domingo, 4 de marzo de 2018

RESEÑAS DE LIBROS: LA POESÍA DE SERVANDO CAMÚÑEZ




 


LA POESÍA DE SERVANDO CAMÚÑEZ  EN SU LIBRO

Versos pasados de moda
Editor José García Gutiérrez, 1915
Cádiz



Servando Camúñez Echeverría nació en Cádiz, en 1854, pero vivió, ejerciendo como médico, en San Fernando, donde falleció en 1936. Salvador Clavijo dice en su Historia de la ciudad de San Fernando que amó profundamente a Andalucía y también se vinculó a temas patrióticos e hispanoamericanos. En su poesía, además de esas fuentes de inspiración, aparecen otras motivaciones de carácter filantrópico y siempre una tendencia social que lo asocia con la temática general del realismo decimonónico. Publicó un solo volumen de versos titulado Versos pasados de moda, en 1915, editado por el editor José García Gutiérrez, de Cádiz, con un número de páginas de 289.

Y, en efecto, Camúñez siguiendo la directriz de la poesía que lee en su juventud, se siente muy próximo a Núñez de Arce, Campoamor y Zorrilla, así como a Espronceda. Pero en Camúñez los rasgos realistas se acentúan, tal vez por su experiencia profesional. Los pobres, los necesitados, la inocencia infantil, el pájaro ciego, la cultura del suelo, como el trigo y el trabajo, todo ello quedaba, como dice Clavijo, ennoblecido por su capacidad de emocionarse y emocionar al lector.

El poeta gaditano está lejos de la poesía declamatoria de la época. La suya tiene un lenguaje necesario dentro del registro poético de la segunda mitad del siglo XIX. Cuando canta a la Patria, a América y a Andalucía lo hace sin énfasis, pues no pretende una exaltación hueca y oficial. Títulos de poemas suyos nos dan una idea de que fue un poeta de su tiempo por lo que tuvo de ciudadano sensible, además, incardinado por ello en la sinceridad: “La madre”, “Don Quijote”, “El trabajo”, “La humildad”, “La Patria”. “El Descubrimiento”, “La vejez”, entre otros poemas son sintomáticos de que debió de ser un hombre amante de la cultura y poroso a los males de la Humanidad, así como un amigo incondicional del progreso.

Refiere Clavijo que fue, ya en los últimos años de su vida, conservador de la Biblioteca Pública Lobo y ordenador del Archivo, en su calidad de Cronista de la Ciudad adoptiva. Nos hallamos en 1929. Se cuenta también como publicaciones suyas unas llamadas “cartas españolas” (tal vez recordando lo de las “Cartas marruecas” de Cadalso) editadas en “Los Lunes” y “La Correspondencia”, que dirigió, así como escribió unas zarzuelas que se perdieron, por lo visto.

Como dije antes, el poeta afincado en la Isla siguió el rumbo del realismo, pero lo hizo con toda franqueza, y manifestó su entusiasmo escribiendo versos que aún nos quieren contagiar, dentro, como se ha dicho ya, de un estilo propio de su contexto realista por su vibración: “¡Redención!, con amor puede lograrse /. ¡Igualdad!, con amor a nadie espanta /. ¡Libertad!, con amor debe enseñarse /. ¡Fraternidad con el amor encanta!”. Son versos que corresponden al poema ”El gran Burgués”, premiado con la Flor natural en Sevilla en 1903, precisamente en años en que el modernismo está en todo su apogeo y Juan Ramón Jiménez edita Arias tristes y Ramón Pérez de Ayala La paz del sendero.

En esta estrofa, espécimen del poema citado, están los presupuestos temáticos de su poesía que, como ya indiqué anteriormente, pueden resumirse en el amor al progreso, la simpatía por el humanitarismo social, la libertad de los pueblos y la promoción de los valores del hombre. En nuestra época Camúñez hubiese sido un destacado poeta de la Generación de los años 50 en su más definida expresión social. Ahora bien, Camúñez, por el año de su nacimiento, podría haber sido un precursor del movimiento modernista, como lo fueron Manuel Reina (1856-1905), Salvador Rueda (1857-1933) y Ricardo Gil (1858-1908). Pero nuestro poeta no viajaría por Madrid ni por París, es de suponer, y ese aislamiento de los poetas de entonces en sus provincias nos da una explicación de esa falta de reciclaje literario en sus obras.

Cuando se publica su libro de poemas en 1915 el modernismo ya está superado, en palabras de Manuel Machado. Lo que va de 1880 a 1910, se da como periodo para ese movimiento. Sin embargo, en su libro de versos podemos apreciar cualidades que nos garantizan que podría haber sido un buen poeta modernista, y no se olvide que por su cronología de vida abarcaba en primer lugar, la poesía realista, aunque un poco retardataria; en segundo lugar hubiese sido, como los poetas mencionados, un adelantado del modernismo; en tercer lugar podría integrarse en la fila de los poetas novecentistas -como León Felipe- y en cuarto lugar Camúñez podría asimilar las novedades de los poetas de la Generación del 27, incluso con sus quiebros vanguardistas, si se lo hubiese propuesto.

Dado que la musa de Camúñez era más bien abstracta y observadora, podríamos decir que su poesía generalmente levanta el vuelo y se ocupa poco de los tipismos y pintoresquismos en los que sí fue generosa la musa del isleño Gabriel González Camoyano (1893-1967), que fue amigo del médico y poeta, y que lo sustituyó en la dirección de la mencionada Biblioteca.

Dos años después, en 1917, Juan Ramón Jiménez publica su Diario de un poeta recién casado, que sirve de arranque a la nueva poesía del poeta onubense y da una nueva orientación a la poesía española. Un año antes, en un cabaret de Zurich, Hugo Ball y Tristán Tzara proclaman el dadaísmo, tan irrespetuoso con toda la poesía academicista del siglo XIX.

A modo de conclusión, la poesía de Servando Camúñez se inscribe, como hemos dicho, en un contexto de poesía realista un tanto retrospectiva, debido, tal vez, a su aislamiento literario, pero con calidad en sus poemas como para vaticinarle logros satisfactorios si se hubiese puesto en línea de otras generaciones siguientes a la suya. Cuando hablamos de su carácter retrospectivo en ella se debe, más que a cuando la escribe, que a cuando la publica en ese volumen, independientemente de que años atrás lo hiciera en diarios y revistas.

Como muestra antológica exponemos este poema que se refiere a la celebración del primer centenario de la derrota francesa frente a Cádiz y la Isla de León. El metro empleado -decasílabos de 5+5- fue utilizado durante todo el siglo XIX tanto por poetas románticos, como realistas y modernistas.



HIMNO DEL CENTENARIO


¡Cádiz, despierta! ¡Cádiz, levanta
a las alturas tu pensamiento!
En tu recinto, cual arca santa
puso la Patria su sentimiento,
sus esperanzas y sus dolores,
sus dignidades y su energía.
¡Cádiz augusta! Hoy es el día
de hacer coronas de egregias flores
para tus hijos, los luchadores
que enaltecieron tu nombradía.

Hoy hace un siglo que el mundo entero
vio sorprendido tu resistencia
ante el coloso que traicionero
quiso quitarnos la independencia.
Hoy hace un siglo, ¡Cádiz hermosa!,
que ante tus muros y tus cañones,
llena de rabia la poderosa
dominadora de cien naciones,
vio disiparse sus ilusiones
con tu respuesta maravillosa.

¡Cádiz, despierta! ¡Cádiz, levanta
a las alturas tu pensamiento!
Como la antorcha que se agiganta
a los embates del raudo viento
es la aureola de tus lealtades,
de tus honores, de tus firmezas,
de tus excelsas serenidades,
de tus bravuras, de tus realezas,
gloria y asombro de las edades.

la isla hace cincuenta años (escrito en 1922)

Hace cincuenta y siete años que quien esto escribe (lo dice Servando Camuñez en 1922, por lo tanto se refiere al año de 1865) llegó a San Fernando.


Un alma lleno de tristeza y una imaginación henchida de esperanzas incisas formaban su impedimenta moral.

Niño aún, las impresiones que traía, sumadas a las emociones de la llegada, grabaron un profundo surco en su memoria. Surco que persiste claro y lúcido al través de los años y de los desgastes de la inteligencia.

Venía de un pueblo de la Sierra, al que me había llevado meses antes una enfermedad de mi padre.

Eran los últimos días del mes de Julio. La ciudad estaba engalanada con motivo de su feria, el cielo tenía un azul purísimo, el calor era bochornoso y el levante soplaba furiosamente.

El carruaje que nos traía, al entrar en la calle Real (por la plaza del Castillo) y principiar a recorrer aquella terrible calzada de piedras, que la servía de pavimento, perdió una rueda, se inclinó de un lado y,,, los viajeros tuvimos que abandonar el maltrecho vehículo y recorrer a pie el trayecto que nos faltaba para llegar al término de nuestro viaje y de nuestros deseos.

Era por entonces la ciudad de San Fernando un gran villorro con una calle Real muy toscamente empedrada; con las demás calles, unas terrizas y otras empedradas; pero unas y otras sin aceras; con suburbios y albinas llenas de barro y montañas de basuras; con una edificación improvisada y sin belleza arquitectónicas; con alumbrado público de farolas que tenían en su interior reverberos de aceite, los cuales sólo se encendían en las noches en que no daba luz la Luna; con las salinas en poder del estado; con el mejor Arsenal de España; con una entrada, frente a la estación ferroviario, llamada Glorieta, en la cual los bodegones, barracas e inmundas tabernuchas ocupaban la mal llamada Alameda y en donde una muchedumbre de vagos, rufianes, matones y rateros y cuanto había de perdido y malo en los bajos fondos sociales de la ciudad pululaba noche y día para vergüenza y desesperación de los trabajadores honrados y de los buenos habitantes de la población.

La Casa_Ayuntamiento era un palacio en ruinas, de negras paredes y sin techumbre en el piso superior.

Los barrios extremos de la población eran zocos morunos en los que no era muy agradable la entrada, pues de ser señoras o caballeros los visitantes, eran abucheados estrepitosamente y obligados a retirarse por la incultura de sus pobladores.

Como la ciudad era un río de oro a causa de sus ocho mil carraqueños, sus empleados militares y las grandes remesas mensuales de numerario de nuestras colonias americanas y filipinas, acudían a ella como moscas cuantos aspiraban al dinero ajeno y cuantos no servían para trabajo ni para ganar honradamente el pan de cada día.

Por esto, por el sin número de tabernas, figones, capilés, etc,etc., por en enorme número de mendigos, lisiados, pedigüeños y matones, por la sobra de casas en donde nocturnamente se le tiraba de la oreja a Jorge y por escasez de policía civil y sobra de tolerancia y abandono en que vivían caleseros, valientes, hampones, chulos y demás gentes de mal vivir, raro era el día que no se presenciaba en plena calle algún asesinato o algún escandaloso choque entre los servidores del juego y los admiradores del hampa.

¿A qué proseguir?

San Fernando era un pueblo rico, pero miserable; era hermoso; pero sucio; era culto pero sin manifestaciones externas de su cultura; era caballeroso; pero sólo en las altas esferas de su mesocracia, y era noble y honrado; pero con una mezcla de fermento libertino, agitanado y canallesco que daba lugar a la fama y aplauso que otros pueblos le concedían por sus hampones y sus barateros, sus ladrones y sus victimas.


¡Que inmensa y gran diferencia separa al pasado del presente! (1922)

Aquella ciudad de San Fernando no tenía más cultura que la de sus marinos, ni más ilustración que la de sus poquísimos hombres de Ciencia, ni más higiene que la de alguna que otra familia adinerada, no más seguridad que la puramente personal, ni más enseñanza que las que se derivan del analfabetismo y de la matonería.

Hoy, a pesar de lamentaciones y quejas vulgares, la entrada de la ciudad es sencillamente hermosa, las calles principales pueden competir con las de las ciudades modernas de mayor renombre, las albinas sucias y fangosas han desaparecido, los tristes faroles el alumbrado público se han tomado en focos eléctricos, las calles tienen aceras cómodas, el palacio del Ayuntamiento es un edificio monumental que da honores y prestigios, la Biblioteca Lobo es un centro de instrucción y de cultura, y las sociedades obreras de la ciudad que tanto bien procuran y que tan alto ponen el nombre de San Fernando, han hecho que se olviden y que desaparezcan por completo aquellos miserables tugurios donde la juventud se manchaba con el cieno de la procacidad y del matonismo.

Hoy la antigua y sucia taberna casi no existe; la calesa y el tosco calesero han sido substituidos por el automóvil y el coche charolado y limpio; la vagancia se ha borrado con el trabajador honrado y culto; al gracioso y al chocarrero ha sucedido el alumno formal, serio y aprovechado de nuestros Centros de Obreros; y todo aquello que significaba atraso, rutina, haraganeria, tosquedad y agresión se ha transformado en finura, adelanto, amable condescendencia y culta galantería.

¡Honor a este hermoso y noble pueblo, que en medio siglo ha sabido elevar su nivel moral y social hasta la envidiable altura en que se encuentra!.

Servando Camuñez.

San Fernando, Diciembre,1922.

El Güichi de Carlos.

Diciembre 2009.

1810-2010.- 24 de Septiembre. Bicentenario de Las Cortes. Comienzo de la deliberación y aprobación de los decretos de la primera Constitución española de 1812 (La Pepa), en la Villa de la Real Isla de León.


Capitanía de San Fernando. Principios del siglo XX



No hay comentarios:

Publicar un comentario