ya para que la emoción creadora sirviese de compensación a su esfuerzo.
Sin embargo, el extrañamiento no es posible si no hay una percepción que trasmitir, y ésta viene de una nueva visión del mundo. Nuevas formas de conocimiento provocan nuevas formas de expresión, como dijo Knechenik. Más tarde, algo parecido diría Leo Spitzer. “A toda excitación psíquica que se aparte de los hábitos normales de nuestra mente, corresponde también en el lenguaje un desvío del uso normal; o bien, a la inversa!” (Alicia Illera, 1979). Un idiolecto requiere un mundo interior que lo fuerza, que lo exige como expresión adecuada o sugerida.
Por eso, se puede distinguir entre el disparate y la expresión afortunada. La improvisación es mala consejera. Quien no ha llegado a madurar ese mundo, no podrá “revolucionar el lenguaje”, a menos que lo haga fragmentaria y esporádicamente. Recurramos a los romanos: Ten la idea y las palabras seguirán.
El poeta puede empezar en una fase realista en la que describe lo que ve, de manera directa, sin seleccionar su registro, que casi siempre es deudor de otros poetas de generaciones anteriores.
La personificación y la imagen, incluso la metáfora suelen ser sus recursos figurativos más comunes. La humanización y las comparaciones son sus más queridos instrumentos de calificación de su entorno y de sus propios sentimientos. Tendríamos que repasar la noción de “literaturiedad” de Jakobson y, a partir de todo lo dicho, buscar la metapoesía, sin dejar el texto aprisionado en el lenguaje convencional y sin brillo del texto literario al uso.
Véanse en estas citas argumentos a favor de la poesía que defienden los estilistas rusos.
"Dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia".
Aristóteles
"Lo importante no es hacer cosas nuevas sino hacerlas como si nunca nadie las hubiera hecho antes".
Goethe
Sólo hay poesía en el deseo de lo imposible y el dolor de lo irreparable.
Leconte de Lisle
"El placer superior en literatura es realizar lo que no existe".
Oscar Wilde
"El arte busca lo insólito, lo que rompe la costumbre, por eso
es incómodo".
"La poesía no es, ni puede ser, una ocupación habitual"
(OC, VI, 249).
"Yo hago lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera".
Picasso
Homo Sum (Frases, Austral, 319)
"La primera condición de la poesía es que sea sorprendente".
He aquí un poema de André Bretón entre el surrealismo y la jitanjáfora (si por ello, se entiende aquí deformación o creación de palabras). Posiblemente no sea este poema el más indicado para poner ejemplo de lo que se especula anteriormente. Es un acercamiento aunque sea por la vía del onirismo, aunque en este caso el poema está sometido a una cierta estructura lógica.
La breve escalada
Pasa una nubearrodillada
Ante las palabras que son la luna
(Los cuernos de la giraventana)
He perdido un cafelino
...No nada de crecimientos del monte
Lo que era espacetoria
Se hace moscandado
Para la acción enteramente nueva
He aquí el vidriero sobre el postigo
Este artículo, como todos los que figuran en este blog, pueden leerse también en la web Arena y Cal. También han sido editados en varios cuadernos de artículos literarios.
lunes, 26 de octubre de 2020
UNA FRASE SABIA DE MARCELINO MENÉNDEZ PELAYO
Me parece una frase que debería ser tenida en cuenta por los críticos o aficionados a la crítica literaria y artística.
No hay cosa más decepcionante que escuchar en tertulias “que ese poeta es muchísimo mejor que el otro”, cuando ese otro tiene bastante calidad, o “que este poeta es le mejor que escribe hoy en lengua española”.
Causan decepción estos juicios valorativos por parte de quienes lo abanderan sin más discernimiento que un estado grato de ánimo al calor de un café con tostada.
Causa desencanto porque ese lector se deja llevar por un sentimiento fugaz de emoción sin advertir que hay muchos poetas que escriben y no son entendidos y conocidos porque la crítica al uso los ignora voluntariamente o porque realmente no los ha conocido.
Es difícil examinar los entresijos de un texto literario sin que no nos quedemos un poco confuso con los recursos que emplea y el tema de que trata. La valoración es más peliaguda cuanto más compleja es esa obra.
Hay críticos que encomian un libro de un autor ya consagrado y lo elevan al rango de obra magnífica, pero cuando esa obra es leída por otros literatos con larga experiencia, se llega a la conclusión de que el que pondera la obra la ha valorado con el mismo criterio que adoptado para otras anteriores del autor que sí merecieron justos elogios, pero la que les sigue ha dado un bajonazo; claro que el prestigio cubre todo el quehacer de ese artista, cualquiera que sea.
Ese tipo de análisis, si es que lo es, es mucho más frecuente en esa atmósfera un tanto venal o aduladora del mundo literario y artístico de las provincias.
La frase de Marcelino Menéndez Pelayo es muy verdadera. Hasta que no pasan cincuenta años, y quizás más de muerto el autor, no se lleva a cabo una crítica desinteresada de una obra suya. Ya no valen las simpatías, las presiones de la editorial, el favoritismo, el amiguismo o, en caso contrario, la animaversión y el menosprecio. Entonces el autor que vale sale a flote del mar donde otros lo hicieron naufragar de manera inclemente.
Por fortuna siempre ha habito gente imparcial que a la hora de leer un libro se ha desentendido de influencias externas y lo ha valorado con extrema delicadeza y justicia. Entonces se descubren los valores literarios o artísticos del que escribe, pinta, compone o talla. Valores que le negaron los críticos contemporáneos de él, sancionadores mediocres o falsamente arrogados de una autoridad ficticia.
Podríamos citar aquí autores y críticos. Un día añadiré casos que se han dado de manera desconcertante en la literatura. Ahora vamos a contentarnos con la famosa frase del insigne polígrafo santanderino.
martes, 20 de octubre de 2020
EL MÓVIL, ALGO MÁS QUE UNA DISTRACCIÓN
Con la baja hoy día de los valores humanos, la gente se “suicida” entregando su pensamiento a estímulos banales y para colmo de esta dispersión mental, nos llega el móvil conectado a interné. Si vamos en un autobús, en una consulta médica, si estamos en casa reclinados en el sofá en compañía de familiares o amigos, la atención del que tiene su mente secuestrada por el móvil, se hunde en un silencio pétreo como si estuviese indagando en una pesquisa policíaca.
Los que crecimos en otros tiempos en que no existían tantas facilidades evasivas como hoy, nos asombrados de ver cómo se han olvidado cuestiones espirituales que nos equilibraban frente a los atropellos y desencuentros con la vida.
La pandemia es un motivo desgraciadamente respetable para que nos preguntemos que qué hay después de la vida que malgastamos todos los días, pero parece que el móvil nos da todas las respuestas posibles: entretenernos mientras no nos llega la hora de pasar la frontera de esta existencia, tan amenazada hoy, a lo desconocido.
De nada vale el agnosticismo, que es una manera de ignorar voluntariamente lo que nos acucia como seres inteligentes que somos.
Podríamos dejarnos absorber por el móvil si buscáramos en interné respuesta de sabios pensadores, pero lo que realmente nos atrapa es la frivolidad y el pasatiempo. Es cierto que estamos viviendo en una época de desmoralización producida por la falta de trabajo y otras carestías mayores. No se ha de olvidar la caída en la falta de interés que ocasiona una desgraciada circunstancia crónica que en muchos casos puede perder pie en la desesperación.
Pero ahora me refiero a este parón en nuestros deseos de saber que encuentran en el móvil una antesala en la que nos quedamos por comodidad. Lo dicho “suicidamos” como una zambullida nuestra inteligencia en un mar de muchísimas cosas que solamente nos sirven para esquivar las grandes preguntas.