lunes, 23 de marzo de 2015

POESÍA CLASICISTA





BREVEDAD DE LA VIDA EN ANACREONTE Y TEOGNIS

                   

                                              
Anacreonte, tú, cantor de fiestas,
animador de cortes y simposios,
maestro de la cítara y el vino
y enhebrador de versos exultantes,
tan diferente de Teognis triste,
pues ve a la aristocracia empobrecida,
y se obsesiona con oscuros Hades
yendo del desengaño a lo funéreo;
los dos sois emisarios de la vida,
cada uno en distintos recorridos:
tú exaltas la embriaguez de lo instantáneo
y él lamenta lo breve de ese instante.

De Asamblea  de voces en las sombras (2011)

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LEUCIPO ENSEÑA A DEMÓCRITO SU FILOSOFÍA

Siempre han sido  los átomos, pues no han tenido cuna.
No tuvieron ni padre ni madre ni principio.
Siempre niños traviesos, juegan en el vacío
como en una gran plaza a la que concurriesen
para cantar en coro la inevitable vida
que surge de esas manos fuertemente enlazadas
por ese machihembrado de las afinidades;
plaza en que se desunen o, al contrario, se engarzan
y fundan esos mundos sin saber esos átomos
que, juntos ya, se vuelven vientos en torbellinos,
vientos en estallido en una inmensa cueva.

Un grupúsculo soy de átomos que se aúnan,
Como hormigas unidas su tronco hacen fecundo
y siento como el árbol gran sed de lluvia y sol:
es la necesidad, conciencia de lo vivo;
tejida por las manos de un azar primigenio,
ella, la incontestable necesidad nos urge
hambre, guarida, lucha, sobrevivir, envite
a trasegar el vino amargo de la historia,
en la que somos siervos de invisibles señores,
que son nuestra ignorancia, pasiones y espejismos;
una historia que ahogamos por dentro en el olvido
y se desgasta y muere como reptil o hierba
bajo el indiferente y gélido infinito;
mas todos solidarios, los átomos, se apiñan
en ciego empuje anónimo de la supervivencia
como un fuego que anima con sus llamas locuaces
al corazón, iluso, que en su infantil burbuja
jamás aceptará que es fugaz y azaroso
sino el rey designado por mandato divino
a gobernar airoso de la rosa a la estrella,
y siempre ignorará que bajo los festejos
de sus luchas y gozos los átomos lo mueven,
lo llevan y lo traen, hojarasca en el viento
(niños inquietos ellos: lo único que existe,
v lo demás, uniones de espejismos y anécdotas),
como el barco que hiende orgulloso las aguas
no sabe que es el mar quien lo lleva en sus hombros.



Notas.

Felipe Martínez Marzoa en su Historia de la Filosofía pág. 109, Ediciones Itsmo, afirma en principio que Demócrito desarrolló 1a doctrina de Leucipo, aunque luego considera a uno y a otro contribuyentes de la misma doctrina. Pero Copleston en su Historia..., pág.84, Ariel, apunta a que el Gran Diakosmos, incorporado a las obras de Demócrito, era en realidad de Leucipo. Por otra parte, Diógenes de Laercio fue el primero en poner a los átomos como principio de las cosas, según dice Andrés Martínez Lorca en Átomos, hombres y dioses, pág. 146, Tecnos. Este comentario sirve de apoyo al subrayado del primer verso del poema, o sea del significado del verbo "ser" ahí. Para observación de cierta perplejidad acerca de Demócrito entre lo físico y lo ético, véase la nota 7.
Pero esta misma perplejidad nos la produce Leucipo si leemos atentamente los dos fragmentos que se conservan de él. El primero se refiere al Gran Diakosmos -Sobre el grandioso orden del Cosmos-, como lo titula Bacca en Refranes presocráticos, e incluye entre los elementos del Cosmos el "remolino", concepto que contrasta con el de "disposición".

El otro fragmento tiene como título Sobre el espíritu, y dice que "Ninguna cosa se hace por tanteos, sino que se hacen todas "de" Razón y "por" Necesidad (pág. 129).

La contradicción aumenta de grado. Por otra parte, tenemos unos cuantos pensamientos de Demócrito -6,7,8,10,117- en los que el filósofo insiste en la imposibilidad del conocimiento, y repara esta deficiencia con una ética de lo prudente y lo pragmático.

De ahí que en Átomos... se confirme el determinismo atomista (pág. 147), En la nota 7 asistiremos a la innovación de Epicuro con su “clinamen”, añadido a la teoría que despertó escándalo en los adversarios, según dice García Gual en Epicuro (pág. 113). Como veremos en la citada nota, en el poema correspondiente distinguiremos entre fatalidad o determinismo puro frente a azar o contingencia.

Para entender mejor su noción recurramos a Ferrater Mora; Diccionario..., I, 616, considerando en contingente "lo que puede ser y puede no ser". Ello da un resquicio a la libertad, que es lo que propuso el maestro de Samos. Con esto rompía la expresión "azar necesario"; Átomos..., pág. 147) y la dividía en dos conceptos desligados por el uso de la libertad que otorgaba el llamado “clinamen”: por un lado, lo necesario, lo fatal que se impone; por otro, lo que se convierte en azar, casualidad, acaso. elección en suma.
Con ello se destruye la creencia de que la fortuna sea un dios. Queda claro que el determinismo del mecanicismo, según Demócrito, como "necesidad ciega”, la idea pasa a Epicuro -merced al “clinamen”, o sea la posibilidad de deliberación- como conciencia dilucidadora de la relación causa y efecto, opuesta al "concursu quodam fortuito", de Cicerón, refiriéndose a Demócrito. 

(Ferrater Mora: Diccionario..., I, 26$).










  



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  OVIDIO NASÓN, AL COMENZAR EL IV LIBRO DE
LAS TRISTES, SE ACUERDA DE SUS AMIGOS DE ROMA
   CON QUIENES GOZABA ANTES DEL DESTIERRO







 






  Después de  de mi regreso de Atenas, la erudita,
  heme aquí en los cenáculos de mi querida Roma
  deshojando la flor de las galanterías
  en salones floridos de damas elegantes
  que cuidan el peinado con morosos esmeros
  y ellas mismas se exhiben como faustas estatuas,
  y hay esclavos que van y vienen silenciosos

con bandejas, y otros cuyas flautas derraman

melancólicos hilos de lejanas canciones.
Inclinados nosotros y en triclinios las damas,
tejemos con ingenio como en telar del ocio
                           [urdimbres con historias
de un amor, las palabras solícitas de aliento
                           [para aupar el poema
de su foso amoroso en que lo tiene Galo
por su amor a Licoris, y es citado Tibulo
—ah, rescoldos que guardan a Némesis y Delia—
por Propercio, que quiere olvidar los espinos
que le punzan del duro recuerdo de Perusa
donde perdió a su padre. Y a su Cinthia, que ha muerto.
Flota como un suspiro la queja de Sulpicia,
aldabón en el pecho tan duro de Cerinto
-la única mujer que versos aquí teje,
sobrina de Mesala, de su círculo fresa
delicada, encendida—, y yo, que empiezo ahora
a granar este fruto del poema que es cofre
de una emoción escrita a Corinna, la amada
(se rumorea en éste más nombres de mujeres)
y le doy a curiosos asistentes consejos
para tejer la fina urdimbre del amor;
y a los cincuenta años la orden me fustiga
aturdidora y gélida de mi exilio. Oh Augusto,
¿por qué, por qué? Oh amigos, qué desgarro
                                            [ese instante:
"Cum subit illius tristissima noctis imago."


 Trad.: "Cuando sube a mi mente la imagen tristísima de aquella noche”.




NOTA.- Dos temas hay que destacar aquí. El primero es el relativo al Círculo de Mesala; en el que concurrían tanto los poetas llamados del Corpus Tibullianus como los que protegía el propio Mesala, entre los que se debe rnencionar a Sulpicia, sobrina del mismo Mesala, y a Ovidio. El segundo  es el referido a Ovidio, su regreso de Atenas, donde completó su formación, su contacto con el gran mundo y los ambientes literarios, y posteriormente, su exilio a los cincuenta años, de su amada Roma a la semibárbara Tomi (hoy en Rumanía), a causa de  dos acusaciones, una basada en un poema y otra en un error. Historia de la  literatura universal, de Riquer y Valverde, I, págs. 370-73.

  
            De LA ARCADIA DE NARCISO (2007)

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