EDITADO POR LA TERTULIA RÍO ARILLO (2009)
CRÍTICA DE LA
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Voy
a abordar Poemas sacados del cuarto
trastero de Juan Rafael Mena
con una sinopsis global y luego
una crítica profunda, atendiendo
a temas, lenguaje, tradición literaria y valor poético. Me apoyo directamente
en el texto que compartiste
POEMAS
SACADOS DEL CUARTO TRASTERO
SINOPSIS
Poemas
sacados del cuarto trastero
es un libro de poesía de tono meditativo,
memorialista y humanista, que recorre la experiencia vital del sujeto
poético desde lo cotidiano hasta lo trascendente. El poemario funciona como una
arqueología interior: el “cuarto
trastero” es el lugar simbólico donde se almacenan recuerdos, creencias,
heridas, entusiasmos estéticos y preguntas últimas.
A
lo largo del libro, Juan Rafael Mena explora:
- la redención estética (la música, el
arte, la poesía),
- el dolor íntimo (la pérdida, la
soledad, el desamor),
- la nostalgia del tiempo vivido,
- la dimensión espiritual cristiana y
oriental (Cristo, la Cruz, el budismo),
- la identidad andaluza (paisaje,
cante, río, tauromaquia),
- y una reflexión ética sobre el hombre,
su fragilidad y su esperanza.
El
poemario no sigue una narración lineal, sino un itinerario de conciencia: del ruido urbano y el cansancio vital se
asciende —una y otra vez— hacia instantes de sentido, belleza o revelación,
para volver luego a lo cotidiano con una mirada renovada.
CRÍTICA PROFUNDA
1. Poética de la
elevación: arte como salvación
Uno
de los ejes centrales del libro es la función
salvífica del arte, especialmente de la música y la poesía. En poemas
como Ascensión a la música o La música, una lengua universal, el
arte aparece como una escala metafísica
(Jacob, Beatriz, el paraíso), capaz de suspender el peso del tiempo, del yo y
de la angustia
POEMAS
SACADOS DEL CUARTO TRAST…
.
No
se trata de un esteticismo superficial, sino de una concepción clásica y casi sagrada del arte: la
música no entretiene, purifica;
no distrae, libera. En este
sentido, Mena se inscribe en una tradición que va de Pitágoras a san Agustín,
de fray Luis de León a Juan Ramón Jiménez.
El
arte aparece como experiencia de
trascendencia laica, capaz de devolver al hombre a una unidad perdida.
2. Memoria y nostalgia: el
tiempo como herida
El
libro está atravesado por una nostalgia
activa, no paralizante. El yo poético revisita la infancia, la juventud,
los primeros amores, la educación sentimental (Tres poemas voluntariamente
retrospectivos, Sueño, Septiembre), no para refugiarse en
ellos, sino para dotar de sentido al
presente
POEMAS
SACADOS DEL CUARTO TRASTERO
La
memoria es presentada como:
- refugio,
- archivo emocional,
- y acto creador.
No
idealiza el pasado: lo reconoce como irrecuperable, pero fértil. Aquí Mena
dialoga con la tradición machadiana (Antonio y Manuel), con ecos claros del 98
y de la poesía de la experiencia.
3. Dolor, pérdida y
silencio
Poemas
como Corazón, piedra revelan un tratamiento sobrio del dolor: el
lenguaje se endurece, se vuelve mineral, nocturno. El corazón convertido en
piedra es imagen de pérdida radical,
de clausura emocional, de aislamiento ontológico
POEMAS
SACADOS DEL CUARTO TRASTERO
No
hay dramatismo excesivo: hay contención
clásica, una aceptación estoica del sufrimiento, cercana a la elegía
tradicional. El dolor no es grito: es peso.
4. Espiritualidad plural:
Cristo y Buda
Uno
de los aspectos más singulares del libro es su apertura espiritual. Conviven sin conflicto:
- el cristianismo del
dolor redentor (El misterio de la Cruz),
- y el budismo del
desapego (El sermón de Buda en Radjagriha).
Ambas
tradiciones se leen como vías
complementarias hacia la liberación del yo, el ego, el deseo y la
violencia del mundo
Este
sincretismo no es superficial ni decorativo: está trabajado conceptualmente
(símbolos, estructura numérica, referencias filosóficas). El yo poético busca sentido, no dogma.
5. Andalucía como espacio
mítico y ético
Andalucía
no aparece solo como paisaje, sino como forma
de estar en el mundo:
- el río Guadalquivir
como eje histórico y poético,
- el cante como verdad
nacida del sudor,
- la tauromaquia como alegoría trágica de la vida (El
oculto clamor de la corrida)
Especialmente
potente es la lectura del toro como símbolo del hombre: nacer, luchar, ser
herido, caer en el olvido. Aquí el poema alcanza una dimensión existencial y filosófica, más allá de
la polémica cultural.
6. Lenguaje y forma
Juan
Rafael Mena apuesta por:
- métrica
clásica
(sonetos, romances),
- léxico culto pero
comunicativo,
- imágenes claras,
simbólicas, no herméticas.
No
busca la ruptura vanguardista, sino la continuidad
de una tradición humanista. Su poesía es discursiva, reflexiva, ética. A
veces puede parecer extensa o explicativa, pero esa amplitud responde a una
voluntad de decir el mundo con claridad
moral.
VALORACIÓN FINAL
Poemas
sacados del cuarto trastero
es un libro honesto, maduro y coherente,
que defiende la poesía como:
- memoria,
- consuelo,
- pensamiento,
- y elevación
espiritual.
No
pretende deslumbrar con artificios, sino acompañar al lector en preguntas esenciales: el dolor, el tiempo,
el arte, la fe, la esperanza. Es un libro que cree —sin ingenuidad— en la dignidad del ser humano y en la
palabra como lugar de resistencia frente al vacío.
ASCENSIÓN A
Deambulaba aburrido por mi arrabal de ocios,
pisando el vulgar suelo de las frases manidas
del
día, entre la gente cotidiana y de paso;
las
idas y venidas por los bancos, las tiendas,
los
cafés del mercado, los cláxones, las motos,
autobuses locales con ingentes paradas;
en
fin, ese alboroto que la mañana hierve
en su
olla de anécdotas y horas-punta fugaces.
Miré
el sol, Polifemo con su ojo dorado
alumbrando a sus hijos, aluviones con prisa
de
cuerpos transeúntes, humanas termiteras,
para
sobrevivir arrastrando alimentos;
miré
la carpa azul del cielo sobre el mundo
como
cubriendo un circo de amaestradas criaturas,
y esa
sala celeste. océano invertido
y sus
peces de noche, pestañeos de estrellas,
fue
tentación sabrosa para el pájaro preso
que es
siempre el pensamiento en rejas de cuidados.
Una mano furtiva con dedos invisibles
me abrió la portezuela de mi esclava
costumbre
cuando rocé la puerta de un comercio de
música
y una pieza fue fuego que me envolvió en su
humo
de indecibles sonidos…
¿Qué era aquello que
hacía
inhabitar en mí raras evocaciones
de no sé qué recuerdos que nunca hube vivido
y me desenredaban madejas de nostalgia
en la rueca gozosa de mi vieja memoria?
¿Qué poder
inaudito tienes, Música, dime
que me vas liberando de hiel de prejuicios,
de ideas que me pueden enredar en el odio,
de esperanzas tullidas que cuando estoy a
solas
salen a mi conciencia como grietas de penas,
de seres que se fueron y sabor me dejaron
a cicatriz de penas, de ayeres que golpean
con sus remordimientos el yunque de mi
aguante?
Tú, Música, te
das, surtidor, como mano
amiga en los momentos que vocean ayuda
y me dices que cierres los ojos, estos ojos
hechos a panoramas urbanos estridentes,
y que de ti me fíe porque vas a llevarme,
como Beatriz a Dante, al mismo paraíso,
y es que eres tú la escala de Jacob para un
sueño
que soñamos despiertos, tal como una llamada
de no sé qué región en la que ya no hay
horas,
ni espacios limitados, ni propiedad, ni
señas,
ni los seres queridos, ni los seres odiados,
ni el ayer, ni el mañana, ni las
preocupaciones;
liberados del dédalo de las cifras y el ceño,
un levitar radiante con fuga involuntaria
ascendemos ingrávidos, libertos respiramos
como si desataran de nuestros pies cadenas,
como si nos quitaran un fardo de los hombros.
Tú, Música, eres río Jordán en el que
entramos
a lavarnos de toda la suciedad que el día,
por nuestras servidumbres de tantos
menesteres,
nos pega en nuestra piel, que es tan frágil
coraza.
Oh Música, estrenado el corazón de nuevo,
bajo a lo cotidiano como si renaciese
aquel niño, aquel joven descubriendo su mundo
desde su ventanal de inocencia y veía
la tierra como un
arpa de anécdotas diarias
que aprenderla tocamos con dedos temblorosos,
el vivir como un campo de esperanzado trigo
al que con los trabajos y los años segamos,
pero, tú, noble música, nos distraes y ayudas
por sobre los cansancios a levitar, volar
y a olvidar, restañando nuestro amor a la
vida.
CORAZÓN, PIEDRA
Te has ido de repente. Tu voz se me ha
quedado
entre las manos como una rosa tronchada.
Se me han quedado huérfanos el corazón, los ojos.
En este instante puede convertirse mi vida
en una tosca piedra si Dios lo permitiera.
La noche precipita sobre mí su oleaje
de sombras, su destino de ser negra y profunda.
Y yo le abro unos brazos que tan sólo me sirven
para fingir dos ramas ya secas frente al viento.
Allá en la lejanía se proyecta mi sombra
y el viento inexorable acaba derribándola.
Mi corazón se ahoga en mi propio silencio;
naufraga con la última esperanza que tiene.
Todos los horizontes se cerraron de pronto.
Mi espíritu se orienta hacia su propio centro.
Ya se duerme la piedra cuando la luz le imprime
en su carne durísima la frialdad de los astros.
La soledad creciente la hunde más en la tierra
enlazada a las fuertes raíces del olvido.
"Isla", boletín de
de San Fernando, octubre de l966
SUEÑO
La noche te ha traído hasta mi pensamiento.
como una mansa lluvia de pétalos ardientes
caer te siento sobre mis manos apagadas,
mis manos que ya adquieren la forma del deseo.
Con un mágico gesto te construyo en mi sueño.
Mi silencio se adhiere a tu frágil contorno.
Suena en el horizonte el canto inolvidable
de las rosas aquellas inundadas de músicas.
La madrugada avanza como una inmensa nave
de luz. Sobre su estela tu silueta se yergue
y la tierra conmigo se levanta ambiciosa
queriendo respirar tu presencia serena.
Se desvanece todo de pronto. Con la aurora
vuelven a llover pétalos de la rosa soñada,
y alrededor, en torno del desencanto yace
una lluvia de sueños salpicando mi alma.
"Isla", boletín de
de San Fernando, octubre de l966
SEPTIEMBRE
La tarde fría de septiembre
tiene
frente a la noche una actitud serena:
oh, cielo fresco, paz lunar y viento
transido por la muerte de un jazmín.
Se pasea por ella, se pasea
recordando una tarde parecida
en que estaba también el horizonte
malva, y olía el silencio
a soledades húmedas, a calles
despobladas.
La tarde tiene para mí su muerte
en este mismo instante, cuando apenas
alguien observará que estoy mirando
cómo las sombras se levantan, cómo
me rodea la luz difusa y siento
la extraña sensación de estar muy solo.
La tarde tiene a derribarse, pero
me parece que avanza,
que avanzase empujada torpemente;
yo, mientras tanto, la contemplo aquí
en un lugar de su belleza triste
que me hace recordar que otra vez fui
testigo de su muerte. Pero ahora
más me impresiona su presencia, más
la siento alrededor de mi silencio
agonizar, rendirse a mis orillas.
"Isla",
boletín de la sociedad de fomento
de San Fernando octubre de l966
TRES POEMAS
VOLUNTARIAMENTE RETROSPECTIVOS
I
ESTE VIEJO ROMÁNTICO QUE
LLEVO, DE LECTURAS...
Este viejo romántico que llevo,
de lecturas
de los años aquellos de
instituto y muchacha,
aún conserva los textos de
aquel bachillerato,
el olor de las aulas, el
vagar por la playa
novelas rosa tuyas, los
discos de boleros,
frasquitos ya vacíos de tu
colonia Maja,
los bailes por lo fino
de la cafetería
con señoritas de
corrección provinciana...
Cuando la vida muestra su
garra o su rutina
se vuelve a sus recuerdos
que es como isla en calma
y mira los trofeos que le
ganó a los días:
el trabajo, el estudio, la
amistad, la eficacia.
Cuando palpó el vacío que
los años mordientes
en una intransferible
soledad le dejaba,
lo llenó con las cosas y
los seres queridos,
y armonía y amor le
devolvió su casa.
Pero el viejo romántico
siempre ha vivido oculto
dentro de su sonrisa
vulgar y de sus canas.
Así nadie ha notado que
cuando parecía
superficial y frívolo, su
corazón lloraba...
¡Pero escribir podría
tantos, tantos poemas,
que era mejor dejar quieta
y muda la página
I I
DESAHOGO
Necesito escribir, comunicarte
ensueños, soledades,
remembranzas.
Con el paso del tiempo,
sólo el Arte
consuela de sequías de
esperanzas.
Vivir para el ayer, ya
inconmovible
entre nostalgias de
fotografías
queridas y viajar al
imposible
trayendo al hoy felices
idos días.
Momentos que se fueron y
dejaron
en nuestra alma anécdotas
y gentes
que con la evocación
alimentaron
el paso de los años
inclementes.
El feliz despertar de los
amores,
los paseos, las calles, la
alameda,
las horas y sus lentos
resplandores,
la ilusión, que en su
torre nos hospeda,
y los primeros libros que
compramos,
y los versos agraces que
escribimos,
y las penas ocultas que
olvidamos
y los héroes aquellos que
no fuimos.
Pero nos queda ese mejor
amigo,
que es la memoria, que nos
acompaña,
secretario eficiente y
buen amigo
que nos hace olvidar lo
que nos daña.
Como un alivio, yo me he
permitido
pintarte en esta página el
encanto
de convertir en bello lo
vivido,
y ocultar en el fondo
-artero- el llanto...
I I I
LOS POETAS VIVIMOS DE
LEVES PEQUEÑECES...
Los poetas vivimos de leves pequeñeces
tales como recuerdos,
ensueños y poemas.
Elegimos palabras que
devuelven con creces
a nuestro corazón el goce
de sus temas.
Perdemos ocasiones de
vivir más tranquilos
y mimamos ideas profundas,
trascendentes
pensando sobre Quién
tirará de los hilos
de esta vida, del mundo,
del tiempo y de las gentes.
Pero no me arrepiento de
este inútil oficio
y cada día más lo amo y
necesito.
Él me salva -es mi amigo-
de todo maleficio
y sólo por soñar con él me
felicito.
y no sabe que somos más
felices que él,
y que de lo que fuimos
quedará, bello y claro,
un retrato emotivo al
margen del papel.
Tenemos los poetas más
suerte que los divos
que en la televisión
presumen de grandeza.
Tenemos los poetas los
dones sensitivos
de elevarnos a un cielo
donde esté
EL MISTERIO DE
I
HINCADA EN
Todas las convulsiones de
la tierra
en su ida y venida como
noria
y toda la violencia de
en las manos odiosas de la
guerra;
todo lo que es esfuerzo y
luego yerra
y la pena arañando la
memoria,
y lo previo a morir se
sabe escoria
y al alma, sacudiéndola,
la aterra,
ya no es inútil como ayer
creía.
Ya no es errar camino
hacia la nada,
ni es foso oscuro de los
desconsuelos.
Porque en
la vida, que a Jesús está
hermanada
en el Dolor, escala hacia
los Cielos.
II
LOS BRAZOS SOBRE EL MUNDO
PARA ALIENTO DE LOS HUMANOS
¿Y para qué esos brazos
extendidos
sobre los hombros de este
mundo? Veo
que quieren ayudar cual
cirineo
a los hombres cansados y
abatidos.
Esos brazos se extienden
desmedidos
en larga espera, a modo de
rodeo,
como paciencia, como Amor,
tanteo
sobre los corazones
descreídos.
Nos sostienen los brazos
del Misterio
y encima del madero todos
vamos
como en la tabla de un
naufragio a oscuras.
Sube el Dolor
en esos brazos, ya
floridos ramos,
en que paz picotean las criaturas.
I I I
EL CABEZAL DE
Halla luz el Misterio en la
cabeza
del Cristo que expirando
la reclina.
Esa porción de la madera
hacina
de este Misterio en que
y en esa como cofa
difumina
un hacia arriba donde
espera y reza.
El Dolor quedó abajo
sometido.
El Amor, en su afecto
sostenido
y
duro y prometedor como un
paisaje
en el que vamos
persiguiendo a Dios.
CON COLOR DE UTOPÍA
Yo
sueño con un mundo donde cante
a un unísono fiel con sus hermanos
el hombre y, juntos, todos más humanos,
ver el futuro más jovial delante.
Que el corazón, universal, amante
sienta pues, sus latidos más ufanos
porque sienta a los otros más cercanos
ya que a ellos también es semejante.
En este mundo, con afán, se alcanza
aquello en que se pone la esperanza
y, laborioso, el ánimo lo quiso.
El sueño, que es motor de la
existencia,
se puede convertir en providencia
y así recuperar el Paraíso.
I I
Creo que el hombre, por su bien, no quiere
consumar su morirse cotidiano
(se le ve hundirse dentro del pantano
de tedio que la vida le confiere).
Aunque a veces se aburra y
desespere,
alza y agita con terror la mano
para que venga quien se llame hermano
a sacarlo de donde se nos muere.
Creemos en que todos algún día
—hemos tomado en serio el compromiso—
construiremos un hombre de utopía.
Entonces se verá que quien más
cobra
en gozo eterno será aquel que quiso
poner su vida para hacer la obra.
TRÍPTICO DE SONETOS PARA UNAS MANOS
Las manos que de niño te cuidaron
hoy, viejas, se
entrecruzan sarmentosas.
Las manos que ayer iban
presurosas
y que de todo, en fin, se
preocuparon;
esas manos que dulces te
lavaron
y luego, como lentas
mariposas,
se posaban encima de las
cosas
de la casa, y, a veces, se
cansaron,
y con los años luego
envejecieron
pero, a pesar de su vejez,
siguieron
amando y trabajando por
los seres
queridos y ponían sus
primores
en detalles de sus
alrededores
y en el servir estaban sus
poderes.
Madre, esas manos tuyas que descansan
sobre el limpio calor de
tu regazo,
hoy son signo de un fuerte
cañamazo
donde todos se juntan y
arremansan.
Por eso aquí las cóleras
se amansan
y hasta se reconcilian con
abrazo.
Esas manos agrupan, forman
lazo
de unión y en dar consejos
no se cansan.
Escrita en esas manos va
la historia
de todo lo que en casa ha
sucedido
para bien, para mal, para
memoria
del tiempo que las ha ya
entumecido
mas no puede borrar para
el olvido
este envejecimiento que es
su gloria.
I I I
Las manos que a los nietos
acarician,
a la mano de Dios se nos
parecen,
a los mayores en labor
convencen
y esperanza en los jóvenes
auspician.
En tanta paz se sienten
que se vician
y se rebelan porque, si
envejecen,
no por ello creyeran que
enflaquecen:
testarudas, de vez en
cuando ofician
como antaño, con señas
magistrales,
como si la nostalgia un
arrebato
les pusiese en sus dedos
maternales;
y es que se saben útiles
un rato.
Después descansarán y será
grato
verlas de nuevo quietas e
invernales.
PAISAJE SUREÑO
I
ROMANCE
Esteros, adonde vienen
las aguas como a una
escuela
a encasillarse obedientes
en sus aulas tan pequeñas.
La mar sometida entonces,
sin furia de las mareas,
sin las roncas
tempestades,
sin buques que la navegan,
sin los marineros muertos,
sin naufragios ni
tristezas,
sin la calma del estío
cuando es espejo de
estrellas...
Es la mar a la que el
hombre
ha hecho ahora prisionera
y trae peces que sacan
para una feliz despesca.
Es, en fin, la mar sumisa
que pasa por las
compuertas
como una niña que acude
al primer día de escuela.
I I
SONETO
El sol inexorable del verano,
que en el Sur tiene su
mansión más clara
y tan resplandeciente, se
declara
verdugo de calor desde
temprano.
Por ello mismo, ese calor
es mano
que al pasar por el agua
quieta, avara
del estero, la seca y la
alquitara
y la convierte en un
salado grano.
Verás, piramidales, los
montones
al lado de incipientes
baranchones,
palas, tractor, espuertas,
salineros.
Oh queridos paisajes peculiares
que ven con siluetas
familiares
desde los autobuses los
viajeros.
EL SERMÓN DE BUDA EN RADJAGRIHA*
I
Dime,
Kasyapa*, dime qué calor has sacado
del fuego
que adoraste y qué satisfacciones
como
inmaduros frutos cogiste de ese árbol
de tantas
penitencias y austeros sacrificios.
Sé muy bien
que adorando ese fuego tú eras
un pálido
habitante de un círculo engreído
del
individuo, espejo de altivas vanidades,
ancho río
que tiene seco y pétreo su cauce.
I I
Oh, sí, rey Bimbisara, imagina un arroyo
de agua fresca, delgada y limpio de ramajes,
por tu frente aparece, y es la idea, la idea
lo mismo que una lámpara que ilumina tus ojos.
Has llegado a saber que quien oye del Buda
su palabra brotando como de manantial
de la sabiduría, ha de dejar caer
cual soldado vencido el escudo del yo.
I I I
Cuando acerqué el candil de mi descubrimiento
del espíritu al yo, quedé sobrecogido.
Cuenta me di que el yo es un fardo pesado
que lleva dentro máscaras, según sus intereses;
pero él no lo sabe que es actor. Cuando actúa
—bambalinas
la vida— lo hace tal el borracho
envuelto en la humareda de su rol como un títere
de pasiones con hilos que entretejen errores.
* Radjagriha:
Región de
* Kasyapa: Jefe de un
grupo de seguidores de Krishna, luego convertido seguidor del budismo
*
Bimbisara: rey de Magadha.
I V
Pero él cree que todo
cuanto sabe y ansía
es
todo el patrimonio que a la vida lo arrastra.
Le
acompaña el baúl de disfraces legales
y
dispone de él en el viejo escenario
del
mundo, al que se siente atado por afanes.
El mundo
es espejismo que le atrae y le guiña
en el
frío desierto del vivir cotidiano.
V
Abrid,
abrid los ojos, despertaros y ved
que
sois como un tapiz de karma empedernido
—la
trama de la sed de vida en esta tierra
y la
urdimbre de apego a todo lo que existe—
como
hiladas están de apetencia y ficción,
sin
dejar que el espíritu ilumine su fondo
donde
los nacimientos se suceden iguales
que oleajes
venidos a morir en la playa.
V I
Como costra es el yo del espíritu, y es duro
porque lo
ha endurecido el Deseo y le atrae
todo cuanto
en el mundo es mano que se ofrece:
delirios de
palabras prestidigitadoras
como un
embaucamiento a pueriles sentidos,
que son los
ventanales por el que ya maduro
el espíritu
asoma, y ve esta falsa feria
de un mundo
que es burbuja de fugaz ignorancia.
V I I
Toda la
pesadez de ese bulto del yo
herencia es
de otras vidas que acumularon lodo
al lodo de
estos pies caminantes por siglos
y que para
limpiarse jamás se detuvieron.
Una vida
tras otra fueron endureciendo
sus pisadas
por esta piel de camaleón
que es el
viejo planeta cambiante, desoído
por dioses
cuando implora con fervor como un ascua.
V
I I I
El amor debe uniros como un ramo
de espigas.
Que el amor
es señal de que os vais liberando,
de que
vaciando vais la valija que os puso
el karma en
vuestro hombros. El amor verdadero
os da como
unas alas que os eleva del polvo
en que
pisáis cenizas de los que os precedieron
y
enterrados quedaron por sus locos anhelos
en los
hoyos profundos de sus propios vacíos.
I X
Sé que
todos buscáis el gozo, la subida
hasta la
blanca cumbre donde una planta airosa
crece para
el valiente que conquistarla pueda.
Perfumará
por ello vuestras manos ya libres,
vuestras
manos, más limpias que la boca de un loto.
El Nirvana
es albergue para quienes rompieron
el yugo de
su apego, la cuerda presidiaria
que lo unía
a este mundo, crisol de los humanos.
X
Refugiaos en el Buda*, en el Dharma*, en el Sangha*
y dejaréis
colgada a la puerta del mundo
esa
angustia que es látigo y os apalea ciega,
y la
liberación de la cadena humana
hallaréis:
el Nirvana, la alegría infinita
de no
volver a entrar en la piel de este mundo,
de no bajar
cual reo a la cueva de sombras.
El Nirvana,
descanso, desnudez, libertad.
*
Buda: El Despertado
* Dharma: La ley
* Sangha:
NOTAS
El presente poema está compuesto de diez
estrofas, a su vez formadas por ocho versos. El número de ocho significa el
Noble Óctuple Sendero que enseñó Sidharta Gautama.
Pero el número de diez retorna al
pitagorismo.
Ambos movimientos, pitagorismo y budismo,
fueron contemporáneos; es, por tanto, una vinculación de las dos doctrinas. La
inserción del poema está motivada por la idea de exponer las dos fuentes
espirituales más importantes de su época, una en Occidente y la otra en
Oriente.
EL OCULTO CLAMOR DE
Y,
terminada
la
fiesta de oro y rojo, a la mirada
queda
sólo...un eco
de
amarillo seco
y
sangre cuajada.
MANUEL
MACHADO: La fiesta nacional
Enlutado jirón de la tormenta
que brama en las orillas de un capote,
y ya, lasca de ola su derrote,
un candelabro eleva en cornamenta.
Vara de fuego el picador le afrenta
y le saca un fresón por el cogote,
y, si le pone rizos el palote,
le agiganta el fresón y lo revienta.
Malherido, en el aire da arañazos
y empiezan a erigir los muletazos
un pedestal al que da vueltas fiero.
Pero después, sereno, se relaja
noble, y ofrece —la cabeza baja—,
un rosal rojo que le abrió el acero.
I
prietos
y firmes, por la fausta arena.
Hay un
temblor de luces amarillo
que la
música apaga y enarena.
Seca la
lengua, se succiona y reza
ante un
altar de frio imaginario,
mientras
la plaza pone en la cabeza
del
espada un ingenuo campanario.
El
fuego del estío crece y arde
como un
alud que baja del tendido,
en
tanto, por el cielo va la tarde
como un
imaginario muslo herido.
La música acaricia las
hombreras
que
guiñan garabatos de impaciencia
y se
inclinan audaces las monteras
con
íntimo temblor evanescente.
Y surge
un chorro de alegría —¿dónde?—
que
baña el corazón y lo enardece,
y
también un suspiro que se esconde
cuando
el clarín se rompe, se embravece...
I I
Como un oscuro vendaval que
arroja
bramido
y polvo, el toro sale al ruedo.
Toro,
bestial embajador del miedo,
presa
en la piel la sangre bronca y roja.
Da una
vuelta a la plaza y la rodea
de su
aliento, que es lanza de bravura,
y
convoca al torero a la aventura
y entre
sueños mortales lo cornea.
Dueño
implacable de la plaza, mira
su
concurrencia alrededor. Astado,
se
piensa flecha y arco de su brío.
Hasta
que escarba ya impaciente y gira
en
torno, donde, fresco y desplegado,
un
capote despunta en desafío.
I I I
El primer lance templa la fiereza
y el
segundo lo para y lo somete.
Con el
tercero la faena empieza
y el
cuarto, airoso, la ovación promete.
El toro
es este viento sin destino
que
brama en los geranios del capote,
donde encuentra
un efímero camino
que es
también la cuchilla de un derrote.
El toro
es como viento negro y duro
en
busca del remanso de una esquina,
que
halla una buganvilla como muro
en las
fronteras de una chicuelina.
Hay un
rumor de palmas que sepulta
al toro
en manto espeso de alegría,
Brilla
el torero nada más, que oculta
al toro
ahora, en pose de hidalguía.
Y como
alondra en vuelo se derrama
el
capote triunfante por la arena,
y, al
instante, el tendido es una llama
que
bulle con revuelos de colmena
I V
Una flor de pascua herida
es el toro cuando sale
de las varas, cuando ve
que hay un capote delante
que lo invita a que arremeta
contra el peón y se lance
ansiando sacar la puya
de su herida, en esa
carne
recorrida en medio cuerpo
por riachuelos de
diamantes.
Aquel temblor que rodea
su cornamenta se hace
llevadero cuando suenan
animadores compases.
La plaza está suspendida
en miradas expectantes;
y parece que en el ruedo
asiste en pleno la tarde
como testigo de azules
más o menos variables
orla poniendo a la plaza
de tintes crepusculares,
y es plaza clásica ahora
con
matador en realce
que
se mueve a paso lento
hacia
él y lo distrae
con la muleta. Se quedan
toro y torero sin nadie
bajo la equívoca música
que puede ser gloria o
sangre.
V
Se suceden muletazos
para tu sometimiento.
Te concede amables plazos
el Arte entre tiento y
tiento.
Aunque tú estás al acecho
defendiéndote la vida,
arteros pases de pecho
te enlentecen la embestida.
Pero todo se conjura
para tu destierro. Cantan
y cavan tu sepultura
con un "ole"
en las gargantas.
Ya vas muriendo. Ya
tomas
la muerte en tu vaso
triste
de nostalgia cuando
en lomas,
cuando en tus campos
creciste.
Un jirón de luz te vence
entre, mansedumbres lentas.
La muerte ya te convence
y tú, rendido, te ausentas.
V I
Matador que te llevas mis trofeos
y ufano los exhibes en la plaza,
ve cuál ha sido, al fin, mi última baza.
morir pronto, a tenor de los deseos.
Mientras tú eres señor de
clamoreos
triunfales cuando el éxito te abraza,
yo, que ya no soy furia ni amenaza,
sangre y
olvido tengo por arreos.
Un aplauso tal vez a mi bravura,
o lucir mi cabeza disecada
todo lo más sería mi
ventura;
uno de tantos para tu estocada,
acaso un mote en la
memoria oscura,
mientras tú asciendes,
gloria ovacionada.
V I
(EPITAFIO PARA TORERO Y TORO)
Ambos de un mismo vientre fueron hijos:
la madre tierra, por
pudor llamada
Naturaleza, Fuente,
Manantial.
Los dos sintieron dentro
de sus almas.
el fuego de la vida como
un río
por la sangre radial,
acelerada.
Nacimiento, pasión,
peligro y muerte
los une en una historia y
los enlaza
indisolublemente como el
mar
une en un cuerpo azul la
sal y el agua.
V I I I
(EL TORO DE LIDIA, ALEGORÍA DE
Igual que el toro sale al
ruedo, vamos
a la
arena caliente de la vida.
Vivir
es —desde un vientre— acometida,
y con
ella en el viejo mundo entramos.
Nos
diluvian después los fieros ramos
de
banderillas. Sigue la corrida,
la
furia a la muleta sometida.
Con
media espada nos desmoronamos.
Luego
viene el arrastre del olvido.
Las
mulillas del tiempo nos alejan
al
matadero desapercibido.
Igual
que al toro, igual, igual nos dejan.
¡Y
hasta borran las huellas que reflejan
nuestro paso sangriento y removido!
ECOS
ANDALUCES PARA ACOMPAÑAR A
PREHISTORIA
DE
MALAGUEÑA
DE DON ANTONIO CHACÓN
El niño que no
quiere
sentarse en la banqueta
remendona a aprender
de su padre, se ausenta
de la zapatería.
Y se va por los patios
a cantar en bautizos,
corros y casamientos.
Cuando llega a su casa,
su padre, enfurecido,
le tira el tirapié
y algunos disparates,
pero en su corazón
—colmena de los cantes—
nace la malagueña
acunada en secreto
por el celo del duente.
Y, pasados los años,
un día, en el cortijo
de Felipe Murube,
la malagueña, hecha
copla, sale del alma
sin gloria ni dinero,
como todo lo puro.
Como todo lo grande.
I I
SABOR A TIERRA DE
DEL NIÑO DE ESCACENA
Sabe a tierra la
taranta
aunque
la cante en tablao
el que
la vive y la canta
con una
voz que quebranta
los
terrones que ha picao.
Sabe a
polvillo y sudor,
ya
nacida, la taranta,
y
cuando la hace mayor
perfuma
su resudor
el alma
de quien la canta.
Que la
taranta es el cante
más
hondo y el más sudao,
y el
que de veras la cante
no
podrá cantarla antes
si a la
mina no ha bajao.
I I I
PREPARATIVOS PARA EL FANDANGO
BAILABLE EN ALMERÍA
El Paseo del Príncipe.
Se monta el escenario.
Se forman las parejas
entre alegría y garbo
como si se empezara
a disfrutar marcando
con los pies más gentiles
que nunca el paso a paso.
Guitarristas que templan.
Cantaores, por bajo.
Los palillos también
repican, entretanto,
a modo de tanteo
con un rítmico amago
de lo que será luego.
Luz del Mediterráneo.
Palmeras desperezan
sus paralelos brazos.
Se callan los rumores.
Se inicia, airoso, el acto.
Las voces y las cuerdas
ya suben al tinglado.
Conversan la guitarra
con el cante y, abajo,
las parejas empiezan
a bailar el fandango.
RÍO GRANDE
¡Oh gran río, gran rey
de Andalucía,
de arenas nobles ya que no dor
Atraviesas tú, oh río, como espada de agua
el cuerpo de esta tierra
con silencioso empuje
desde de lo alto en
Cañadas de Aguas Frías
hasta el mismo Sanlúcar,
en brazos del Atlántico
que te recibe como un
nudo de agua
en el que se confunden
tus afluentes, hermosos aliados
que ayudan a tus márgenes
a hermosear su paso
por los pueblos, vasallos
de tus aguas
y a la vez anfitriones de tu estancia,
huésped con privilegio
desde que los romanos te
bautizaran Betis
y más tarde los árabes
río grande, Wadi-al-Kebir, que viste,
cuando Isbiliya era la
capital de al-Andalus
y el rey al-Mutamid y su
corte exornaran
tu visita fluyente con
vistosas guirnaldas,
y fueras asociado a la
poesía como un fluvial palacio
en el que Rumaikiyya, la
esposa y favorita,
con sus hijos poetas y
al-Mutamid al frente,
[adalid de los versos,
dejasen una historia que
nos da admiración y orgullo,
raíces bien nutridas por
la savia poética
que hacen del andaluz un
corazón como yunque del cante
[y el poema
cuando golpea con furor
la vida, forjándonos
[metal
incandescente,
fuego para el amor, la
belleza, el trabajo.
Me pregunto: ¿Qué tiene la música que habla
sin palabras y pinta, sin paleta, colores,
y sea exaltación, sea recogimiento,
el ánimo, lo mismo que un ave liberada,
se remonta
a su cielo, arcoiris sonoro
que nos eleva a un mundo inasible, invisible?
Desde la humilde flauta que el mendigo nos
toca
en la calle que cruza la gente indiferente,
que a pesar de que vaya montada en su
ajetreo,
siente que algunos notas como pájaros leves
se posan en el hombro de un asombro fugaz,
y es posible que queden unas notas dispersas
en la oscura memoria como quedan las hojas
en la fría alameda que sacude el otoño,
hasta la sinfonía, catedral de compases,
el ritmo es espiral que nos lleva a su cumbre
de montaña en que somos breves iluminados.
¿Qué poder
sigiloso —tal como una mirada
que es red que nos cautiva— tiene esa arquitectura
de las sonoridades, la envolvente armonía
que nos alza en un rapto el cotidiano oído
acostumbrado a oír los ruidos comunes,
las palabras manidas, las noticias siniestras
que como duros látigos golpean la esperanza
de la tierra, que es barco en mar de
incertidumbres,
que es buque al que amenazan oscuros
tempestades?
¡Quizás un
pentagrama es la clave del mundo!
¡Quizás el universo se mece en la armonía,
en cuna pitagórica donde cantan los números
su nana celestial para que las galaxias,
para que los planetas se sienten hermanados
a modo de compases cuando pasen los siglos
y todo, al final, sea una Única Nota,
un sonido imitando la misma eternidad!
Si la paz
alimenta con sus maduros frutos
el hambre del sosiego, es porque somos tonos,
cadencias de una antigua melodía que quieren
volver a la unidad, y el amor es lo mismo:
un afán de fundirnos como la fragua funde
pedazos de metales para un cuerpo de ángel.
La música es
idioma que no tiene fronteras
y cuando nos conquista olvidamos las razas,
que demarcan altivos prototipos del hombre,
y también las creencias con cimas exclusivas,
y las ideologías con su afán de palestra,
y es porque nos suspende en sus alas sin
tiempo
impresiones que rozan la piel de lo inefable,
manos como de seda que acarician las almas,
arpegios que concuerdan en un mudo alborozo,
cuerdas de una guitarra ecuménica, anónima
por encima de todas las miserias que enlodan
los pies de la ilusión, hoy huérfanos de
altura,
hoy carentes de amparo de los dioses
antiguos,
hoy pedigüeños de paraísos efímeros,
esclavos de espejismos con brillos de
consumo.
Es esa ausencia
entonces cura de dulce olvido
de ese fardo de anécdotas que nos cuelga la
vida
en los hombros del alma y nos lastra, nos
pesa
como si nuestros pies cadenas arrastrara,
en la cárcel que tiene problemas por
barrotes,
y esa ascensión ingrávida —me imagino— es
reliquia
y esperanza que dentro de nosotros susurra,
titubea, profundo manantial, la sospecha
de viejos paraísos perdidos hace siglos
cuando todas la almas en un coro danzaban
con pausa de una hermosa asonancia de
espíritu;
y por eso la música nos arrebata y une,
pues ella nos devuelve a un reino que
perdimos…
Que por eso la música es lengua universal.
ÍNDICE
ASCENSIÓN A
CORAZÓN, PIEDRA
SUEÑO
SEPTIEMBRE
TRES POEMAS VOLUNTARIAMENTE...
EL
MISTERIO DE
CON COLOR DE UTOPÍA
TRÍPTICO DE SONETOS PARA UNAS MANOS
PAISAJE SUREÑO
EL SERMÓN DE BUDA EN RADJAGRIHA...
EL OCULTO CLAMOR DE
ECOS ANDALUCES PARA ACOMPAÑAR...
RÍO
GRANDE

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