sábado, 11 de abril de 2015

ARTÍCULOS LITERARIOS: POESÍA VIEJA, POESÍA NUEVA



                                        
 

  Guillaume Apollinaire



Se escribe mucha poesía, es cierto. Poesía en estilos diferenciados por el talento de cada poeta. En algunos casos se llega hasta lo que se llama el idiolecto de cada poeta: Góngora, Neruda, García Lorca, Miguel Hernández, poetas que se han destacado porque han creado una poesía personal, unos más que otros. 

Si se observa detenidamente, la diferencia con respecto a la poesía "común" es bastante notable: Hay una poesía lastrada e impersonal y otra que sorprende por su creación, su capacidad de refrescar el lenguaje, sacudirlo de sintagmas redichos o "planos" que dejan indiferente a quien tiene cierta andadura poética.


Tendríamos que evocar aquí a teóricos de la poesía que no son nada o poco conocidos por muchos poetas premiados con trofeos económicamente sustanciosos. La plica rica ayuda a muchos poetas a seguir añadiendo galardones aunque su obra no aporte estilísticamente nada nuevo.


¿Qué saben esos poetas de Vossler, Spitzer, Shklovski, de Montale, de Jakobson...? Tal vez ni les importen estos nombres; ellos y ellas están reconocidos y tienen boyante y asegurado el "mercado" de los premios. A su vez, la crítica les es dócil y sumisa por aquello de la ya indiscutible celebridad, suponiendo que esos críticos tengan inquietud y/o capacidad de emocionarse con nuevas expresiones poéticas. 


Mientras tanto, se siguen editando libros de poemas que para no incurrir en expresiones lastradas tienden al disparate con el recurso de la imagen visionaria, que ya estudió Carlos Bousoño, y a un versolibrismo con ínfulas renovadoras. Si entramos en el tema, en el "significado" como escribió Dámaso Alonso, aquí se podría señalar vacíos temáticos o pueriles, muy presentes en la poesía trasnochada. 



Una poesía que aspira a ser nueva ha de acordarse de lo que dice el novelista francés Marcel Proust: "Sólo la metáfora puede dar una suerte de eternidad al estilo".Me imagino que se refería a la metáfora y no a la imagen irracional que estudiara en su día Carlos Bousoño y que a partir de la generación del 27 en España ha proliferado en la que se confunden genialidad y arbitrariedad.
 

Lo dicho: Una poesía vieja, más o menos maquillada con superficiales tintes de modernidad y, enfrente, una poesía nueva que sabe que la palabra en el tiempo de ahora es la creatividad y no el continuismo, que es el contenidismo más que el toque  de la función poética, aunque lo profesen nombres consagrados. 


Toda poesía nueva es creadora y sorprendente. “Reformar y sorprender”, como quería Antonio Vivaldi, el músico veneciano. Lo demás es “literatura”, como decía con cierta indiferencia Verlaine. Buena literatura, pero nada más que literatura. Pero, ante la perspectiva poética que vemos, se ha de recurrir a la famosa frase de Juan Ramón Jiménez:  “Alentar a los jóvenes; exijir, castigar a los maduros; tolerar a los viejos”. Alentar a los jóvenes avisándoles que los disparates verbales, las imágenes irracionales y un versolibrismo ingenuo por sus ansias de innovación, apelando al onirismo surrealista, no son el mejor camino para la poesía nueva.

  
Veamos este poema de Miguel Hernández escrito en versos  alejandrinos que conforman un serventesio. Detengámonos en la voluntad de estilo de la expresión que muestra el poeta, que, además, acepta el reto de la estructura clásica más rigurosa. El poeta cumple los requisitos de Vixtor Shklovski para escribr una nueva poesía alejada del lastre del pasado.






Josefina Manresa y Miguel Hernández. Foto tomada de internet



A MI HIJO

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tierra, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reir, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido...
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno: verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mía,
la noche continúa cayendo desolada.






  

ARTÍCULOS LITERARIOS: AFIRMACIÓN DE LA PRIMAVERA


  
                                                   

 Buganvillas primaverales, muy presentes en los antiguos 
huertos de la Isla de San Fernando (Cádiz)




Hotel Salymar, San Fernando -Cádiz-

(Texto leído por Juan R. Mena en el acto de la Real Academia de San Romualdo, en su V convocatoria, realizada en el Hotel Sal y Mar de San Fernando el día 9 de Junio de 2009)



Antes de que apareciera la crisis, ya era un tópico decir que no corren buenos tiempos para la lírica. Posiblemente ahora la frase tenga más persuasión, pero, al revés de lo que quería el poeta de Hernani, Gabriel Celaya, la poesía no es un arma cargada de futuro, aunque cada poeta la escriba en el tiempo que le ha tocado vivir sin afán alguno de que lo que escribe les sirva a sus contemporáneos.
Vista con ojos occidentales, cada vez más tecnificados, la poesía no sirve para nada absolutamente, y en esto le aventaja un poco el amor, que, al menos une a los hombres y a las mujeres con fines de procreación o no.

 La culpa de su aislamiento se debe, en parte, a que siempre se ha identificado a la poesía con la Belleza, con el sentimiento y con el recuerdo, tres fuentes que hoy están próximas a su desecación para instalar en ellas el mundo de la imagen, la consagración del consumo y el ser igual a tener. Sin embargo, no podemos creer que el papel del poeta ha desaparecido en la sociedad, y no porque algunos pasen la frontera del verso y se instalen en los predios de la novela.
 

Se puede ser indiferente a la poesía, incluso enemigo de ella, pero no se puede negar que la vanguardia del lenguaje se debe a la poesía; es decir, que las metáforas que se emplean en los argots del fútbol y el toreo, por poner espectáculos de mayorías, han salido de la retórica literaria. Mientras que la mayor parte de los ciudadanos se conforman con una comunicación cotidiana y funcional, manoseada y redicha, la poesía goza de una capacidad de recreación de la lengua que es privativa de la emoción poética. Las metáforas que hoy crea el poeta, mañana serán repetidas inconscientemente hasta la saciedad por sus vecinos.

El progreso en su formación de las lenguas romances —pongamos por caso el italiano con la Divina Comedia de Dante Alighieri, el gallego-portugués con las Cántigas de amor y amigo y el castellano con el Poema de Mio Cid— se debe exclusivamente a la poesía. Y permitidme recordar aquello de “de bien nacido es ser agradecido”.
 

No quiero hacer una defensa de la poesía, sino presentarla para recordar a los ciudadanos de bien que tienen una deuda con ese género literario que en todas las civilizaciones ha puesto el primer ladrillo de la lengua para que se entienda la gente. La Matemática y la Lengua son las dos columnas del templo del conocimiento y la cultura. Ahora bien, una cosa es la poesía dicho así, universalmente, y otra es la poesía concreta que pueda leer un autor en un determinado recinto, cuyo sentido o mensaje no pueda ser descifrado, tal vez, a las primeras y necesite una segunda lectura.

De hecho la complejidad poética actual requiere una minuciosa lectura, y quizá una iniciación; aunque está en la habilidad de los poetas que lo que lean en público pueda ser descifrado simultáneamente por los que escuchan, pero cada mensaje requiere un nivel de comprensión que lo da el dominio que tenga cada cual de su idioma.


En cuanto a su variedad la poesía es como una familia numerosa de la que cada hijo no se sabe a quién sale, si al padre, a la madre o a los abuelos. Quiero decir que cada poeta es su poema, recordando aquello del francés Buffon: “El estilo es el hombre”.


En sus albores, la poesía siempre ha ido acompañada de la música; después ambas tomaron rumbos particulares y hoy se puede leer un poema en verso libre con la misma fruición que cuando iba de la mano por las plazas públicas con los juglares y por los salones cortesanos con los trovadores.
 

Para concluir esta presentación, que no es un alegato, ya que la poesía no lo necesita, he de decir que escribir en sintonía con la intuición es una actividad que siempre fue respetada y admirada incluso por muchas generaciones, ya que el poeta, en otros tiempos, gozaba de un prestigio próximo al oráculo, tanto que la lengua latina acuñó el sustantivo vate, que viene de "vaticinium", semejante al verbo "femi", de donde viene profeta.
 

Pero, claro, los tiempos son otros y la prisa, así como los condicionamientos mencionados antes, hacen que en las Ferias del Libro se diga poesía con la boca enana, sin pasar de Lorca, Neruda, Gala o Benedetti.

Los poetas que van a leer son distintos en su idiolecto, como se dice en literatura, o sea, cada uno con sus peculiaridades, y esta diferencia no es un caos, sino una riqueza que hay que agradecer a los que heredan la inquietud de quienes hicieron posible que hoy hablemos una lengua para entendernos, tanto a nivel de información, como de recreación imaginaria. Y pregunto: ¿Hay mayor garantía de libertad que la imaginación?







      Este artículo, como todos los que figuran en este blog, pueden leerse también en la web Arena y Cal. También han sido editados en varios cuadernos de artículos literarios.