domingo, 8 de diciembre de 2019

DOS JUICIOS CUESTIONABLES EN POESÍA

              
 

        

       Antes de nada, oigamos estos juicios sobre Poesía que escribieron estos dos grandes poetas que citamos aquí para reflexionar sobre lo que han dejado a generaciones posteriores. 


      “Mi norma ha sido siempre, y así lo he escrito hace años, «amparar a los jóvenes, exijir, castigar a los maduros y tolerar a los viejos”.
                                                
                                                  Juan Ramón Jiménez

      “Ni mármol duro y eterno,/ ni música ni pintura, /sino palabra en el tiempo./ Canto y cuento es la poesía./ Se canta una viva historia,. contando su melodía/”.
                                               
                                                  Antonio Machado







       Ni el poeta onubense ni el poeta sevillano podrían imaginar que sus juicios sobre poesía, que suenan a dictámenes, serían dos puertas para dar entrada
a una multitud de quienes creen, incluso están convencidos, de que escribir poesía es volverle la espalda al pasado con todo el peso de su tradición literaria. No cuentan para esos aspirantes el ritmo en los versos ni la función poética en el lenguaje. Han entrado en el Parnaso por la puerta de atrás en un momento —una época— en que los guardianes de la disciplina literaria estaban dormidos.


       Pero vayamos por parte. Un poeta viejo por la edad puede escribir una poesía nueva. El mismo J.R.J., después de varios intentos desde Diario de un poeta recién casado al poemas “Criatura afortunada”, así como “Su sitio fiel”, cimeros de la lírica española, ha recorrido un largo periplo en torno a las costas de la Poesía para conseguir que, ya en su vejez, ancle en un puerto en el que nos ofrezca esos logros poemáticos. Cuando él pasaba como “maduro” a ningún otro poeta se le ocurría aplicarle su frase sentenciosa, a pesar de que componía versos como tentativa de novedad frente a su pasado modernista. Ahí tenemos Estío, Eternidades, Piedra y cielo, Belleza…, llenos de pequeños poemas que huyen de sus otroras largos y deliciosos alejandrinos.


      ¿Amparar a los jóvenes que carecen de capacidad creativa para retomar el pasado y ponerlo al día como hizo el Miguel Hernández autor del magistral poema “Eterna sombra”, clásico y a la vez moderno, ejemplo y escuela para todo el que empiece a escribir poesía?


      Parece que cuando Antonio Machado rompía el mármol duro y eterno con el martillo del cansancio no imaginaba cómo se iban  a aprovechar de esos pedazos los nuevos canteros, incapaces ellos de modelar una simple figurita que demostrara que habían venido al mundo para cinceladores de la forma poética. Si leemos de nuevo sus tercerillas hemos de romper el pentagrama de la música —el ritmo— que ha de ordenar como en un aprisco de talento las palabras poéticas. 


    A pesar de su velada aquiescencia a los rupturismos, me pregunto que qué dudas con respecto a sus propias obras llevaron a los dos a emitir esos dos juicios sobre “flexibilidades” que ya asomaban en los poetas de la generación del 27, teniendo en cuenta que Machado siguió escribiendo poesía  en mármol tallado y coloreado de pintura adjetival, así como Jiménez volvió al endecasílabo como si fuese una reconciliación con su pretérito anterior al Diario…


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