jueves, 23 de enero de 2020

PRESENTACIÓN DE ALMAS DE ENCRUCIJADAS

PRESENTACIÓN DE 
ALMAS DE ENCRUCIJADAS 


POR ANTONIO BOCANEGRA , DOCTOR  Y CATEDRÁTICO DE FILOLOGÍA INGLESA

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Soy una encrucijada de caminos:
La gente, sexo, Dios, amor, la muerte, Cielo o Nada, la buena o mala suerte, realidad o ilusión con desatinos.
Soy de buen gusto y vicios clandestinos,
memoria que lo amargo y dulce vierte,
voluntad sobornable, a veces fuerte,
alma noble con dentros asesinos.
Siempre estoy en el puente de la duda
sin que a mi pensamiento nunca acuda
esa luz que pedimos los mortales.

Al fin, me iré mas sin saber quién era éste que busca ahora la manera
de conciliar vilezas e ideales.

Este es el autorretrato del poeta, del autor de este bellísimo libro de sonetos que presentamos hoy aquí bajo el título de Almas de encrucijadas, del prolífico y veterano poeta isleño Juan Rafael Mena Coello. Pero, ¡ojo!,  no es el autorretrato del autor, es el mío, es el retrato de cada uno de Uds., el retrato del hombre de nuestro tiempo en la encrucijada vital, en el cruce de caminos de un tiempo singular en el que el hombre de hoy se busca y no se encuentra. Este libro no refleja el mundo del autor sino el de todos nosotros, la epopeya vital del hombre de nuestros días convertida en epopeya lírica. Y espero no suene a hipérbole.
JM. me encarga esta presentación  y, siendo viejos amigos y compañeros desde que compartimos docencia allá por los años 80 en el Instituto isleño de nuestro amores y pesares “W. Benítez”, no podía negarme a que sea yo el que analice esta obra para Uds. Más aún, si tenemos en cuenta que él mismo prologó un libro similar mío, Corazón en vilo (Antología de sonetos líricos), que publiqué hace un par de años.  No es la primera vez que recibo este encargo por parte suya —años atrás lo hice con Velo Rasgado en el incomparable marco de la Biblioteca Lobo. Lo hago con placer aunque el



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trabajo intelectual cada vez le resulta a uno más oneroso y difícil porque los años se encargan de que esto sea así.
Todo creador, y,  el poeta lo es por excelencia, crea porque necesita hacerlo pero para ello no solo es imprescindible tener algo que expresar, algo que  comunicar, que decir o plasmar sino saber hacerlo con arte. JM, tan conocido de todos como poeta, es un creador de la palabra, siempre ha tenido algo que decir y siempre ha sabido decirlo, siempre ha tenido ideas que ha sabido trasmitir y cristalizar bellamente en verso. Y lo ha hecho y hace con honestidad, con ingenio, con técnica, con inspiración, con arte.
En  Trabajos  de  amor  perdido,  una  de  las  grandes  comedias  de Shakespeare, hallamos una cita reveladora de la misión del poeta amoroso —y este libro no tiene otro tema que el amor en todas sus facetas: el placer, los celos, los desengaños, la fidelidad al mismo, las traiciones, los deseos logrados, los deseos insatisfechos, los recuerdos del amor vivido, el dolor del amor no logrado o perdido…—. Hablaba de una cita de Shakespeare.
La traigo aquí  porque de algún modo nos da razón de un poemario como este —la diré en nuestro idioma por no parecer pedante y renunciando a expresarla en inglés que sería lo correcto: (Never durst a poet touch a pen to write Until his ink was tempered with love's sighs. “Jamás empuña el poeta la pluma para escribir si antes no la ha empapado con los suspiros del amor”. JM ha mojado bien su pluma en ese tintero del amor. Diría que este poemario chorrea tinta de amor por todas sus páginas porque no hay más tema que ese. En fin de cuentas, ¿qué otro tema puede justificar el hacer poético mejor que el amor? ¿Y qué otra estrofa podría el poeta escoger  mejor que este modelo composivo, el más más lírico de todos como es el soneto? Porque Almas de Encrucijadas está formado por 180 sonetos nada menos, 60, justo 60, por cada una de las partes. TS Eliot, el poeta angloamericano y Premio Nobel, afirmaba en sus Selected Essays algo muy cierto, que el soneto es el yunque donde se moldea el poeta, el crisol en el que se purifica —y añado: la forma lírica por excelencia en la que el poeta condensa y expresa mejor su inspiración—. Contra muchos de los poetas actuales diría que un poeta que se precie no puede renunciar, no renuncia jamás al empleo de esta forma métrica. JM es, y no descubro nada, menos aún aquí en La Isla, un poeta total. Es el poeta isleño por antonomasia, de tal modo que, aunque haya otros nombres, entre los que me incluyo, parece



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que todos ellos palidecen ante su estatura como poeta —y lo digo como lo siento. Nobleza obliga—. De ingente se podría calificar su producción, especialmente  su producción lírica. No sé cuántos libros lleva publicados, ¿50?, ¿60? ¿Cuántos tiene sin publicar? ¿Otros tantos? Él es el quE puede decírnoslo, porque yo no voy a entrar en ello, sería un ejercicio inútil. Sí quiero, debo, insistir en su talla como poeta, como escritor, al margen de otras consideraciones. Pocos poetas han escrito la cantidad de versos que ha escrito Juan y todos con una calidad técnica, inspiración y variedad temática poco comunes. Pero hablemos de Almas de Encrucijadas, su última entrega.
Tres partes tiene este libro y cada una de ellas consta de sesenta sonetos, ya he dicho. El amor entre el petrarquismo y una visión más moderna; la vida de cada día con sus anécdotas triviales y heroicas y lo trascendente de cara al más allá entre el enfado con Dios y las preguntas sobre su existencia, van configurando un río revuelto de ideas y sentimientos, en un oleaje de contradicciones y dudas entre lo sentimental y lo reflexivo, entre el escepticismo y la  necesidad de la creencia; un cara y cruz como la vida misma, y es ese carácter dispar a modo de encrucijada lo que le da título a este poemario. Dentro de las tendencias de posguerra, se podría considerar un encuentro entre la poesía social y la llamada nueva poesía de la experiencia, son palabras del propio autor, que no podemos pasar por alto.
La Profª. CGT. se refiere en su magnífico Prólogo a la vigencia de esta modalidad estrófica y afirma:
“Con desigual fortuna, el cultivo del soneto en España ha cumplido ya casi cinco siglos y, pese a que algunos lo consideren como una fórmula caduca, no podemos dudar de su vitalidad actual, siempre que admitamos que no se trata de repetir -copiar- lo que otros poetas han venido creando desde siglos atrás. A partir, sobre todo, de la segunda mitad del pasado siglo, el soneto conoce un nuevo auge en nuestras letras”. (Hasta aquí la cita).
Almas de encrucijadas tiene mucho de Antología pero no lo es del todo,  lo es parciamente al estar muchas de estas composiciones extraídas de 15 poemarios suyos publicados entre 1981 y 2019. Una encrucijada que no



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sólo supone un punto de encuentro entre sonetos insertos en diversos libros de poemas sino también la posibilidad de que el lector se sitúe ante diferentes formas de enfocar distintas vivencias humanas, e incluso pueda tomar partido por alguna de las opciones que plantea”.

La primera parte la titula, “Fogata de sonetos amorosos”, parte en la que el autor rinde culto —lo hemos ya señalado— al tema amoroso, sin duda el tema más cantado en los sonetos de todos los tiempos, y ello desde que Garcilaso adoptó esa forma estrófica originariamente petrarquista para convertirla en el subgénero literario que hoy es tras el auge alcanzado en el  Siglo de Oro de nuestras Letras, lo que hace que el soneto sea el modelo estrófico más sólido y cultivado de nuestra poesía. La maestría de esta obra que comentamos es fruto de una grandísima inspiración y de una técnica exquisita en la que el verso endecasílabo y, algo menos, el alejandrino, forman un todo a través  de una amplia gama de combinaciones métricas.
El amor como tema sobresaliente y adoptando múltiples caras o facetas, lo que confiera al libro un carácter poliédrico que se hace patente en formas múltiples:  desde  el  canto  al  cuerpo  femenino -visualizado  en  el movimiento, en los ojos, en la mirada; en  la evocación de amores frustrados, en el deseo cumplido y en el deseo malogrado; en los celos, en el lamento por la ausencia de la amada; en la exaltación de la mujer como amante, como esposa, como madre; en los amores prohibidos o censurados; en la relación amante/amada con el mar como testigo y hasta competidor en la aventura amorosa, i.e. la exaltación/excitación que produce ver el cuerpo de  mujer  en  su  desnudez  en  el  hábitat  marino (algo  muy  presente, recurrente diría, en gran parte del poemario). Y junto a esta imaginería femenina las típicas de la poesía amorosa: el amante prisionero de su
pasión:

Prisionero me siento, prisionero
de tu paso elegante, de tu paso,
y acaso me resisto un poco, acaso,
no quiero declararme a ti, no quiero.

Hermoso  y  conseguido  ejemplo  de  esa  figura  de  repetición  llamada epanadiplosis, que resulta tan efectista porque la primera o segunda palabra





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de cada verso se repite como un eco al final del mismo dejando en el oído una cierta sensación de belleza y musicalidad.

Tema importante es el de la mujer, como protagonista o centro de nuestras vidas —como madre, hermana, esposa e hija:

Mujer: tú, madre en que la sangre amasa
el amor, los trabajos, los desvelos
para que el hijo, altar de tus anhelos,
sea el puntal más seguro de la casa.
Mujer: hermana, piedra y argamasa
del muro de unos ímpetus gemelos
a los míos, esfuerzos paralelos
para erigir sobre la misma basa.
Mujer: esposa que me das aliento
y eres íntima y cálida aliada,
como en la retaguardia de mi guerra.
Mujer: hija, raíz de mi contento,
como tus ascendientes, entregada
a seguir la cadena de la tierra.

La amada es considerada como una fortaleza inexpugnable que solo puede ser conseguida utilizando mil argucias por parte del amado.
Tema especialmente recurrente en esta primera parte es la pérdida de la belleza y la juventud: sonetos 36, 49,52, 54— cuyo primer verso me recuerda aquel soneto de Shakespeare cuyo primer verso dice así: Look in thy glass, and tell the face Thou viewest.  Aquí se introduce otro matiz: el de la tristeza ante la visión—Se mira en el espejo y se entristece—. Y vuelve al tema en el 58. El aludido 52 dice así:

Te vi de joven, cuerpo estatuario,
alas de delgadez en tu figura,
un garbo en el andar, leve cintura,
gala juncal de aquel abril plenario.
Pasó el tiempo. Una más del vecindario.
Esposa y madre y gestos de madura,

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seno caído con feliz holgura,
ostentoso y bailón el tafanario.

No eres tú aquella sílfide armoniosa
ni yo aquel con romántica mirada
de nuestra primavera bulliciosa.
Pero para el amor no importa nada:
Madura o joven, siempre será amada
quien mucho enamoró cuando era hermosa.
Y el beso, los besos —los logrados y los frustrados— Aquel beso que un día quise darte/se me quedó enredado en el deseo—. La felicidad; el apetito carnal; los recuerdos del pasado, de lo vivido; la aventura esporádica —La noche se acercaba a paso lento/de mano de la brisa hasta la playa. La pasión controlada o desbordada. Pero es en la exaltación, en el elogio al cuerpo femenino donde el poeta brilla de manera especial. Veamos solo un ejemplo, cómo se describe la mano de la amada mediante el empleo de oportunas anáforas situadas de una manera originalísima—Tu mano al principio de cada verso del primer  cuarteto;  Déjala,  en  los  del  segundo  cuarteto,  para  ir alternando una u otra en los tercetos. Técnica e inspiración de altos vuelos:

Tu mano está, alhelí, sobre la mía.
Tu mano, animalito de ternura.
Tu mano, que calienta, que perdura.
Tu mano, lazo de tu cercanía.

Déjala, que es suave compañía.
Déjala, que es la puerta más segura.
Déjala, que es final de mi aventura.
Déjala, que es compás de mi armonía.

Tu mano es mi más clara trayectoria.
Déjala y no me quites su sosiego.
Tu mano, cuenco ardiente de mi historia.
 
Déjala, que mantenga siempre el fuego.
Tu mano, donde entierro mi memoria.
Déjala, te lo pido como un ciego.




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   Todo los temas se sitúan en un contexto de plena actualidad. No hablamos del amor cortés, del amor ideal o idílico en un escenario pastoril o bucólico sino del amor en un entorno presente, son historias de hoy, historias vividas unas, presenciadas otras por el poeta en lugares cercanos al poeta, con personajes cercanos al poeta es  decir,  La  Isla  como  escenario,  y  el  hombre  isleño  como protagonista—sea el poeta mismo o el hombre de la calle—. Estas historias o personajes se revisten y encuadran frecuentemente dentro del conocido mito del Don Juan, en el que el poeta se encarna, introduciendo   el   prototipo   conquistador   y   masculino   por antonomasia, lo que resulta fácilmente entendible por el lector.
   El gran problema para el crítico, para el analista de este poemario es la enorme variedad temática que tiene. Hemos tratado de describir esta primera parte con unos breves trazos pero podemos decir sin temor a equivocarnos que estamos ante  una inmensa pinacoteca en la que sus múltiples cuadros reflejan un mundo rico en escenas, situaciones y personajes muy distintos unos de otros y de una enorme riqueza.
   De la segunda parte, titulada “Sonetos de ida y vuelta por la vida” la prologuista, la Dra. García Tejera, dice textualmente que forma:
“… una serie de meditaciones, de reflexiones (con cierto carácter moralizante, un tanto quevedesco) que a menudo ofrecen una visión amarga y desencantada de la existencia humana. El poeta, que se muestra aquí como un cronista de lo que ocurre a su alrededor, aborda una amplia variedad de temas, sobre todo centrados en el vivir cotidiano y en las relaciones humanas. Pero como poeta no puede conformarse con testimoniar lo que ocurre en su entorno, sino que, a partir de su incisiva mirada, nos descubre lo que la apariencia oculta.

   Así, en la mayor parte de estos sonetos se muestra la doble cara -haz y envés- de la realidad. Porque la mera apariencia suele  ser  engañosa:  encubre  a  menudo  situaciones  muy diferentes que se escapan a la mirada superficial; de ahí el empleo frecuente del término “máscara” y el uso constante de


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   la paradoja como recurso expresivo en unos poemas que, en muchos casos, resultan ser una especie de manual o recetario práctico de supervivencia”.
   El juicio de la Dra. Gª. Tejera es acertado pero yo no me atrevería a afirmar que las tres partes constituyen compartimentos estancos, diferenciados unos de otros por su temática, menos aún por su técnica expresiva. No creo que ese haya sido el propósito del autor, se trata, bajo mi punto de vista, de agrupar, en la medida de lo posible, temas parecidos. En efecto, a lo largo de la obra aparecen sonetos que podrían ser incluidos en una u otra parte. No se tome, pues, esta clasificación de un modo estricto sino orientativo,  El libro tiene un carácter unitario innegable, si bien esta segunda parte toque aspectos  más  socializantes  y  moralistas  que  no  aparecen  tan nítidamente en la primera parte: la lucha por la existencia; elamor oculto por un vecino—Gritar quisiera que ama a su vecino—; la estampa de la mujer infiel; del marido infiel; la bisexualidad—Te miras al espejo y por no ver/lo que advirtiendo estás, cierras los ojos—;   los   problemas   domésticos;   la   mujer   insatisfecha;   la infidelidad de él o de ella o de los dos; el drama de la soltería:

Atardecida rosa es tu hermosura,
Gala de barrio ya en mujer madura,
no salgas a la calle y, si lo haces,
tápate los oídos por si acaso
tu exuberancia célibe, a tu paso,
arranca chispas de las más voraces.

   El drama de la mujer no agraciada, es decir, de la fea —Feo es el rostro pero el cuerpo hermoso./ Ríe y se mueve con desenvoltura./ Solterona y de avispa la cintura./ Simpática y de espíritu animoso. El drama de la que por necesidad se dedica al oficio más viejo del mundo: A falta de dineros, hay arrojos./  La  miseria  se  ha  vuelto  una  tenaza./Aprieta  cada  día  su amenaza./El hambre quita velo a los sonrojos. Me he referido al carácter unitario del libro, buena prueba de ello es el soneto 39 de esta parte, en el que se vuelve a tratar la pérdida de la belleza en la mujer, su fragilidad:
Yo, espectador que fui de tu hermosura,      
el que admiró tu ritmo de caderas,
el que cantara ayer tus primaveras


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y tu verano de beldad madura;
tú, que pusiste a prueba mi cordura
lanzándome tus flechas más certeras
desde el arco sutil de tus ojeras

para clavarme un tiento de aventura,
hoy miro tu vejez arrinconada,
tu cabeza es un ave desnortada,
y yo, con mi congoja vacilante.

Pude hacerte feliz y me arrepiento
de no haber sucumbido a aquel tu tiento
y ser, rendido, tu mejor amante.
 Y, ¿cómo yo? La desgana de la esposa (“Amada indispuesta”) frente al ardor del marido. La crítica al político —siempre oportuna en estos tiempos que corren— y, para que esta crítica parezca más cáustica y realista lo hace en primera persona, i.e. el poeta se encarna en el político:
Hago promesas yo desde el atril
en la campaña a punto de elecciones.
Soy gárgola de buenas intenciones
y a todos doy honrado mi perfil.

Detrás de mi proyecto concejil
yo me amaso, secretas, mis razones
para nunca tener preocupaciones
si después de las urnas salgo edil.

Que me cuenten después entre los pillos,
esos que van llenando sus bolsillos
con sudor del erario ciudadano.

Que otros sean políticos honestos,
que yo con mis discursos y mis gestos,
doy paz a mi futuro, de antemano.
Esta  disposición  o  combinación  de  les  tercetos —aab/ccb—  es,  con diferencia la más utilizada. Y está el retrato de la casquivana; el elogio de la soltería, el chulo guaperas;
el asombro ante la belleza de ciertas mujeres, belleza que nos deja sin palabras: Este verso persigue lo imposible/ mas la palabra se declara muda./ Incluso desespera y se desnuda/y llora su pobreza irredimible.
Estos y otros muchos temas componen esta segunda parte. Será el lector el que podrá disfrutarlos. Uno, en fin de cuentas, no puede sino hacer un pequeño esbozo de los mismos.



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Y, finalmente, la tercera parte. “Sonetos que rondaron la frontera”. Frontera aquí es ese punto, ese límite impreciso y desconocido, a la vez, que separa la vida de la muerte. Constituye toda serie de sonetos trascendentales o existenciales con los que el autor expresa sus temores, sus dudas sobre sí mismo, sobre Dios, sobre el más allá, plantea interrogantes, en otras palabras, analiza su yo mediante diálogos consigo mismo y en ellos analiza o intenta analizar su naturaleza existencial, sus actitudes frente a la vida, su proceder o comportamiento en el día a día. Particularmente
hermosos aquellos en los que el poeta plantea su relación con Dios en una línea que podríamos calificar de plenamente mística. “Un Dios a menudo oculto e incluso huidizo cuya ausencia llena de incertidumbre, cuando no de congoja, a quien lo invoca” —en palabras de la prologuista Profª. Gª.T.


Es lo que se ha venido en llamar “el silencio de Dios” y la orfandad que ese silencio crea en el alma del creyente. El  Dios deseado y deseante del ”Animal de fondo” juanramoniano:

Es una historia que me desconcierta.
¿Cómo llevando a Dios aquí conmigo
y, siendo incluso mi mejor amigo,
mi vida a oscuras va sin que Él lo advierta?

Ante el Mal tiemblo y paso como alerta
y siempre como en frío desabrigo.
¿Cómo Dios, que está en mí, de esto testigo,
mi alma deja al peligro descubierta?

Si Él me acompaña en esta larga prueba,
sé bien que de la mano no me lleva
y siento en mí la soledad del hombre.

Triste es llevar a Dios tan junto y dentro,
y que no salga nunca a nuestro encuentro
por mucho que lo llame por su nombre
Y naturalmente el trance final, o el trance inicial: la muerte, presente en diversos poemas de esta parte: Somos ruda vendimia de la muerte/ y es esta vida humana su lagar./Cada uno, una uva por pisar,/ y el tiempo con pisadas se divierte. Los numerados 11, 28 y 40 se ocupan de este tema y es
Caronte,  el  barquero  infernal,  el  vigilante  de  la  Laguna  Estigia,  el imprescindible maestro de ceremonias poniendo un toque, una atmósfera mítica a ese inquietante final que a todos nos espera.




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Por aquí y por allá aparecen pinceladas de poesía metafísica en la línea de John Donne: Cuando toco mi piel, palpo mi calavera …—. Incluso sonetos completos. El 45, concretamente, es abordado bajo el prisma de la más estricta ortodoxia cristiana:


Mientras se pudra el cuerpo que yo era
o las cenizas que quedaran, vuelen;
mientras los míos mi recuerdo velen,
reciente la partida que emprendiera,

¿qué haré yo mientras tanto por la esfera
de la que nadie ha vuelto, aunque la celen
la esperanza y la fe, y ellas revelen
otra vida en la intriga de la espera?

¿Despertaré buscando a Dios, gozoso
lo que suba de mí, menesteroso
de ese puerto, final de la aventura?

¿Qué será Dios: Amor, Conocimiento,
o mano que nos da el merecimiento
de lo que aquí nuestro vivir procura?

El tema del Carpe diem horaciano aparece especialmente en el soneto 38:

Sé feliz mientras puedas, como dice Epicuro./ No dejes que las sombras enturbien tu sonrisa./ Ponle freno al caballo urbano de la prisa./Siéntete en el islote de una dicha seguro. El sexo —al que llama “alcahuete del placer”— no podía estar ausente: Tú, Sexo, un alcahuete del placer,/ te quieres   zambullir   en   la   ignorancia./   Carnal   piscina   es   esacircunstancia,/agua en la que te vas a estremecer. El poder del dinero
(Soneto 18):

El dinero se ríe de la gente.
Él es el dueño de sus corazones.
Él es una palanca de pasiones.
Él hace al más rebelde un obediente.

Nadie le vuelve el ojo indiferente.
Nadie lo excluye de sus emociones.
Nadie ignora el poder de sus blasones.
Nadie lo acusa de que es indecente.

El dinero, aliado que nos une,
es también enemigo que desune.



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Él es el genio de la paradoja.

Tanto a su humillación nos encadena,
que, aun siendo vil metal, le damos pena
y de nuestras rodillas se sonroja.
Bien, creo que debo ir terminando. Aunque el poeta se sitúa entre la tradición y la modernidad es la variedad temática, la inspiración y la técnica poética que goza esta última entrega de Juan Mena lo que quisiera resaltar. Unidad que es evidente porque la elección del soneto como única
fórmula poética contribuye a ello de un modo eficaz: presentación del tema en los cuartetos y conclusión y cierre en los tercetos, especialmente en el segundo o bien en el verso final, que siempre es más atractivo. Y todo ello utilizando los recursos poéticos propios de este tipo de composición: la metáfora, la anáfora, la metonimia y otras muchas figuras del lenguaje. Desde esta tribuna invito al amante de la poesía al excelso deleite de su lectura. Y no enaltezco el producto con esa fórmula tan manida de los anunciantes quienes después de exaltar las excelencias de tal o cual artículo añaden “palabra de fulano de fulano de tal”…. Lo hago porque quien ha escrito este libro se llama Juan Mena, todo un poeta, toda una garantía de calidad. Adquieran el libro pero, sobre todo, léanlo. Lo merece. Les encantará.
Agradecido.  Juan,  por  hacerme  llegar,  conocer  y  disfrutar  con  esta magnífica obra lírica. Estoy seguro que no será la última. También por darme la oportunidad de presentarla hoy aquí ante estos amigos. Les agradezco muy de veras su presencia y atención. ¡Mucha suerte, Juan, para ti y para tu libro!

San Fernando, a 10 de octubre de 2019.


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lunes, 6 de enero de 2020

DÍA DE LAS LETRAS


DÍA DE LAS LETRAS
II Encuentro en San Fernando
24 de abril de 2015


MANUEL PÉREZ-CASAUX MARTÍNEZ (1929-2015)


 El Centro de Congresos “Cortes de la Real Isla de León” acogió de nuevo este encuentro de amigos y amantes de las letras. Nos recibieron las musas, erguidas, casi colosales, con los brazos extendidos y la mirada de poliuretano. La sala nos aisló un rato del mundo para vivir en el particular e íntimo de la literatura. Tras agradecer la asistencia de un nutrido grupo de poetas y narradores, celebramos la creación de una nueva tertulia, Rayuela, en cuya presentación disfrutamos también de la música y de los poemas de quien homenajeábamos: Manuel Pérez-Casáux, poeta, narrador, dramaturgo, filólogo, políglota y sobre todo amante de las palabras.

El Profesor Hernández Guerrero refirió aspectos de la vida del poeta resaltando la amistad de ambos, sus estudios comunes, sus conocimientos, todo ello salpicado con anécdotas que además de resultar evocadoras nos hicieron sonreír. Seguidamente Juan R. Mena habló de la última etapa de Pérez-Casáux, dividida entre los certámenes literarios y la tertulia “Río Arillo”, creada por ambos y que aún continúa reuniéndose todos los jueves. Concluyó en que su relevancia merecía más actos como éste. A continuación los intervinientes leyeron relatos, poemas y reflexiones de creación propia. Pilar Vidal convirtió un recuerdo infantil en “polo azul”; Mª José Morales denunció la violencia de género con “Garbanzos en remojo”; Loli Álvarez hizo una oración de su poema “La luz”; Mª Josefa González Cid leyó “Retazos 3”; Manuel Cubero puso la nota de humor con “Ecos de Sociedad”; José Manuel Alfaro reflexionó sobre la pérdida y la ausencia; Fini Martínez y Carmen Navarrete dedicaron sus poemas a Pérez-Casáux; Ramón Luque hizo un breve apunte sobre la dramaturgia del homenajeado y evocó al “Invierno”; Maritxé Abad recitó su poema “Eternamente primavera”; Carmen Orcero nos enterneció con “La leyenda”; Pedro Castilla profundizó en la ética, la vocación y la transcendencia de la palabra; Eduardo Formanti iluminó su relato con el “color naranja”; Luisa Niebla hizo una alegoría con el poema “Profetas del Arte”; Carmen Franco abrumó con “La lotería”; Rafael Duarte dedicó a Pérez-Casáux su soneto “Ícaro y Cía”; Josefina Núñez aterciopeló el tiempo con su breve poema; Juan R. Mena evocó la fundación de la tertulia Río Arillo y Adelaida Bordés comentó brevemente “La Cena de los camareros” de Pérez-Casáux.

 El acto terminó con un sentido y emocionante aplauso. Al salir, los brazos extendidos de las musas nos dejaban marchar.

Adelaida Bordés Benítez

San Fernando 24 de abril de 2015  


LA CENA DE LOS CAMAREROS 

Obra teatral de Manuel Pérez-Casáux 

Comentario breve 

Se trata de una obra breve que consta de un solo acto, en la que sobresale su lenguaje sencillo elaborado a partir de la frase corta, lo que imprime intensidad y contundencia en sus diálogos. Al mismo tiempo, esta brevedad es utilizada por el autor para transmitir espontaneidad. La obra la componen un camarero VIEJO, uno JOVEN, un NOVATO y uno TRISTE. Circunstancialmente aparece un COMENSAL y brevemente una VOZ FEMENINA. (Lectura del comienzo, página 15). 

En la introducción el autor ya nos presenta un argumento interesante por donde planea la incertidumbre. Un argumento que plantea el enigma humano, su destino en concreto, con un final tan sorprendente como funesto, características que la asemejan a la TRAGEDIA GRIEGA. En la antigüedad se la representaba como una mujer muy hermosa, llena de majestad, calzada con coturnos (un calzado que llegaba hasta las rodillas, con suelas gruesas que aumentaban la altura del actor), vestida de luto y con un puñal ensangrentado en una mano, símbolo del dolor que causa y el terror que inspira. La musa era Melpómene y en su nombre se otorgaba la cabeza del macho cabrío como premio a la mejor pieza de este género. La historia recoge su definición como “obra de asunto serio, antiguamente desarrollada entre personajes importantes, con desenlace funesto por plantearse un conflicto humano, casi siempre, insoluble”. La tragedia ha evolucionado sin embargo su contenido permanece, lo cual es fácilmente comprobable en muchísimas obras actuales, como la que pasamos brevemente a analizar: LA CENA DE LOS CAMAREROS. 

Su lectura nos desvela unas analogías (unos rasgos) que nos acercan a una de las obras que más ha influido en los textos referentes al género humano: LA REPÚBLICA de Platón, una obra que presenta un modelo de ciudad donde domina la justicia frente al desorden, la confusión y la perversión. Sin embargo en ella el diálogo no apunta a la construcción ideal de una sociedad perfecta de hombres perfectos, sino que es un tratado de medicina política con aplicación a los regímenes de su tiempo. En ella se discuten temas y uno de ellos es la idea del bien (et vidit Deus quod esset bonum) que Platón plantea con entusiasmo y misterio, pues para él el Bien es el sol que ilumina lo inteligible, lo que puede comprenderse. Para ello recurre al Mito de la Caverna que reproduce el gráfico: En una caverna subterránea hay un grupo de hombres que desde niños permanecen atados por las piernas y el cuello. No pueden moverse ni volver la cabeza, por lo que sólo han visto la pared del fondo de la cueva. 
 
Detrás de ellos hay un tabique y tras él un camino elevado por donde pasan unos hombres que portan bultos. Más lejos aún, la luz de un fuego que arde bastante lejos proyecta sobre la pared las sombras de los porteadores. Estas sombras y los ecos de sus voces son la única conexión que tienen los moradores de la caverna con el mundo exterior, ya que la entrada está mucho más detrás por lo que es necesaria la luz de la hoguera. Según Platón, la caverna y sus espectáculos de sombras como marionetas representan el mundo y sus apariencias agitadas, donde el alma debe salir para contemplar el verdadero, el real, el de las necesidades, el de las ideas, el de lo opinable. 

Según Platón, la vida verdadera corresponde a la que la opinión común considera la muerte o bien el estado en el que el alma renace cada vez que se separa del cuerpo. A continuación estableceremos unos paralelismos. 

La cena de los camareros puede dividirse en tres partes o niveles: el INTERIOR, formado por los camareros; el INTERMEDIO compuesto por los comensales; y el TÉRMINO que es la muerte simbolizada en el camarero triste. En la obra éstos esperan a que llegue el momento de acudir al nivel superior. En la caverna, unos hombres están inmóviles desde niños de espaldas a la luz y no ven más que sombras moviéndose. Los camareros oyen las voces de arriba donde se celebra un banquete, evento que conocen posteriormente por el comensal, todos arreglados para la ocasión. Los camareros no pueden ver nada, sólo intuyen lo que sucede por las voces y las sombras. En la caverna, los hombres conversan sobre lo que puede haber en el exterior por las sombras que pasan tras ellos y que se proyectan en la pared. Los camareros intentan frenar el nerviosismo del novato, cuya curiosidad le lleva a querer enfrentarse antes de tiempo a lo desconocido (página 22, especulación). Los veteranos saben qué les va a pasar, pero no quieren desvelar su destino. Lo ideal sería no salir de allí, no conocer el mundo superior. Lo mismo sucede en la caverna, si uno de sus moradores se liberara no podría ver el mundo exterior pues la luz lo cegaría y querría volver a las tinieblas, no querría vivir en el mundo de las ideas, de lo opinable.

A partir de aquí, el autor abandona su “propia caverna” para darle su voz al COMENSAL que acrecienta el suspense de la obra y en consecuencia el interés, al manifestar que existe una ventana por la que puede verse la parte de arriba (página 25 y 26). El camarero VIEJO simboliza la experiencia, la vida que acaba de manera inminente; el camarero JOVEN representa la entrega del testigo, el camino hacia la madurez con un toque paternalista; el camarero NOVATO simboliza al espectador, al lector que se enfrenta a la incertidumbre, a lo nuevo, a lo desconocido con la inquietud propia de un estreno; el COMENSAL es la unión entre lo real y lo imaginado, el enlace entre la obra, su autor y el lector o espectador; los camareros y el comensal tienen la palabra como medio para seducir y atrapar al lector; en cambio, el camarero TRISTE sólo utiliza la mirada y el gesto (página 19). Su figura se asemeja al verdugo o a la muerte. Recuerda al mítico CORIFEO mudo que dirige este “coro” de camareros a los que ha de mostrar la cruda realidad: la muerte o la vida real con sus necesidades y sus apariencias. El final funesto recuerda a un ajusticiamiento de la antigüedad, aunque también se adivinan los vestigios de un rito iniciático (pagina 40). 

La Cena de los Camareros puede decirse que es un compendio, porque en ella encontramos el origen, el método y la distribución de los elementos para la elaboración de una obra literaria. En ella apreciamos el trabajo de la obra primigenia, la clásica, y su sorprendente actualidad, un trabajo en el que la profundización, el análisis y la asimilación se proyectan de acuerdo al ingenio del autor, una labor en la que la talla es el medio para hacerla única. 


Adelaida Bordés Benítez