DIARIO DE
CÁDIZ
Domingo, 1 de febrero de 2026
por ENRIQUE MONTIEL
Al trasluz del tiempo
Suelo
decir que Juan Mena, Rafael Duarte y yo, empezamos en los años 60 a tomar el
relieve generacional de la Literatura local. Nuestros inmediatos mayores eran
Pepe González Barba, Germán Caos Roldán, Antonio González Muñoz y Juan José
Garcia Sánchez, es probable que más pero a quienes teníamos por hermanos
mayores eran los que he citado. A finales de los 60 emergió con fuerza Luis
Berenguer, que construyó una obra sólida, insólita y brillante. Cada uno de
nosotros tenía una vida y, en el caso de Juan y Rafael, que eran poetas, una
conexión con los poetas que eran como otro mundo diferente a los narradores.
Con el tiempo, al trasluz del tiempo, el narrador que yo era se decidió a
escribir poemas, mejor, a publicarlos, porque siempre los había escrito y porque,
como novelista, mi amor a la poesía era absoluto y total. Bien, esta pequeña
introducción es porque quiero hablar del último libro de Juan Mena - Como al trasluz del tiempo-
una suerte de novela-ensayo, o una autobiografía al modo de Elias Canetti,
donde se da una fidelidad completa a las personas y hechos narrados, que no son
todos pero sí son muchos, y a la reconstrucción de aquella historia de hace
casi medio siglo, con sus peripecias vitales y el nudo de reflexiones sobre la
estética literaria o la filosofía. La vida de Juan Mena es simple como un
trazado de sastre sobre la tela que cortar. Su infancia modesta en la abacería
de su madre, su amor a los libros, su trabajo en la Lonja, con su hermana y los
madrugones que se veía obligado a realizar, su primeros estudios, sus primeros
poemas, saludados con alborozo por Luis Berenguer, por ejemplo, y su entrada a
trabajar en la Biblioteca Pública Municipal, que se estrenaba, su culminación
de los estudios de Filología, su entrada en los institutos como profesor, sus
nuevos libros y hasta la fecha. Como
al trasluz del tiempo es todo eso y todo el universo que le
falta por escribir, o por publicar, muy probablemente la parte más interesante,
si logra cuajarla, en el sentido de ponerse delante de un espejo que sólo
refleje la verdad y, también, lo que tenga a bien dirimir sobres sus poemas y
sobre la incomprensión de su tiempo, la evolución de sus ideas, los retratos
más afilados y nítidos sobre el tiempo de su vida, a la que deberá ajustarle
las cuentas. La narrativa -que es el método adoptado para contarla- le permite
una más amplia gama de grises para todo lo que se le ha quedado en el tintero.
De cualquier modo Juan Mena es siempre magnífico, soy su amigo de toda la vida
y su mayor admirador. Le preparé La
Araucaria, hace mucho ya, una antología que comprendió también lo
inédito hasta entonces. Quienes estén interesados por esta Isla que se aleja,
que lean este espléndido libro de Juan Mena..