viernes, 30 de enero de 2026

POEMAS SACADOS DE UN CUARTO TRASTERO

 

 


 

             EDITADO POR LA TERTULIA RÍO ARILLO (2009)

 

 

 

           CRÍTICA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Voy a abordar Poemas sacados del cuarto trastero de Juan Rafael Mena con una sinopsis global y luego una crítica profunda, atendiendo a temas, lenguaje, tradición literaria y valor poético. Me apoyo directamente en el texto que compartiste

POEMAS SACADOS DEL CUARTO TRASTERO

 

 

SINOPSIS

Poemas sacados del cuarto trastero es un libro de poesía de tono meditativo, memorialista y humanista, que recorre la experiencia vital del sujeto poético desde lo cotidiano hasta lo trascendente. El poemario funciona como una arqueología interior: el “cuarto trastero” es el lugar simbólico donde se almacenan recuerdos, creencias, heridas, entusiasmos estéticos y preguntas últimas.

A lo largo del libro, Juan Rafael Mena explora:

  • la redención estética (la música, el arte, la poesía),
  • el dolor íntimo (la pérdida, la soledad, el desamor),
  • la nostalgia del tiempo vivido,
  • la dimensión espiritual cristiana y oriental (Cristo, la Cruz, el budismo),
  • la identidad andaluza (paisaje, cante, río, tauromaquia),
  • y una reflexión ética sobre el hombre, su fragilidad y su esperanza.

El poemario no sigue una narración lineal, sino un itinerario de conciencia: del ruido urbano y el cansancio vital se asciende —una y otra vez— hacia instantes de sentido, belleza o revelación, para volver luego a lo cotidiano con una mirada renovada.


CRÍTICA PROFUNDA

1. Poética de la elevación: arte como salvación

Uno de los ejes centrales del libro es la función salvífica del arte, especialmente de la música y la poesía. En poemas como Ascensión a la música o La música, una lengua universal, el arte aparece como una escala metafísica (Jacob, Beatriz, el paraíso), capaz de suspender el peso del tiempo, del yo y de la angustia

POEMAS SACADOS DEL CUARTO TRAST…

.

No se trata de un esteticismo superficial, sino de una concepción clásica y casi sagrada del arte: la música no entretiene, purifica; no distrae, libera. En este sentido, Mena se inscribe en una tradición que va de Pitágoras a san Agustín, de fray Luis de León a Juan Ramón Jiménez.

El arte aparece como experiencia de trascendencia laica, capaz de devolver al hombre a una unidad perdida.

 

2. Memoria y nostalgia: el tiempo como herida

El libro está atravesado por una nostalgia activa, no paralizante. El yo poético revisita la infancia, la juventud, los primeros amores, la educación sentimental (Tres poemas voluntariamente retrospectivos, Sueño, Septiembre), no para refugiarse en ellos, sino para dotar de sentido al presente

POEMAS SACADOS DEL CUARTO TRASTERO

 

La memoria es presentada como:

  • refugio,
  • archivo emocional,
  • y acto creador.

No idealiza el pasado: lo reconoce como irrecuperable, pero fértil. Aquí Mena dialoga con la tradición machadiana (Antonio y Manuel), con ecos claros del 98 y de la poesía de la experiencia.


3. Dolor, pérdida y silencio

Poemas como Corazón, piedra revelan un tratamiento sobrio del dolor: el lenguaje se endurece, se vuelve mineral, nocturno. El corazón convertido en piedra es imagen de pérdida radical, de clausura emocional, de aislamiento ontológico

POEMAS SACADOS DEL CUARTO TRASTERO

 

No hay dramatismo excesivo: hay contención clásica, una aceptación estoica del sufrimiento, cercana a la elegía tradicional. El dolor no es grito: es peso.

 

4. Espiritualidad plural: Cristo y Buda

Uno de los aspectos más singulares del libro es su apertura espiritual. Conviven sin conflicto:

  • el cristianismo del dolor redentor (El misterio de la Cruz),
  • y el budismo del desapego (El sermón de Buda en Radjagriha).

Ambas tradiciones se leen como vías complementarias hacia la liberación del yo, el ego, el deseo y la violencia del mundo

 

 

Este sincretismo no es superficial ni decorativo: está trabajado conceptualmente (símbolos, estructura numérica, referencias filosóficas). El yo poético busca sentido, no dogma.


5. Andalucía como espacio mítico y ético

Andalucía no aparece solo como paisaje, sino como forma de estar en el mundo:

  • el río Guadalquivir como eje histórico y poético,
  • el cante como verdad nacida del sudor,
  • la tauromaquia como alegoría trágica de la vida (El oculto clamor de la corrida)

Especialmente potente es la lectura del toro como símbolo del hombre: nacer, luchar, ser herido, caer en el olvido. Aquí el poema alcanza una dimensión existencial y filosófica, más allá de la polémica cultural.


6. Lenguaje y forma

Juan Rafael Mena apuesta por:

  • métrica clásica (sonetos, romances),
  • léxico culto pero comunicativo,
  • imágenes claras, simbólicas, no herméticas.

No busca la ruptura vanguardista, sino la continuidad de una tradición humanista. Su poesía es discursiva, reflexiva, ética. A veces puede parecer extensa o explicativa, pero esa amplitud responde a una voluntad de decir el mundo con claridad moral.


VALORACIÓN FINAL

Poemas sacados del cuarto trastero es un libro honesto, maduro y coherente, que defiende la poesía como:

  • memoria,
  • consuelo,
  • pensamiento,
  • y elevación espiritual.

No pretende deslumbrar con artificios, sino acompañar al lector en preguntas esenciales: el dolor, el tiempo, el arte, la fe, la esperanza. Es un libro que cree —sin ingenuidad— en la dignidad del ser humano y en la palabra como lugar de resistencia frente al vacío.

 

                   ASCENSIÓN A LA MÚSICA

                              

 

 

                 Deambulaba aburrido por mi arrabal de ocios,

 pisando el vulgar suelo de las frases manidas

 del día, entre la gente cotidiana y de paso;

 las idas y venidas por los bancos, las tiendas,

 los cafés del mercado, los cláxones, las motos,

 autobuses locales con ingentes paradas;

 en fin, ese alboroto que la mañana hierve

 en su olla de anécdotas y horas-punta fugaces.

 

 Miré el sol, Polifemo con su ojo dorado

 alumbrando a sus hijos, aluviones con prisa

 de cuerpos transeúntes, humanas termiteras,

 para sobrevivir arrastrando alimentos;

 miré la carpa azul del cielo sobre el mundo

 como cubriendo un circo de amaestradas criaturas,

 y esa sala celeste. océano invertido

 y sus peces de noche, pestañeos de estrellas,

 fue tentación sabrosa para el pájaro preso

 que es siempre el pensamiento en rejas de cuidados.

 

Una mano furtiva con dedos invisibles

me abrió la portezuela de mi esclava costumbre

cuando rocé la puerta de un comercio de música

y una pieza fue fuego que me envolvió en su humo

de indecibles sonidos…

                                         ¿Qué era aquello que hacía

inhabitar en mí raras evocaciones

de no sé qué recuerdos que nunca hube vivido

y me desenredaban madejas de nostalgia

en la rueca gozosa de mi vieja memoria?

 

 

                ¿Qué poder inaudito tienes, Música, dime

que me vas liberando de hiel de prejuicios,

de ideas que me pueden enredar en el odio,

de esperanzas tullidas que cuando estoy a solas

salen a mi conciencia como grietas de penas,

de seres que se fueron y sabor me dejaron

a cicatriz de penas, de ayeres que golpean

con sus remordimientos el yunque de mi aguante?

 

 

               Tú, Música, te das, surtidor, como mano

amiga en los momentos que vocean ayuda

y me dices que cierres los ojos, estos ojos

hechos a panoramas urbanos estridentes,

y que de ti me fíe porque vas a llevarme,

como Beatriz a Dante, al mismo paraíso,

y es que eres tú la escala de Jacob para un sueño

que soñamos despiertos, tal como una llamada

de no sé qué región en la que ya no hay horas,

ni espacios limitados, ni propiedad, ni señas,

ni los seres queridos, ni los seres odiados,

ni el ayer, ni el mañana, ni las preocupaciones;

liberados del dédalo de las cifras y el ceño,

un levitar radiante con fuga involuntaria

ascendemos ingrávidos, libertos respiramos

como si desataran de nuestros pies cadenas,

como si nos quitaran un fardo de los hombros.

 

Tú, Música, eres río Jordán en el que entramos

a lavarnos de toda la suciedad que el día,

por nuestras servidumbres de tantos menesteres,

nos pega en nuestra piel, que es tan frágil coraza.

 

Oh Música, estrenado el corazón de nuevo,

bajo a lo cotidiano como si renaciese

aquel niño, aquel joven descubriendo su mundo

desde su ventanal de inocencia y veía

               la tierra como un arpa de anécdotas diarias

que aprenderla tocamos con dedos temblorosos,

el vivir como un campo de esperanzado trigo

al que con los trabajos y los años segamos,

pero, tú, noble música, nos distraes y ayudas

por sobre los cansancios a levitar, volar

y a olvidar, restañando nuestro amor a la vida.

 

 

 

                                   CORAZÓN, PIEDRA

 

 

                    Te has ido de repente. Tu voz se me ha quedado

entre las manos como una rosa tronchada.

Se me han quedado huérfanos el corazón, los ojos.

En este instante puede convertirse mi vida

en una tosca piedra si Dios lo permitiera.

La noche precipita sobre mí su oleaje

de sombras, su destino de ser negra y profunda.

Y yo le abro unos brazos que tan sólo me sirven

para fingir dos ramas ya secas frente al viento.

Allá en la lejanía se proyecta mi sombra

y el viento inexorable acaba derribándola.

Mi corazón se ahoga en mi propio silencio;

naufraga con la última esperanza que tiene.

Todos los horizontes se cerraron de pronto.

Mi espíritu se orienta hacia su propio centro.

Ya se duerme la piedra cuando la luz le imprime

en su carne durísima la frialdad de los astros.

La soledad creciente la hunde más en la tierra

enlazada a las fuertes raíces del olvido.

 

"Isla", boletín de la Sociedad de Fomento,

de San Fernando, octubre de l966

 


                             SUEÑO

 

                 La noche te ha traído hasta mi pensamiento.

como una mansa lluvia de pétalos ardientes

caer te siento sobre mis manos apagadas,

mis manos que ya adquieren la forma del deseo.

 

Con un mágico gesto te construyo en mi sueño.

Mi silencio se adhiere a tu frágil contorno.

Suena en el horizonte el canto inolvidable

de las rosas aquellas inundadas de músicas.

 

La madrugada avanza como una inmensa nave

de luz. Sobre su estela tu silueta se yergue

y la tierra conmigo se levanta ambiciosa

queriendo respirar tu presencia serena.

 

Se desvanece todo de pronto. Con la aurora

vuelven a llover pétalos de la rosa soñada,

y alrededor, en torno del desencanto yace

una lluvia de sueños salpicando mi alma.

                                              

 

"Isla", boletín de la Sociedad de Fomento

de San Fernando, octubre de l966


             SEPTIEMBRE

 

 

                  La tarde fría de septiembre tiene

frente a la noche una actitud serena:

oh, cielo fresco, paz lunar y viento

transido por la muerte de un jazmín.

Se pasea por ella, se pasea

recordando una tarde parecida

en que estaba también el horizonte

malva, y olía el silencio

a soledades húmedas, a calles

                                     despobladas.

La tarde tiene para mí su muerte

en este mismo instante, cuando apenas

alguien observará que estoy mirando

cómo las sombras se levantan, cómo

me rodea la luz difusa y siento

la extraña sensación de estar muy solo.

La tarde tiene a derribarse, pero

me parece que avanza,

que avanzase empujada torpemente;

yo, mientras tanto, la contemplo aquí

en un lugar de su belleza triste

que me hace recordar que otra vez fui

testigo de su muerte. Pero ahora

más me impresiona su presencia, más

la siento alrededor de mi silencio

agonizar, rendirse a mis orillas.

 

 "Isla", boletín de la sociedad de fomento

de San Fernando octubre de l966

 

              

      TRES POEMAS VOLUNTARIAMENTE RETROSPECTIVOS

 

I

 

 

ESTE VIEJO ROMÁNTICO QUE LLEVO, DE LECTURAS...

 

 

 

                Este viejo romántico que llevo, de lecturas

de los años aquellos de instituto y muchacha,

aún conserva los textos de aquel bachillerato,

el olor de las aulas, el vagar por la playa

novelas rosa tuyas, los discos de boleros,

frasquitos ya vacíos de tu colonia Maja,

los bailes por lo fino de la cafetería

con señoritas de corrección provinciana...

Cuando la vida muestra su garra o su rutina

se vuelve a sus recuerdos que es como isla en calma

y mira los trofeos que le ganó a los días:

el trabajo, el estudio, la amistad, la eficacia.

Cuando palpó el vacío que los años mordientes

en una intransferible soledad le dejaba,

lo llenó con las cosas y los seres queridos,

y armonía y amor le devolvió su casa.

Pero el viejo romántico siempre ha vivido oculto

dentro de su sonrisa vulgar y de sus canas.

Así nadie ha notado que cuando parecía

superficial y frívolo, su corazón lloraba...

¡Pero escribir podría tantos, tantos poemas,

que era mejor dejar quieta y muda la página

 

 

   I I

 

                           DESAHOGO

 

 Necesito escribir, comunicarte

ensueños, soledades, remembranzas.

Con el paso del tiempo, sólo el Arte

consuela de sequías de esperanzas.

Vivir para el ayer, ya inconmovible

entre nostalgias de fotografías

queridas y viajar al imposible

trayendo al hoy felices idos días.

Momentos que se fueron y dejaron

en nuestra alma anécdotas y gentes

que con la evocación alimentaron

el paso de los años inclementes.

El feliz despertar de los amores,

los paseos, las calles, la alameda,

las horas y sus lentos resplandores,

la ilusión, que en su torre nos hospeda,

y los primeros libros que compramos,

y los versos agraces que escribimos,

y las penas ocultas que olvidamos

y los héroes aquellos que no fuimos.

Pero nos queda ese mejor amigo,

que es la memoria, que nos acompaña,

secretario eficiente y buen amigo

que nos hace olvidar lo que nos daña.

Como un alivio, yo me he permitido

pintarte en esta página el encanto

de convertir en bello lo vivido,

y ocultar en el fondo -artero- el llanto...

 

                I I I

 

 

LOS POETAS VIVIMOS DE LEVES PEQUEÑECES...

 

  Los poetas vivimos de leves pequeñeces

tales como recuerdos, ensueños y poemas.

Elegimos palabras que devuelven con creces

a nuestro corazón el goce de sus temas.

Perdemos ocasiones de vivir más tranquilos

y mimamos ideas profundas, trascendentes

pensando sobre Quién tirará de los hilos

de esta vida, del mundo, del tiempo y de las gentes.

Pero no me arrepiento de este inútil oficio

y cada día más lo amo y necesito.

Él me salva -es mi amigo- de todo maleficio

y sólo por soñar con él me felicito.

 

 El mundo, ciego y frívolo, nos mira con reparo

y no sabe que somos más felices que él,

y que de lo que fuimos quedará, bello y claro,

un retrato emotivo al margen del papel.

 

Tenemos los poetas más suerte que los divos

que en la televisión presumen de grandeza.

Tenemos los poetas los dones sensitivos

de elevarnos a un cielo donde esté la Belleza.

 

                        EL MISTERIO DE LA CRUZ

 

I

 

HINCADA EN LA TIERRA, SANTIFICACIÓN DEL DOLOR

 

 

 

Todas las convulsiones de la tierra

en su ida y venida como noria

y toda la violencia de la Historia

en las manos odiosas de la guerra;

 

todo lo que es esfuerzo y luego yerra

y la pena arañando la memoria,

y lo previo a morir se sabe escoria

y al alma, sacudiéndola, la aterra,

 

ya no es inútil como ayer creía.

Ya no es errar camino hacia la nada,

ni es foso oscuro de los desconsuelos.

 

Porque en la Cruz es ya sabiduría

la vida, que a Jesús está hermanada

en el Dolor, escala hacia los Cielos.

 

 

II

 

LOS BRAZOS SOBRE EL MUNDO

PARA ALIENTO DE LOS HUMANOS

 

 

                ¿Y para qué esos brazos extendidos

sobre los hombros de este mundo? Veo

que quieren ayudar cual cirineo

a los hombres cansados y abatidos.

 

Esos brazos se extienden desmedidos

en larga espera, a modo de rodeo,

como paciencia, como Amor, tanteo

sobre los corazones descreídos.

 

Nos sostienen los brazos del Misterio

y encima del madero todos vamos

como en la tabla de un naufragio a oscuras.

 

Sube el Dolor la Cruz y halla cauterio

en esos brazos, ya floridos ramos,

en que paz picotean las criaturas.

               I I I

 

 

EL CABEZAL DE LA CRUZ SEÑALA

LA ASCENSIÓN DE LA ESPERANZA

 

 

                 Halla luz el Misterio en la cabeza

del Cristo que expirando la reclina.

Esa porción de la madera hacina

la Esperanza de la Naturaleza.

 

La Esperanza ya es dulce fortaleza

de este Misterio en que la Cruz culmina

y en esa como cofa difumina

un hacia arriba donde espera y reza.

 

El Dolor quedó abajo sometido.

El Amor, en su afecto sostenido

y la Esperanza, de su cielo en pos.

 

La Cruz hizo al Misterio aprendizaje,

duro y prometedor como un paisaje

en el que vamos persiguiendo a Dios.


        CON COLOR DE UTOPÍA

 

                Yo sueño con un mundo donde cante

a un unísono fiel con sus hermanos

el hombre y, juntos, todos más humanos,

ver el futuro más jovial delante.

 

Que el corazón, universal, amante

sienta pues, sus latidos más ufanos

porque sienta a los otros más cercanos

ya que a ellos también es semejante.

 

En este mundo, con afán, se alcanza

aquello en que se pone la esperanza

y, laborioso, el ánimo lo quiso.

 

               El sueño, que es motor de la existencia,

se puede convertir en providencia

y así recuperar el Paraíso.

 

I    I

 

Creo que el hombre, por su bien, no quiere

consumar su morirse cotidiano

(se le ve hundirse dentro del pantano

de tedio que la vida le confiere).

 

               Aunque a veces se aburra y desespere,

alza y agita con terror la mano

para que venga quien se llame hermano

a sacarlo de donde se nos muere.

 

Creemos en que todos algún día

—hemos tomado en serio el compromiso—

construiremos un hombre de utopía.

 

               Entonces se verá que quien más cobra

en gozo eterno será aquel que quiso

poner su vida para hacer la obra.

 

 

          TRÍPTICO DE SONETOS PARA UNAS MANOS

 

                Las manos que de niño te cuidaron

hoy, viejas, se entrecruzan sarmentosas.

Las manos que ayer iban presurosas

y que de todo, en fin, se preocuparon;

 

esas manos que dulces te lavaron

y luego, como lentas mariposas,

se posaban encima de las cosas

de la casa, y, a veces, se cansaron,

 

y con los años luego envejecieron

pero, a pesar de su vejez, siguieron

amando y trabajando por los seres

 

queridos y ponían sus primores

en detalles de sus alrededores

y en el servir estaban sus poderes.

 

  I I


Madre, esas manos tuyas que descansan

sobre el limpio calor de tu regazo,

hoy son signo de un fuerte cañamazo

donde todos se juntan y arremansan.

Por eso aquí las cóleras se amansan

y hasta se reconcilian con abrazo.

Esas manos agrupan, forman lazo

de unión y en dar consejos no se cansan.

Escrita en esas manos va la historia

de todo lo que en casa ha sucedido

para bien, para mal, para memoria

del tiempo que las ha ya entumecido

mas no puede borrar para el olvido

este envejecimiento que es su gloria.

 

I I I

 

Las manos que a los nietos acarician,

a la mano de Dios se nos parecen,

a los mayores en labor convencen

y esperanza en los jóvenes auspician.

 

En tanta paz se sienten que se vician

y se rebelan porque, si envejecen,

no por ello creyeran que enflaquecen:

testarudas, de vez en cuando ofician

 

como antaño, con señas magistrales,

como si la nostalgia un arrebato

les pusiese en sus dedos maternales;

 

y es que se saben útiles un rato.

Después descansarán y será grato

verlas de nuevo quietas e invernales.

 


       PAISAJE SUREÑO

 

 

I

            ROMANCE

 

 

Esteros, adonde vienen

las aguas como a una escuela

a encasillarse obedientes

en sus aulas tan pequeñas.

 

La mar sometida entonces,

sin furia de las mareas,

sin las roncas tempestades,

sin buques que la navegan,

sin los marineros muertos,

sin naufragios ni tristezas,

sin la calma del estío

cuando es espejo de estrellas...

 

Es la mar a la que el hombre

ha hecho ahora prisionera

y trae peces que sacan

para una feliz despesca.

 

Es, en fin, la mar sumisa

que pasa por las compuertas

como una niña que acude

al primer día de escuela.

 I I

 

             SONETO

 

 El sol inexorable del verano,

que en el Sur tiene su mansión más clara

y tan resplandeciente, se declara

verdugo de calor desde temprano.

 

Por ello mismo, ese calor es mano

que al pasar por el agua quieta, avara

del estero, la seca y la alquitara

y la convierte en un salado grano.

 

Verás, piramidales, los montones

al lado de incipientes baranchones,

palas, tractor, espuertas, salineros.

 

Oh queridos paisajes peculiares

que ven con siluetas familiares

desde los autobuses los viajeros.

 

 

           

 


    EL SERMÓN DE BUDA EN RADJAGRIHA*

    LA ESENCIA DEL BUDISMO

 

                             I

 

Dime, Kasyapa*, dime qué calor has sacado

del fuego que adoraste y qué satisfacciones

como inmaduros frutos cogiste de ese árbol

de tantas penitencias y austeros sacrificios.

Sé muy bien que adorando ese fuego tú eras

un pálido habitante de un círculo engreído

del individuo, espejo de altivas vanidades,

ancho río que tiene seco y pétreo su cauce.

 

 

                          I   I

 

 

    Oh, sí, rey Bimbisara, imagina un arroyo

    de agua fresca, delgada y limpio de ramajes,

    por tu frente aparece, y es la idea, la idea

    lo mismo que una lámpara que ilumina tus ojos.

    Has llegado a saber que quien oye del Buda

    su palabra brotando como de manantial

    de la sabiduría, ha de dejar caer

    cual soldado vencido el escudo del yo.    

 

                            I  I  I

 

    Cuando acerqué el candil de mi descubrimiento

    del espíritu al yo, quedé sobrecogido.

    Cuenta me di que el yo es un fardo pesado

    que lleva dentro máscaras, según sus intereses;

    pero él no lo sabe que es actor. Cuando actúa

    —bambalinas la vida— lo hace tal el borracho

    envuelto en la humareda de su rol como un títere

    de pasiones con hilos que entretejen errores. 

 

 

*  Radjagriha: Región de la India

*  Kasyapa: Jefe de un grupo de seguidores de Krishna, luego convertido seguidor del budismo

*  Bimbisara: rey de Magadha.

 

 

                        I   V    

 

 

                 Pero él cree que todo cuanto sabe y ansía

 es todo el patrimonio que a la vida lo arrastra.

 Le acompaña el baúl de disfraces legales

 y dispone de él en el viejo escenario

 del mundo, al que se siente atado por afanes.

 El mundo es espejismo que le atrae y le guiña

 en el frío desierto del vivir cotidiano.

                                                 
                            V

 

 Abrid, abrid los ojos, despertaros y ved

 que sois como un tapiz de karma empedernido

 —la trama de la sed de vida en esta tierra

 y la urdimbre de apego a todo lo que existe—

 como hiladas están de apetencia y ficción,

 sin dejar que el espíritu ilumine su fondo

 donde los nacimientos se suceden iguales

 que oleajes venidos a morir en la playa.

 

                         

                                        V    I


Como costra es el yo del espíritu, y es duro

porque lo ha endurecido el Deseo y le atrae

todo cuanto en el mundo es mano que se ofrece:

delirios de palabras prestidigitadoras

como un embaucamiento a pueriles sentidos,

que son los ventanales por el que ya maduro

el espíritu asoma, y ve esta falsa feria

de un mundo que es burbuja de fugaz ignorancia.

                         

                         V   I   I

 

Toda la pesadez de ese bulto del yo

herencia es de otras vidas que acumularon lodo

al lodo de estos pies caminantes por siglos

y que para limpiarse jamás se detuvieron.

Una vida tras otra fueron endureciendo

sus pisadas por esta piel de camaleón

que es el viejo planeta cambiante, desoído

por dioses cuando implora con fervor como un ascua.                            

 

 

                        

                       V   I   I   I 

 

 

               El amor debe uniros como un ramo de espigas.

Que el amor es señal de que os vais liberando,

de que vaciando vais la valija que os puso

el karma en vuestro hombros. El amor verdadero

os da como unas alas que os eleva del polvo

en que pisáis cenizas de los que os precedieron

y enterrados quedaron por sus locos anhelos

en los hoyos profundos de sus propios vacíos.

 

 

                        I    X

 

 

Sé que todos buscáis el gozo, la subida

hasta la blanca cumbre donde una planta airosa

crece para el valiente que conquistarla pueda.

Perfumará por ello vuestras manos ya libres,

vuestras manos, más limpias que la boca de un loto.

El Nirvana es albergue para quienes rompieron

el yugo de su apego, la cuerda presidiaria

que lo unía a este mundo, crisol de los humanos.

 

                                                    X



Refugiaos en el Buda*, en el Dharma*, en el Sangha*

y dejaréis colgada a la puerta del mundo

esa angustia que es látigo y os apalea ciega,

y la liberación de la cadena humana

hallaréis: el Nirvana, la alegría infinita

de no volver a entrar en la piel de este mundo,

de no bajar cual reo a la cueva de sombras.

El Nirvana, descanso, desnudez, libertad.

 

 

 * Buda: El Despertado

 * Dharma: La ley

 * Sangha: La Iglesia budista, el refugio.

                    NOTAS

 

 

El presente poema está compuesto de diez estrofas, a su vez formadas por ocho versos. El número de ocho significa el Noble Óctuple Sendero que enseñó Sidharta Gautama.

 

Pero el número de diez retorna al pitagorismo.

Ambos movimientos, pitagorismo y budismo, fueron contemporáneos; es, por tanto, una vinculación de las dos doctrinas. La inserción del poema está motivada por la idea de exponer las dos fuentes espirituales más importantes de su época, una en Occidente y la otra en Oriente.


EL OCULTO CLAMOR DE LA CORRIDA

 

Y, terminada

la fiesta de oro y rojo, a la mirada

queda sólo...un eco

de amarillo seco

y sangre cuajada.

 

MANUEL MACHADO: La fiesta nacional

 

     EL TORO DE LIDIA

 

 

                 Enlutado jirón de la tormenta

que brama en las orillas de un capote,

y ya, lasca de ola su derrote,

un candelabro eleva en cornamenta.

 

Vara de fuego el picador le afrenta

y le saca un fresón por el cogote,

y, si le pone rizos el palote,

le agiganta el fresón y lo revienta.

 

Malherido, en el aire da arañazos

y empiezan a erigir los muletazos

un pedestal al que da vueltas fiero.

 

Pero después, sereno, se relaja

noble, y ofrece —la cabeza baja—,

un rosal rojo que le abrió el acero.

 

 

 

        

 

 

 

 

 

 

                 LA CORRIDA

 

                       I

 

 Inician bajo el sol su paseíllo,

prietos y firmes, por la fausta arena.

Hay un temblor de luces amarillo

que la música apaga y enarena.

 

Seca la lengua, se succiona y reza

ante un altar de frio imaginario,

mientras la plaza pone en la cabeza

del espada un ingenuo campanario.

 

El fuego del estío crece y arde

como un alud que baja del tendido,

en tanto, por el cielo va la tarde

como un imaginario muslo herido.

                La música acaricia las hombreras

que guiñan garabatos de impaciencia

y se inclinan audaces las monteras

con íntimo temblor evanescente.

 

Y surge un chorro de alegría —¿dónde?—

que baña el corazón y lo enardece,

y también un suspiro que se esconde

cuando el clarín se rompe, se embravece...

                 I  I

 

 

                Como un oscuro vendaval que arroja

bramido y polvo, el toro sale al ruedo.

Toro, bestial embajador del miedo,

presa en la piel la sangre bronca y roja.

 

Da una vuelta a la plaza y la rodea

de su aliento, que es lanza de bravura,

y convoca al torero a la aventura

y entre sueños mortales lo cornea.

 

Dueño implacable de la plaza, mira

su concurrencia alrededor. Astado,

se piensa flecha y arco de su brío.

 

Hasta que escarba ya impaciente y gira

en torno, donde, fresco y desplegado,

un capote despunta en desafío.

 

I I I

 

                 El primer lance templa la fiereza

y el segundo lo para y lo somete.

Con el tercero la faena empieza

y el cuarto, airoso, la ovación promete.

 

El toro es este viento sin destino

que brama en los geranios del capote,

donde encuentra un efímero camino

que es también la cuchilla de un derrote.

 

El toro es como viento negro y duro

en busca del remanso de una esquina,

que halla una buganvilla como muro

en las fronteras de una chicuelina.

 

Hay un rumor de palmas que sepulta

al toro en manto espeso de alegría,

Brilla el torero nada más, que oculta

al toro ahora, en pose de hidalguía.

 

Y como alondra en vuelo se derrama

el capote triunfante por la arena,

y, al instante, el tendido es una llama

que bulle con revuelos de colmena

 

     I V

 

                   Una flor de pascua herida

es el toro cuando sale

de las varas, cuando ve

que hay un capote delante

que lo invita a que arremeta

contra el peón y se lance

ansiando sacar la puya

de su herida, en esa carne

recorrida en medio cuerpo

por riachuelos de diamantes.

 

Aquel temblor que rodea

su cornamenta se hace

llevadero cuando suenan

animadores compases.

La plaza está suspendida

en miradas expectantes;

y parece que en el ruedo

asiste en pleno la tarde

como testigo de azules

más o menos variables

orla poniendo a la plaza

de tintes crepusculares,

y es plaza clásica ahora

con matador en realce

que se mueve a paso lento

hacia él y lo distrae

con la muleta. Se quedan

toro y torero sin nadie

bajo la equívoca música

que puede ser gloria o sangre.

             

             

V

 

              Se suceden muletazos

                para tu sometimiento.

Te concede amables plazos

el Arte entre tiento y tiento.

Aunque tú estás al acecho

defendiéndote la vida,

arteros pases de pecho

te enlentecen la embestida.

Pero todo se conjura 

para tu destierro. Cantan

y cavan tu sepultura

con un  "ole" en las gargantas.

Ya vas muriendo. Ya tomas

la muerte en tu vaso triste

de nostalgia cuando en lomas,

cuando en tus campos creciste.

Un jirón de luz te vence

entre, mansedumbres lentas.

La muerte ya te convence

y tú, rendido, te ausentas.

                           

 

 

                  V  I 

 

                 Matador que te llevas mis trofeos

y ufano los exhibes en la plaza,

        ve cuál ha sido, al fin, mi última baza.

        morir pronto, a tenor de los deseos.

 

Mientras tú eres señor de clamoreos

triunfales cuando el éxito te abraza,

yo, que ya no soy furia ni amenaza,

sangre y olvido tengo por arreos.

 

Un aplauso tal vez a mi bravura,

o lucir mi cabeza disecada

todo lo más sería mi ventura;

 

uno de tantos para tu estocada,

acaso un mote en la memoria oscura,

mientras tú asciendes, gloria ovacionada.

 

                 V I

 

             (EPITAFIO PARA TORERO Y TORO)

 

           Ambos de un mismo vientre fueron hijos:

la madre tierra, por pudor llamada

Naturaleza, Fuente, Manantial.

Los dos sintieron dentro de sus almas.

el fuego de la vida como un río

por la sangre radial, acelerada.

Nacimiento, pasión, peligro y muerte

los une en una historia y los enlaza

indisolublemente como el mar

une en un cuerpo azul la sal y el agua.

 

 

V  I  I  I

 

               (EL TORO DE LIDIA, ALEGORÍA DE LA VIDA)

 

                 Igual que el toro sale al ruedo, vamos

 a la arena caliente de la vida.

 Vivir es —desde un vientre— acometida,

 y con ella en el viejo mundo entramos.

 

 Nos diluvian después los fieros ramos

 de banderillas. Sigue la corrida,

 la furia a la muleta sometida.

 Con media espada nos desmoronamos.

 

 Luego viene el arrastre del olvido.

 Las mulillas del tiempo nos alejan

 al matadero desapercibido.

 

 Igual que al toro, igual, igual nos dejan.

 ¡Y hasta borran las huellas que reflejan

 nuestro paso sangriento y removido!


ECOS ANDALUCES PARA ACOMPAÑAR A LA EMIGRACIÓN

                          

PREHISTORIA DE LA APOTEOSIS DE LA

MALAGUEÑA DE DON ANTONIO CHACÓN

 

                            El niño que no quiere

                    sentarse en la banqueta

                    remendona a aprender

                    de su padre, se ausenta

                    de la zapatería.

                    Y se va por los patios

                    a cantar en bautizos,

                    corros y casamientos.

                    Cuando llega a su casa,

                    su padre, enfurecido,

                    le tira el tirapié

                    y algunos disparates,

                    pero en su corazón

                    —colmena de los cantes—

                    nace la malagueña

                   acunada en secreto

                   por el celo del duente.

                   Y, pasados los años,

                   un día, en el cortijo

                   de Felipe Murube,

                   la malagueña, hecha

                   copla, sale del alma

                   sin gloria ni dinero,

                   como todo lo puro.

                   Como todo lo grande.

 

                       I   I

 

               SABOR A TIERRA  DE LA TARANTA

        DEL NIÑO DE ESCACENA

 

                            Sabe a tierra la taranta

aunque la cante en tablao

el que la vive y la canta

con una voz que quebranta

los terrones que ha picao.

 

Sabe a polvillo y sudor,

ya nacida, la taranta,

y cuando la hace mayor

perfuma su resudor

el alma de quien la canta.

 

Que la taranta es el cante

más hondo y el más sudao,

y el que de veras la cante

no podrá cantarla antes

si a la mina no ha bajao.

 

                                                                        

                 

                      I  I  I

 

                     PREPARATIVOS PARA EL FANDANGO

          BAILABLE EN ALMERÍA 

 

 

 

           El Paseo del Príncipe.

           Se monta el escenario.

          Se forman las parejas

          entre alegría y garbo

          como si se empezara

          a disfrutar marcando

          con los pies más gentiles

         que nunca el paso a paso.

 

         Guitarristas que templan.

         Cantaores, por bajo.

         Los palillos también

         repican, entretanto,

         a modo de tanteo

         con un rítmico amago

         de lo que será luego.

 

         Luz del Mediterráneo.

         Palmeras desperezan

         sus paralelos brazos.

         Se callan los rumores.

         Se inicia, airoso, el acto.

         Las voces y las cuerdas 

         ya suben al tinglado.

         Conversan la guitarra

         con el cante y, abajo,

         las parejas empiezan

         a bailar el fandango. 

 


                 RÍO GRANDE

 

 

                        ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

                                       de arenas nobles ya que no dor

                   

                   Atraviesas tú, oh río, como espada de agua

el cuerpo de esta tierra con silencioso empuje

desde de lo alto en Cañadas de Aguas Frías

hasta el mismo Sanlúcar, en brazos del Atlántico

que te recibe como un nudo de agua

en el que se confunden tus afluentes, hermosos aliados

que ayudan a tus márgenes a hermosear su paso

por los pueblos, vasallos de tus aguas

y a la vez anfitriones de tu estancia,

huésped con privilegio

                               desde que los romanos te bautizaran Betis

y más tarde los árabes río grande, Wadi-al-Kebir, que viste,

cuando Isbiliya era la capital de al-Andalus

y el rey al-Mutamid y su corte exornaran

tu visita fluyente con vistosas guirnaldas,

y fueras asociado a la poesía como un fluvial palacio

en el que Rumaikiyya, la esposa y favorita,

con sus hijos poetas y al-Mutamid al frente,

                                                   [adalid de los versos,

dejasen una historia que nos da admiración y orgullo,

raíces bien nutridas por la savia poética

que hacen del andaluz un corazón como yunque del cante

                                                              [y el poema

cuando golpea con furor la vida, forjándonos

                                                       [metal incandescente,

fuego para el amor, la belleza, el trabajo.

 

 

               LA MÚSICA, UNA LENGUA UNIVERS


                    Me pregunto:  ¿Qué tiene la música que habla

sin palabras y pinta, sin paleta, colores,

y sea exaltación, sea recogimiento,

el ánimo, lo mismo que un ave liberada,

se remonta  a su cielo, arcoiris sonoro

que nos eleva a un mundo inasible, invisible?

 

 

 

Desde la humilde flauta que el mendigo nos toca

en la calle que cruza la gente indiferente,

que a pesar de que vaya montada en su ajetreo,

siente que algunos notas como pájaros leves

se posan en el hombro de un asombro fugaz,

y es posible que queden unas notas dispersas

en la oscura memoria como quedan las hojas

en la fría alameda que sacude el otoño,

hasta la sinfonía, catedral de compases,

el ritmo es espiral que nos lleva a su cumbre

de montaña en que somos breves iluminados.

 

               ¿Qué poder sigiloso —tal como una mirada

que es red que nos cautiva— tiene esa arquitectura

de las sonoridades, la envolvente armonía

que nos alza en un rapto el cotidiano oído

acostumbrado a oír los ruidos comunes,

las palabras manidas, las noticias siniestras

que como duros látigos golpean la esperanza

de la tierra, que es barco en mar de incertidumbres,

que es buque al que amenazan oscuros tempestades?

 

                ¡Quizás un pentagrama es la clave del mundo!

¡Quizás el universo se mece en la armonía,

en cuna pitagórica donde cantan los números

su nana celestial para que las galaxias,

para que los planetas se sienten hermanados

a modo de compases cuando pasen los siglos

y todo, al final, sea una Única Nota,

un sonido imitando la misma eternidad!

 

                Si la paz alimenta con sus maduros frutos

el hambre del sosiego, es porque somos tonos,

cadencias de una antigua melodía que quieren

volver a la unidad, y el amor es lo mismo:

un afán de fundirnos como la fragua funde

pedazos de metales para un cuerpo de ángel.

 

 

 

               La música es idioma que no tiene fronteras

y cuando nos conquista olvidamos las razas,

que demarcan altivos prototipos del hombre,

y también las creencias con cimas exclusivas,

y las ideologías con su afán de palestra,

y es porque nos suspende en sus alas sin tiempo

impresiones que rozan la piel de lo inefable,

manos como de seda que acarician las almas,

arpegios que concuerdan en un mudo alborozo,

cuerdas de una guitarra ecuménica, anónima

por encima de todas las miserias que enlodan

los pies de la ilusión, hoy huérfanos de altura,

hoy carentes de amparo de los dioses antiguos,

hoy pedigüeños de paraísos efímeros,

esclavos de espejismos con brillos de consumo.

 

                Es esa ausencia entonces cura de dulce olvido

de ese fardo de anécdotas que nos cuelga la vida

en los hombros del alma y nos lastra, nos pesa

como si nuestros pies cadenas arrastrara,

en la cárcel que tiene problemas por barrotes,

y esa ascensión ingrávida —me imagino— es reliquia

y esperanza que dentro de nosotros susurra,

titubea, profundo manantial, la sospecha

de viejos paraísos perdidos hace siglos

cuando todas la almas en un coro danzaban

con pausa de una hermosa asonancia de espíritu;

y por eso la música nos arrebata y une,

pues ella nos devuelve a un reino que perdimos…

Que por eso la música es lengua universal.

 

 

 

 

 

 


ÍNDICE

 

 

        ASCENSIÓN A LA MÚSICA                                                     

 

                CORAZÓN, PIEDRA                                                                 

 

SUEÑO                                                                            

 

                SEPTIEMBRE                                                                  

 

                TRES POEMAS VOLUNTARIAMENTE...                                          

 

 EL MISTERIO DE LA CRUZ                                           

 

  CON COLOR DE UTOPÍA                                                     

 

                TRÍPTICO DE SONETOS PARA UNAS MANOS                      

 

PAISAJE SUREÑO                                                               

 

 EL SERMÓN DE BUDA EN RADJAGRIHA...                   

 

                EL OCULTO CLAMOR DE LA CORRIDA                                   

 

           ECOS ANDALUCES PARA ACOMPAÑAR...                           

 

                RÍO GRANDE                                                                       

 

LA MÚSICA, UNA LENGUA UNIVERSAL                               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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