ENTREVISTA DE ADELAIDA BORDÉS BENÍTEZ, COLABORADORA SEMANAL DE “SAN FERNANDO INFORMACIÓN” CON MOTIVO DE LA PUBLICACIÓN DE LA MEMORIA DESANDADA, EN EDITORIAL DALYA. (2O18)
1.- ¿Por qué vuelves al relato?
Después de Relatos de gente de a pie vuelvo a unos relatos que son personales. Hay algunos que son productos de la observación totalmente objetiva. En verdad, no vuelvo sino que estoy en el relato. Lo que ocurre es que ha estado cubierto por el biombo de la poesía, más querida para mí que la prosa, sin duda alguna.
2.- ¿Es el amor por la literatura el regalo que le has hecho a Cántigo?
Cántigo no podía aparecer sino en la prosa, aunque esté esa prosa ribeteada por la poesía, puesto que el personaje real es un individuo que estudia por amor al conocimiento de la literatura. Es un regalo, pues sí, y también un reconocimiento o una deuda quizás.
3.- ¿En qué fuentes bebiste antes y durante los parones?
Las lecturas siempre han sido las mismas. Siempre se empieza por la lectura de los clásicos y se desemboca en los autores contemporáneos. Ellos me han dado un concepto de cómo tratar a los personajes y deambular entre lo narrativo y lo lírico. En la narración las descripciones son menos íntimas e inefables que la expresión lírica. De ahí que el personaje se quede un poco perplejo ante lo que tiene que decir cuando confiesa su mundo interior.
4.- ¿Por que escribe Juan Rafael Mena?
En verdad, se escribe como se respira. Escribir es la respiración de la experiencia, que es lo sucedido y lo que debería ocurrir.
Escribir es un acta en la que figura lo que hemos sufrido por lo que nos ha pasado y lo sufrido por lo que no nos ha pasado y podría habernos hecho más felices. Escribir es un anhelo escrito de no morir del todo y sobrevivir en el recuerdo de los que se quedan cuando ya nos hemos ido los que escribimos y dejamos lo mejor y más profundo de nuestras vivencias sean biografiadas o noveladas, como en este caso.
¿Es una denuncia de la Isla de San Fernando que viviste?
En verdad, no aprovecho la ocasión para insinuar una reivindicación histórica del pasado después de la guerra civil, pero sí me veo obligado a reproducir a modo de etopeya como retrato indiscreto a veces lo que está en los repliegues de la memoria personal, aunque algunos matices no puedan gustar pero que son incontestables.
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