lunes, 26 de agosto de 2019

LA MUERTE Y LA MODERNIDAD



La frivolidad del mundo contemporáneo animada por los medios de comunicación de la imagen televisiva y el cine han condicionado ciertas actitudes ante la vida. En otra época solamente teníamos la radio. Los entierros eran de carruajes de fúnebre pomposidad y la habitación donde permanecía el difunto era desnudada de cuadros y cortinajes, con pequeño altar funerario a un lado o enfrente del cadáver, velatorio y luego largos lutos... Eran años de carestía, de fiado en las tiendas, de remiendos y diteros. La visión de la vida estaba a tenor de como se vivía. Parece que el sufrimiento y la lucha ante los obstáculos propicia una concepción dramática de nuestro vivir, incluso marca con un sello de experiencia trágica ante la que no vale para nada una fe ingenua en la providencia del buen Dios, sino que más bien se da el fenómeno contrario, como en el soneto de Blas de Otero, el gran poeta lírico de la España de posguerra ("Basta. Termina, oh Dios de malmatarnos. / O sí o no, déjanos precipitarnos / sobre Ti...")

En resumen, lo que vengo a decir es que las épocas moldean a las grandes masas como les es conveniente a los demagogos de la publicidad del momento. Ese demiurgo de las conveniencias empieza siendo el Tiempo mismo con sus crisis espirituales; luego vienen los avispados -políticos, cineastas, escritores, filósofos a ras de suelo, artistas, modistos...- y entre todos, como en una rentable complicidad, determinan qué debe creer la gente, cómo debe comportarse, cómo debe vestir, cómo debe divertirse, qué debe ver en las pantallas, la pequeña y la grande...

La muerte se ha convertido en el trámite de desaparición legal de un cuerpo sin vida. Ya no tiene, por lo menos en amplios sectores de las muchedumbres, aquel trance patético que transformaba las vidas interiores de muchos dolientes. A juzgar por estas impresiones me pregunto: ¿Es que somos tan creyentes en el más allá hasta el punto de no darle importancia a esa estremecedora postrimería? Por supuesto que esta interrogación no es la apropiada para nuestra época, para nuestro consumidor y acomodado Occidente que opta por un epicureísmo barato, un irrenunciable disfrute que inspira en el subconsciente colectivo la idea de que goce y éxito son las dos consignas de la actualidad y se ríe de que "se están perdiendo los valores espirituales y morales". ¿Se oye en la televisión comentarios en torno a esos valores que han regido durante siglos la vida o más bien se nos ametralla la atención con los dimes y diretes de gente insignificante envueltas en anécdotas a menudo inmorales? En una sociedad como ésta, la muerte es un tema tabú al que ni siquiera se debe aludir.

No es de extrañar que la muerte de un ser querido e irreemplazable (como lo son casi todos los muertos) tenga en nuestros tiempos de mucho ajetreo, mucha televisión frívola, confort y ligereza de ideas una resonancia fácilmente neutralizable.

Cuando una sociedad carece de vida interior, se ha embotado y ya vive al día llegando a la vulgaridad, a la despersonalización y a la pérdida de la propia estima. El poeta Cavafis esperaba a que vinieran los bárbaros otra vez...".

¡Pero los bárbaros ya están aquí llenando los televisores, la vida pública y los supermercados, señor Cavafis!

Tomado de Arena y Cal número 116

sábado, 24 de agosto de 2019

SONETOS ANDALUCES


¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?
Rafael Alberti


Los tuyos te vistieron de oropeles
en medio de la fiesta y su ruido.
Toda envuelta en alegre colorido
y guiño de espejismo con caireles.

Novia para hipotéticos donceles
de los que ni siquiera uno ha venido.
Arráncate tu velo y tu vestido.
Llora y muerde el revés de estos papeles.

Oh tierra mía para el casamiento
con ese novio que es tu salvamento,
pero que nunca a desposarte baja.

Aguardando tu boda envejeciste
y hoy estás acabada ya y tan triste,
que servirá tu dote de mortaja.

De Prohibido paraíso (1979)


LECCIÓN DE HISTORIA


Era una joven cándida y morena,
echada junto al mar, frente al ocaso.
Fenicios y romanos, en traspaso;
al fin, cristiana, y antes agarena.

Todos le daban una enhorabuena
y nadie estuvo, por azar, de paso.
Su oro solar, filón jamás escaso;
todos vinieron a explotar su vena.

Hijos tuvo de todos. Su tesoro
de hermosura fue pena y deterioro:
tras de la pandereta, la agonía.

Aprendió en soledad a hacerse vieja
y en cante y llanto acrisoló su queja.
Dicen que se llamaba Andalucía.

De Baza perdida (1995)


EL SUR, MÁGICO SUR, MADRE Y MAESTRA…

El Sur, mágico Sur, madre y maestra
de la alucinación y el llanto oculto.
El Sur, atrás y anónimo, es un extra
de la Historia, perdido en el tumulto.

Cadáver gloriosísimo, insepulto
sobre la pira, generosa muestra.
Desde lejos, hermoso y ciego bulto,
misterio de una fábula siniestra.

Es columna de humo, persuasiva;
hace llamadas desde el puro acaso
y a lo bello se da como evasiva.

No culpo a nadie de este gran fracaso,
pero sé que mi Sur mira hacia arriba,
mira hacia arriba y nadie le hace caso.

De Memorial para el viento de levante (1995)


ANDALUCÍA, ¿DÓNDE TU POETA?


Andalucía, ¿dónde tu poeta,
abúlico a la sombra de la parra
tocando desganado su guitarra
de quejío con lengua analfabeta?

Andalucía, rompe esa peineta
que el corazón por dentro te desgarra
y el viejo pensamiento desamarra,
que es nudo de leyendas que te aprieta.

Andalucía, ponte en pie y sonríe,
mirando a oeste y este y centro y norte
como nave que vira al abordaje.

¡Canta victoria y no fracaso, y ríe;
que haya, al fin, un poeta que te exhorte
que en lucha y lauro trueques tanto ultraje!

De Subsur y otras lamentaciones insomnes (2008)



28 DE FEBRERO. BRINDIS ANDALUZ


No diré aljibe, reja, sol ni almena,
ni feria, castañuela o sevillana,
ni Alhambra, ni Giralda, ni sultana,
ni capote y clavel sobre la arena.

No diré romería ni verbena,
ni macetas, ni tiestos en ventana,
ni guitarra, palmitas, ni jarana,
ni patio con jazmín y yerbabuena.

Hablo del paro, un cristo miserable,
la emigración, que es virgen lacerable,
y el analfabetismo como un sino.

Perdona, Andalucía. Ante ese ultraje,
hoy, al revés, te ofrezco mi homenaje
y te lo brindo con un triste vino.

De Subsur y otras lamentaciones insomnes (2008)


SONETO IRÓNICO PARA LLORAR Y ENGRANDECER EL SUR


Yo soy el andaluz, soy el gracioso
que hace reír a todos cuando habla.
Llevo un teatro mímico en las tablas
de un corazón que es fresco y generoso.

Si curar quiero el paro deshonroso,
salgo de Andalucía. A rajatabla
esa necesidad me desentabla
del teatro dramático y chistoso.

Nadie me gana a ufano y laborante
cuando me comprometo, yo que un día
con cantar y bailar tuve bastante.

Mas quien crea que hice apostasía
de lo que fui, que escuche ahora mi cante,
que es hacer una nueva Andalucía.

De Subsur y otras lamentaciones insomnes (2008)


ANDALUZ EN LA EMIGRACIÓN


Llevas el aire frío de la sierra
y el apacible verde del olivo,
y el rezongar del litoral nativo
y el patio que el recuerdo desentierra.

Al poco tiempo, ya amas esa tierra
que te hospeda, y te sientes transitivo:
te das en un sudor afirmativo
que trueca en bien el mal que te destierra.

Te acompaña, recóndito, ese duende
que te nació en la sangre y se rebela
cuando te aprieta la nostalgia un día.

Relámpago dormido que se enciende
cuando, azul y caliente, se revela
a quien lleva en su entraña a Andalucía.