El lotero llevaba entre sus manos
el número feliz que dio millones
aquella navidad a tanta gente.
Él, de noche en su casa, en la ironía
de la suerte, miraba entristecido
aquellas manos tan afortunadas
que manejaban una humilde cena.
MUNDO ESCRITURA MINIPOEMAS, LA
LUPA, OCTUBRE 2018
DULCE
TARDE DE VERANO
La
tarde de verano
incendia
cuanto toca
con
sus dedos de fuego.
Los
cuerpos se avecinan
en
la playa, se tienden
en
hamacas de agua.
La
brisa acuna al mar,
y
los cuerpos se duermen
con
su nana de espuma.
Concursos Literarios en Español, micropoesía,
Tardes de verano (2019)
Cuadro de María Jesús Rodríguez Barberá
Desde el regazo de los
oleajes,
desde
esta playa, asilo de mareas,
desde
donde la espuma se desflora,
desde
una duna efímera de arena
miro
los dinosaurios de los bores,
desde
este andén de elásticas maretas
miro
la tempestad subirse al cielo,
miro
que se estremece su vidriera,
miro
sables de fuegos estridentes,
la
infinitud es yunque de centellas,
las
batallas de aguajes explosivos,
el
mar es un acuario que revienta,
los
correajes sádicos del viento...
¡Miro un cuadro de Turner
que se quema!
GANADOR LETRAS COMO ESPADAS, DESDE ESTA
PLAYA, (2017)
PRÓLOGO
PARA UN TIEMPO NUEVO
Nuestra vida
es un leño que se quema,
y los años,
las llamas en que arde.
Quedan
brasas, recuerdos que dejamos,
y el viento
del olvido luego esparce.
Que el ayer,
por carriles de memoria,
no te traiga
su carro de pesares.
Que ni el
mañana desde sus confines
con albas
inseguras te amenace.
Retén el gozo
de sentirte vivo,
y ninguna
inquietud te lo arrebate.
Ama a lo que
te pide amor y es noble
desde lo más
pequeño a lo más grande.
Piensa que el
tiempo es como una tenaza
que se nos va
cerrando a cada instante.
No te asuste
el adiós a los silencios
ni dejes que
tu ánimo desmaye.
Enciende en
ti una vela de infinito
y mima la
esperanza de un quién sabe…
LETRAS COMO
ESPADAS, IV Certamen Literario de poesía “TIEMPO NUEVO” (2018)
ISBN: 978-84-606-9831-9
Deposito legal: M-24000-2015
Titulo: AMOR PARA LA HISTORIA DE UNA CULPA
Llegará un día en que nuestros recuerdos serán
nuestra riqueza.
Paul Geraldy
Como a hurtadillas roza el pasado mis sienes,
me viene sigiloso con sus pies de gacela
y lo mismo que un bosque desdobla sus ramajes,
él toda la espesura de recuerdos despliega.
Se me dobla la cinta de mis años ajados
y aparece en su envés tu adolescencia esbelta,
destello que adelgaza el rubor de un suspiro
inasible y etérea como tu silueta.
Mis ojos, dos donceles que sus redes te tiran
para cazar un sueño que nace en tus ojeras.
Empezó a aquella tarde abrírsele una historia
que en su prólogo tuvo rumor de discoteca.
Paseos por esquinas de todas las penumbras
y ensayo tembloroso de caricia inexperta.
Mis manos le pusieron asedio a tu cintura
y tus senos se hincharon igual que una marea.
En el último cine hizo fortuna un beso,
llave para panales de nuestras dos abejas.
Los cafés empaparon con su aroma palabras
que en tu alquimia de afectos se volvieron
poema.
Insomne nuestra luna, apadrinó las noches
descalzas por la orilla de una mar agosteña,
con su nana de vidrio cómplice de los cuerpos,
con nuestras despaciosas voces calenturientas.
Arañaba con brillos el panel infinito
del ocio milenario un palpitar de estrellas,
como si se alegraran de nuestra consonancia,
como si con mirarlas las tuviésemos cerca.
El pueblo era un manojo de luces a lo lejos
y toda la distancia como un ardid de nieblas.
Manos, labios y frases susurradas se echaron
sobre tu fresco cuerpo como una madreselva.
El tiempo se detuvo como barco encallado
y a gusto en un islote de roces por
madréporas.
Todos los miramientos se nos fueron a pique,
se ahogaron en abrazos todas las advertencias.
Volvimos como prófugos de una isla de almíbar.
Tal vez nos perseguía nuestra propia
extrañeza,
asombro de que puedan volcar unos instantes
en un festín de risas amenazas tan serias.
Conjura de quimeras y la pasión urgente,
tenazas que en la edad más furtiva se
estrechan.
Nos quedó un garabato tenaz en la memoria,
rúbrica de emoción que tortura y deleita.
Cabalgaron los años sobre nuestras canicies
y dejaron el polvo juvenil de las sendas
en los ojos que un día vieron tan cara a cara
una felicidad como grabada en piedra.
Dicha que tiene ahora pátina de pesares,
color de sinsabores y entristecidas hebras,
pero que todavía es capaz de ponerle
migajas de consuelo al perfil de una pena.
Capítulo de culpas hoy zozobra en mi ira.
Jirones de nostalgia en el alma me cuelgan.
Fui yo quien, torpe, hice de aquel edén
volátil,
después de sus cenizas, la sombra de una
anécdota.
Pero, aunque me asfixiaran las raíces que
crecen
y por el muro ciego de mi olvido me trepan,
jamás las cortaré...
Que es ese ayer contigo,
de lo que fui, la única reliquia que me queda.
De Siempre
poesía (2015)
SUSPIROS DE POETA
ISBN: 978-84-944968-1-3
Deposito legal: M-40577-2015
Título: La soledad de Carmen
La soledad asfixia a los mayores
cuando sus cuerpos yerran por la casa
y tropiezan con sombras de recuerdos.
Para Carmen qué larga es tanta noche,
un viaje por las oscuridades
de las habitaciones, y en la alcoba
el barco fondeado de su amor
sin aquel capitán de su marido
que un día abandonara la cubierta
a instancias de la muerte.
Carmen llora
con lágrimas fugaces que se van
por el hueco interior de la costumbre
sin más consuelo que el quehacer diario
y sin más compañía que su gata.
El reloj es de noche negligente
y retiene en sus torpes manecillas
a la marea del amanecer
que tarda mucho en remontar el alba.
Se acuerda de los hijos que están fuera,
de la tirana emigración rehenes,
buscadores de un pan que está amasado
con sudor y con pena del exilio
y el ansia de volver a sus raíces,
a los años que vagan para siempre
entre los bancos de una plazoleta
donde la infancia grita hacia lo lejos
montando guardia a tantos sueños rotos,
entre piedras diezmado el paraíso
de la niñez que ríe todavía
con voces como migas para pájaros,
que tan sólo se oye en la memoria.
Durante el día Carmen es vasalla
de la radio y le entrega sus oídos,
o a la televisión, mientras espera
el salto del teléfono que pone
un garabato de emoción al pecho
y un rielar de alegría en la llamada.
Se cruza con vecinas en la calle
o en la escalera. Tiene tentaciones
de asistir al Hogar del Pensionista
para olvidarse de que está tan sola
como el mar en los días de tormenta.
Setenta remos mueven sus dos brazos
por un agua que sabe a desamparo
soñando con el puerto al que le llega
una breve visita de sus hijos,
que le endulza su frente evocadora
con el beso que sacia su añoranza
y le ilumina el ojo de su tedio.
Y no se queja Carmen, que se dice
que es una madre más, una de muchas
que se asoma al balcón de la distancia
con la imaginación, cofa de anhelos,
desde donde sus hijos la saludan
diciéndole: “Algún día, sí, algún día,
mamá, regresaremos para siempre”.
Se arroba ante el acuario de ese anhelo,
de que un día verá luz el retorno,
y aunque ella despierta bruscamente,
no deja que se escape la esperanza
de la caja de todas sus tristezas.
Mundos de Poeta
ISBN: 978-84-945808-1-9
Deposito legal: M-25114-2016
Título: El poeta canta la belleza y el drama
de los campos
que se quedan solos
Amo, oh campo, tus densos batallones de
árboles,
y el vello de la hierba que es tu menudo
césped,
pentagramas de surcos donde escriben las
lluvias
preñez de los barbechos en tu embarazo
agreste.
Mal ceño de la tierra, sed con lengua
amarilla,
te pone la sequía o el pedrisco otras veces:
boca seca es el campo, cielo no solidario,
que te clava en tu carne aguijones de nieve.
Vives como montando guardia junto a los
gallos,
junto al amanecer de claridad imberbe.
Que van quedando menos, que los jóvenes huyen
de este celo ancestral, en silencio lo temes.
Porque las nubes son las ubres de la tierra
y el agua que despeñan desde arriba es su
leche.
Bendita cuando cae, aunque sea metralla
de cuarzos blancos, voces que gritan
transparentes.
Sementeras encintas, la tierra se alboroza
lo mismo que se pueblan de vida las mujeres
cuando como los campos, cremalleras de surcos,
se ennoblece el terrón de su sangre en los
vientres.
Labrador de metal, buey que tartamudea,
tractor, siervo de gleba, torreta de las
mieses,
guillotina de herbajos, favor a brazos viejos
que cuando arrasa el tiempo se van volviendo
endebles.
Pero la vida apremia y el vivir, imparable,
hace que el campesino tanto entienda de
verdes,
y que arranque y que lave, que agaville y que
ensile
y que sea del campo, a su manera, orfebre.
Partos de vegetales, alcancía que estalla,
tesoros exhumados, naturaleza riente,
la cosecha es la danza inmóvil con que baila
el campesino, música callada sus trebejes.
Las bestias son la escolta de su agraz señorío
en el feudo cerrado por distancias inertes.
El sudor y la lágrima se emparentan y guardan
un álbum de memoria que olvidaran adrede.
Campesino, testigo de un álbum de estaciones
que va pasando páginas con logros y reveses,
es el que menos júbilo compensador recuenta
y es el que más sudores y horas al sol
invierte.
Todos en la ciudad realzan sus trofeos,
hartazgos de despensas, sin que nadie se
acuerde
que el labriego partea los frutos a la tierra
y es el que más la ama y quien mejor la
entiende.
Perdona, oh campo, a aquellos que pueblan la
calzada:
no saben que la tierra es arca que se muere.
Que, al menos, estas manos del labrador te
mimen
y su briega amorosa sea voz que te consuele.
Universo de Poeta
ISBN: 978-84-945808-5-7
Deposito legal: M-35534-2016
Título: María, inquilina de la soledad
María no está sola ni está triste,
que la acompañan las fotografías
de los hijos que lejos se le han ido
para buscar trabajo. Está María
querenciada al teléfono, soñando
con las llamadas de los que ella quiere,
de los que ella ha parido y ha criado
en una larga viudez de lucha
con armas de su celo y su fatiga,
y su corta pensión y medios días
en casa de señores de su barrio,
criada de una densa confianza.
Cuando llega la noche, en la cubierta
del barco de su casa, echa de menos
más que nunca a aquel bravo capitán
de su marido que se fue una tarde
con Caronte a su barca funeraria.
María es como un páramo de noche,
de tan frío que siente solitaria,
a bordo de un insomnio lento y largo
como una travesía interminable.
Pero María no está sola nunca,
que la acompañan miles de recuerdos
como abejas en torno a su panal.
María, madre de sus siete hijos
que se fueron al centro, al norte, lejos
para tener derecho a un pan honrado
y horneado con trigo del esfuerzo
en el horno que aviva la nostalgia,
mirada de emoción vuelta al pasado.
Amordaza María algunas veces
lágrimas clandestinas y fugaces,
pero mira el teléfono y sonríe
y las fotos la invaden de ternura,
le pueblan la memoria con escenas
de otros años, los días de mantel
reunidos a la mesa, el cuchareo
y la conversación desperdigada,
los sueños de los hijos, los trazados
de proyectos que fueron derruidos
por esos pies de la apisonadora
del paro en la ciudad en que ella vive:
la pequeña ciudad que se cobija
bajo el manto de tantas tradiciones
que alimentan su alma resignada
de ciudad de paredes centenarias,
huérfana de una industria que le llene
la boca hambrienta y honda de sequías
y las manos viudas de herramientas;
ciudad con sus herrumbres de rutinas,
alma osada ante el látigo del sino
que nunca pierde su sonrisa estoica
y es mordaza a la rabia domeñada
por un coraje de seguir viviendo
retranqueando siempre la tristeza.
María nunca llora ni está triste.
¿Quién dice que María vive sola?
¿No la acompañan las fotografías,
y, además del teléfono, su gata?
ALFORJA PREPARADA
Un día te
irás solo por calles de silencio,
el último
viaje, tu maleta de adioses,
andén el
infinito anocheciendo en frío.
ignorando
ese adónde sin rumbo ni palabras.
Tú mirarás atrás, a oscuras los que dejas,
de tu
presencia huérfanos, creciendo en lejanía,
las
lágrimas bordando pañuelos de recuerdos
ojos que
enlutará secreta la nostalgia.
Cruzarás la
frontera con el ayer al hombro,
el muro de
una incógnita nos robará tu sombra,
pero todo
el que parte lleva un candil de fe
que
alimenta un aceite de tenaz esperanza.
DE LECHO
DE VENUS A
BARCA DE CARONTE
Ahora, en este lecho en que soy ya pabilo
de un fuego que fue hoces para segar tu cuerpo
—compañera gemela de sequía y cosechas—,
trigal con que amasaba mis panes de ternura,
y viento olfateando lomas, desfiladeros
diminutos de tu portátil geografía,
maleza de cabellos y labios como arándanos;
mis manos eran garfios para abordar tu proa,
pirata que expoliaba tu mullido tesoro,
bucanero enfilando nocturnas travesías,
explorador de un mapa de cálida epidermis,
barbecho de la espera de tus blancos repechos,
surco de la emoción para siembra de un goce
donde araba mi amor con mi yunta de brío,
y fueron nuestros cuerpos cielos agavillados,
una efímera gloria con nimbos de almohada,
entusiasta penumbra con candor de aventura,
ensamblaje de anhelos, paralelos suspiros,
coincidentes las bocas, mellizas las palabras,
y alfar tu vientre luego, estuche de la
especie,
la fragua en la que ardieron el metal de los
hijos,
lecho como un islote que ensordecía voces
de tediosas jornadas a cuestas los deberes;
ahora que mi vida es ya chisporroteo
de una hoguera invisible y humo blanco de
sábanas,
despojos de un naufragio, orilla la almohada,
en que leños de amor calentaron vigilias,
insomnios que trenzaron tantas conversaciones
cual ojo del desvelo en cofa de la casa,
águila siempre en guardia de su nido
doméstico,
amada que me tiendes el dolor con tu mano
como red de las lágrimas que retener me
quieren;
ahora que ya soy punto y final en negro
de un dictado en que puso renglones el
destino,
existencia amputada con mueca de un
paréntesis,
viaje sin retorno, precipicio insalvable,
andén definitivo, maleta de abandono,
estación en que tienen un desván los adioses,
inquilino seguro de un feudo de silencios,
banquete de gusanos, prefacio a la ceniza,
raíz de los cipreses, cicatriz de un pasado,
al borde de la Estigia, barco varado el
lecho,
a punto de partir a sordas lejanías,
moneda el estertor que los labios me frunce,
peregrino que alza su cayado de angustia,
viajero que despliega callejero de sombras
con aljaba de flechas que al misterio
apuntaron,
soy aldaba que roza puertas de escalofrío,
y atraviesa mi copa tantas nieblas de dudas
para que en ella escancie un licor la
esperanza
que me aumente la sed de seguir existiendo,
que reme el infinito a pesar de Caronte.
PERSECUCIÓN
AMOROSA
Mis ojos te persiguen como ojos cetreros
que saltan de la alcándara de mi asombro
flotante.
Cuando llego a tu puerto, me paro ante tus
ojos
en los que ha naufragado mi navío de versos.
He caído en un círculo de palabras viciosas
que entretejen fonemas con afanes de arrullos.
¡Si yo pudiera atarte con miradas insomnes
y mimarte en mis brazos con blandura de
espigas,
me darías tus llaves, ciudadela obstinada!
De ahora en adelante te persiga mi sombra
para hacerse melliza de la tuya.
EL ALACRÁN
DE R.
(A M. N., que pasó por esa experiencia)
Sangre nutricia y acre tienes, mar, en verano,
vientre de las especies, ubre bronca de nubes...
Cuando con ella estuve a estribor de tus olas,
tú, mar, remota madre de todo lo viviente,
lengua inmensa de agua lamiendo litorales,
aldabón en las rocas, arañazos de agua
con uñas de salitre, nos diste tu hospedaje,
mansión de aves y vientos, y ella me sonreía
olvidando el terrible alacrán de su seno,
hidra bajo su piel, orgía de tentáculos
que le agujereaban los sueños destronados;
y tú, mar, con tu llanto bajo de los cantiles,
¿llorabas porque era aquel verano el último
en que ella, cautiva en su islote de pena,
dejaba que pusieses en sus pies los grilletes
de tu espuma y tus algas, escorada la tarde
en espera de entrar en las horas oscuras,
muy cercana la noche en sus carros de estrellas?
Pero ahora, el otoño, ladrón de
claridades,
látigo de los
parques, verdugo de las hojas,
expoliador de
árboles, féretro de la luz
encerrando a las
tardes en espesas neblinas,
hace de este contorno casa de la tristeza,
mansión abandonada por los gozos de estío
a la que enlutan pronto las adustas
penumbras;
y yo, a solas, conciencia fragmentada, reúno
pedazos de un ayer que rompió la desgracia
con sus manos de garfio, con su pico de buitre,
cizalla de presencias la muerte, va cortando
con su hoja de lágrimas las sombras de los vivos.
Llave que abre las lluvias, el otoño, me ha atado
a un poste de impotencia, mástil de evocaciones
de cuando los estíos eran predios solares,
feudos vacacionales con holganzas viajeras,
y juntos nos bañábamos en amplios resplandores.
Soy huésped de neblinas y anfitrión de recuerdos.
Por nieblas que divagan me pierdo algunas veces
como si me tiraran jirones de pesares,
con exilio a un pasado que a morir se resiste,
el muro que nos queda de veneradas horas,
luminosos entonces, cofre de evocaciones,
y se aferra con manos de una ardiente nostalgia
a los filos con musgo de años polvorientos,
que es, al fin, la memoria, desván de lo que ha
sido.
Sé, mar, que tu eres túmulo de brumas en otoño,
o estampida de olas si es dragón la tormenta...
Retornará el verano con sus pies encendidos,
bocanadas de ardor, con sus hoces de fuego,
y yo, como si fuese con ella, seré huésped
de nuevo en tu palacio de rumor malaquita.
Poemas editados en SIEMPRE POESÍA
RELOJ DEL MAR
Con tu entrega entre pinos y oleajes,
con la brisa estival de aquel verano,
con la ciudad borrosa en la distancia
y huéspedes los dos de aquel silencio,
a punto ya de naufragar la tarde
aferrada a sus pecios amarillos,
te me diste, hospedaje de una cala
donde el amor fundó su santuario,
y yo fui capitán de tus suspiros,
nave tu cuerpo hendiendo mis deseos.
Entonces supe lo que era la mar,
cómo lloraba y cómo se reía
por sus rezongos y por sus espumas
y era un reloj de horas, campanario
doblando en las orillas su tañido.
Me diste la mar como el más bello molde
del cuadro donde iría mi memoria
de la tarde, el pinar, los
oleajes…
La mar transfigurada por tus besos.
LETRAS COMO ESPADAS, RELOJ DE SOL
(2017)
Me sobrecoge el infinito
oscuro,
no me dará la
muerte escapatoria,
ensordezco el temor
por los que amo,
tengo un sueldo que
el mes devora a ciegas
y la ilusión, con
débil voz, me anima.
Me levanto a las
claras y confío
que mi optimismo
llegará a la noche.
Soy uno más de tantos que
atraviesan
la tierra, cada vez
más insegura,
uno más en el
múltiple hormiguero
del gris anonimato de la
prisa.
Sin embargo, me sé
privilegiado
porque, a pesar de
todo, te recuerdo
y entonces se me
olvida lo sufrido.
Llego a casa. Te escribo
algunas veces
cosas de ayer, de
cuando fuimos novios,
y te emocionas como
cuando un día
te supiste, por
fin, embarazada.
LETRAS COMO ESPADAS III CERTAMEN
LETRAS COMO ESPADAS III CERTAMEN
con metralla en las nubes
TU CONCURSO LITERARIO, EL COLOR DEL
INVIERNO (2018)
QUEJA DE UN FRAY LUIS DEL
SIGLO XXI
“Aquí la envidia y
mentira”*
Feliz aquel que ha volado
y a otro lugar se ha
marchado,
porque, por fin, ha
triunfado.
*Verso de Fray Luis de León
MUNDO ESCRITURA, MINIPOEMAS, MELGAR (2017)
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