domingo, 12 de julio de 2020

CINCUENTA Y UN AÑO DESPUÉS







        SONETO EPISTOLAR

    A LA VIRGEN DEL CARMEN

 Destinatario: el místico Carmelo.

Nombre: María, Madre o la Señora.

Tiempo: cualquier momento es buena hora.

Población: en espíritu o en el Cielo.



     Esta oración que parte desde el suelo

y por su poca fe se me demora,

sabe que ha de llegar cuando la aurora

del día de María rompa el vuelo.



Entonces, qué temblor y qué latido

tendrá la Salve en esta boca enana

cuando inicie el fervor su recorrido.



Cierro la carta ya porque cercana

tengo el alba y, por tanto, me despido.

    Hasta verte ascendiendo en la mañana.


                       Juan Rafael Mena

  Aparecido en el DIARIO DE CÁDIZ
el 14 de julio de 1969, para la Velada 
de San Fernando de ese año.

A la memoria del carmelita fray Manuel María Molina, que me pidió que lo escribiese para enviarlo al Diario.












sábado, 11 de julio de 2020

EVOCACIÓN PARA EL DÍA DE LA PATRONA DE LA ISLA DE SAN FERNANDO -CÁDIZ-.

       



A Ignacio Bustamante Morejón (1953-2013), que me pidió este poema para editarlo en una revista municipal.
 

En olor de levantes y láminas de esteros,
cal de las Callejuelas y geranios de patios,
yo recuerdo de niño los destellos de julio
con albas encendidas, dianas mañaneras,
y la Capitanía de galas ataviada;
versos de don Gabriel, el órgano del Carmen,
los rojos cortinajes cubriendo las columnas,
y ese río de gente con su fe caudalosa,
reclinatorios propios, pardos escapularios,
devotas viejecitas, fervor carmelitano;
y, fuera, en !a Plazuela, las pérgolas colmadas
de verdes ya quemados por el sol veraniego,
y el viento sacudiendo las gruesas buganvillas,
los chiquillos de entonces, más fieros e inocentes,
las familias entorno de la berza o el puchero
oyendo en sobremesa la alegre catarata
de !a radio y !os discos aquellos dedicados,
la lista interminable de Cármenes felices,
y una paz que aún no había destrozado el seiscientos.


En olor de levantes y láminas de esteros,
con rumores de ahogados en la vieja Vaera,
pregones vespertinos de lisas y caballas,
ruidos de ostiones y pinchazos de erizos,
y un torpe cantiñeo salpicando los bares,
la ilusión y !as luces de la larga Velada,
las miradas equívocas del amor despuntando,
y calles y lugares y gentes que se fueron,
todo el ayer, ahora, desemboca en mis sienes,
y soy mar de recuerdos, corazón del pasado.

                     De Cancionero memorial (1961-1981)