jueves, 23 de abril de 2015

ARTÍCULOS LITERARIOS: TRADICIÓN E INNOVACIÓN

TRADICIÓN E INNOVACIÓN



Hace unos años conocí en una celebración literaria a un poeta convencido de que escribir en verso libre era hacer poesía moderna; o sea, que toda la poesía escrita en versos ortodoxos era una poesía pasadita y anticuada. Realmente, me dio cierta lástima de sus declaraciones y tuve que decirle que un tal Miguel Hernández había escrito versos clásicos con una modernidad increíble y que el verso clásico —endecasílabos, alejandrinos, octosílabos…—  era un reto para cualquier poeta que se preciase de moderno; que la “palabra en el tiempo” de Antonio Machado no era innovar fuera de los márgenes lingüísticos de la poesía sino podar el árbol de la tradición pero sin talarlo ni cortarle las ramas; que otros tantos poetas maduros, incluso jóvenes, demostraban conocer el oficio y luego lo rompían, como dice el tópico; sin embargo, no se alejaban de la fuente en la que han bebido los mejores poetas de nuestra lengua: Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Alberti, Lorca, entre otros que escribieron en las dos modalidades: métrica y versolibrista.  

A pesar de que le cité una frase de Goethe, como es: “Lo importante no es hacer cosas nuevas sino hacerlas como si nunca nadie las hubiera hecho antes”, el poeta versolibrista y autor de imágenes irracionales (según la teoría de Carlos Bousoño), no entendía bien mis intenciones.

Pero esta novedad no está por supuesto, en la forma, que ya conocemos en todas sus variantes métricas, sino en el lenguaje; está, pues, en crear como dice el estilista ruso Vixtor Shkovski, un texto que llame la atención por su capacidad de sorprender. Sólo en el idiolecto poético de un autor es donde se innova, y todo lo que no tenga frescura en la combinación de las palabras, escriba lo que se escriba, es un intento que no pasa de eso mismo.

El poeta, por unos instantes parecía escuchar; después me di cuenta de que mis razones les resbalaban indiferencia abajo. Como él hay muchos que escriben convencidos de que la poesía moderna está de espalda a la escrita incluso hace setenta años atrás y que cada poeta es hoy un  genio innovador ya que escribe como le da la gana. Para romper su indiferencia le dije que buscase en internet de su lujoso móvil un poema de ese tal Miguel Hernández que se titula “Eterna sombra”, porque ese poema reúne lo clásico y lo más innovador en el lenguaje poético, tradicional y surrealista a la vez, que no perdiera de vista a ese modelo, que debiera ser paradigma de todo  poeta que desee ser innovador.

Sin haber conocido al estilista ruso Vixtor Shklovski, el poeta oriolano había intuido, como genio auténtico que fue, su teoría resumida en que la literalidad residía en la dosis de extrañeza que era capaz de despertar un escritor en nosotros; es decir: del reconocimiento como algo ya leído y sin sorpresa, a la visión de un texto que emociona por lo que tiene de novedoso, sin renunciar a lo clásico. Le afirmé que no estaba en contra del verso libre (yo también los he escrito) ni de la palabra en libertad como dijo Apollinaire, sino de que esos recursos se abanderaran como únicos referentes de la poesía moderna.

Mi interlocutor no manifestó su acuerdo pero se quedó pensando en lo que le dije…¿Aceptaría el reto como buen caballero en el torneo de la verdadera innovación o se quedaría apoltronado en su tienda de fáciles, abigarrados y pintorescos cachivaches poéticos?

Sin embargo, reconozcamos la libertad para crear como dijo Antonio Machado: “Verso libre, verso libre…/ Líbrate, mejor del verso/cuando te esclavice”. En efecto, hay un verso libre creador que necesita toda la iniciativa que sea para crear nuevas formas de expresión, lejos del buen tuntún y de la pata a la llana.

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