jueves, 1 de agosto de 2019

DIFERENCIAS ENTRE LA POESÍA AMOROSA Y LA POESÍA ERÓTICA




A menudo se suele confundir la poesía erótica con la poesía amorosa y la poesía erótica con la poesía pornográfica.

En una época de libertad en la escritura, como es la nuestra, el anhelo de llamar la atención compulsa a más de uno a invadir el papel expresando deseos amorosos que trasponen los límites necesarios para que el talento señale dónde acaba un amor y dónde empieza el otro.

Como ejemplo de poesía amorosa tenemos a mano muchísimos ejemplos sacados de nuestra literatura, llamémosla oficial. Cualquier soneto amoroso de nuestros clásicos, de factura petrarquista, podría servir de modelo para nuestras valoraciones.

He aquí un sonetos de Góngora en el que describe a una dama con todos los elogios magnificadores posibles. 


De pura honestidad templo sagrado,
Cuyo bello cimiento y gentil muro
De blanco nácar y alabastro duro
Fue por divina mano fabricado;

Pequeña puerta de coral preciado,
Claras lumbreras de mirar seguro,
Que a la esmeralda fina el verde puro
Habéis para viriles usurpado;

Soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
Al claro sol, en cuanto en torno gira,
Ornan de luz, coronan de belleza;

Ídolo bello, a quien humilde adoro,
Oye piadoso al que por ti suspira,
Tus himnos canta, y tus virtudes reza.

                                               1582


Este grado amoroso se mantiene en un nivel aristocrático en que se exalta la nobleza física de la dama sin que el sentimiento de admiración pase a un plano donde se aprecie un indicio de otro atractivo.

 Veamos otro texto en el que sigue imperando el amor honesto, a pesar de que la manifestación amorosa va más allá de lo físico. Es el célebre soneto XXIII de Garcilaso de la Vega. Realmente no hay nada de erótico a primera vista, pero si indagamos en su función conativa —por diferencia a la función representativa-expresiva del soneto de Góngora—, nos daremos cuenta de cómo el poeta aconseja a la joven a que goce de su juventud con todo lo que significa el famoso Carpe diem.

En este soneto no hay expresión amorosa sino de admiración por lo físico y el entusiasmo que suscita la presencia de la joven. Hay un mensaje erótico insinuado con toda la galantería posible sin incurrir en una sensación aislada dentro de esos sentimientos apacibles de donde brota el incentivo de aprovechar el tiempo que le brinda alegría y enamoramiento. Erotismo, a mi ver, contenido pero, no obstante, saliendo de los límites de la prudencia de la época . La imagen de la rosa puede tener varias lecturas visto desde hoy, rompiendo el encorsetamiento de la atmósfera cortesana. Se exalta la belleza física para ser gozada, no sólo admirada como en Góngora.


En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.


Veamos ahora este soneto atribuido a Francisco de Quevedo, que no necesita comentario. En él dominan dos funciones: la representativa y la conativa al final, dentro de las funciones del lenguaje. Hay que destacar tres metáforas: la del brasero, la del cirio y el tizón, que le dan cierta categoría al soneto y que ”ennoblecen” sus intenciones pornográficas.

Estaba una fregona por enero
metida hasta los muslos en el río,
lavando paños con tal donaire y brío
que mil necios traía al retortero.

Un cierto conde, alegre y placentero,
le preguntó por gracia si hacía frío.
Respondió la fregona: "Señor mío,
siempre llevo conmigo yo un brasero".

El conde, que era astuto y supo dónde,
le dijo, haciendo rueda como pavo,
que le encendiese un cirio que traía.

Y dijo entonces la fregona al conde,
alzándose las faldas hasta el rabo:
- Pues sople este tizón Vueseñoría.




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